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| Transigir y pactar |
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Rodolfo Echeverría Ruiz
El Universal Viernes 07 de julio de 2006 |
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H a llegado el momento de la marcha unida. Atrás quedan ahora las posiciones irreductibles y la retórica coyuntural. Desde el comienzo del mundo la política es el arte del acuerdo entre los antagonistas, la técnica de la negociación con los adversarios. Los mexicanos exigimos a ganadores y a perdedores conductas maduras y desempeños racionales. Alentadoras -alertadoras-, las urnas, críticas y desconfiadas, instintivas y muy concurridas, decidieron repartir el poder de manera estrictamente equilibrada. Nadie se llevó todo. Cada fuerza obtuvo mucho. Ninguna podrá conducirse con triunfalismo o soberbia. Están condenadas a entenderse y a proceder con humildad a la vista de sus exiguas ventajas frente a los inmediatos competidores. Con una muy alta participación (60%), acudieron a las casillas 41 millones de electores. De ellos, 27 millones -¡una mayoría de 66%!- no votó por el candidato ganador. En consecuencia, quien se alce con el apretadísimo triunfo oficial habrá recibido dos votos en contra por cada uno de los emitidos en su favor. Consideremos, además, el casi un millón de votos nulos: no fueron abstenciones negligentes sino expresión de rechazo explícito a los candidatos. Las cifras y los hechos son insoslayables. Inmenso tema para la fría reflexión. Cada partido tiene una grande, ineludible cuota en la tarea consolidadora de la convivencia mexicana. Es el momento de incinerar mitos e intolerancias. Transigir, ser flexibles: eso demanda el país a sus dirigentes. Buscar concordancias, engarzar coincidencias, ampliar la zona de los acuerdos en lo fundamental. Quien negocia con probidad y talante deportivo y democrático no capitula: hace posible la vida en común al amparo de las leyes. La convivencia supone la fértil complejidad creadora de derecho. Descubrir lo complejo equivale a descubrir lo real. Reivindicatorio de los intereses de la mayoría popular, el inaplazable cambio ha de operarse sin demora, pero con cautela, y en ejercicio pleno de las libertades ciudadanas. La estabilidad política es la infraestructura capaz de hacer posibles las tan aplazadas reformas sociales. Hagamos de los recientes comicios el triunfo del diálogo y las victorias de la política y de la institucionalidad republicana. Interpretémoslos como ejercicio de racionalidad crítica y comprensión lúcida de las posiciones de cada quien. De las urnas del domingo nace la obligación de razonar y encontrar coincidencias, pactar con decoro, coordinarse de manera talentosa y elegante. Las mayorías absolutas ya casi no existen en el mundo. Las sociedades plurales -la nuestra lo es en grado superlativo- son alérgicas a aquellas e instan a los adversarios al compromiso honorable y a una cultura del pacto: reclaman moderación a cada uno de los actores. El país no acepta a los extremistas. Tiempo de la gran política. Es misión inesquivable de las fuerzas contendientes pasar de las palabras incendiarias a los hechos cauterizadores. A partir de hoy, con la mirada puesta en los próximos meses de septiembre y diciembre, están comprometidas a conjugar y articular las agendas del Ejecutivo y del Legislativo. Esa imprescindible tarea afianzará la paz interior, la estabilidad política, el crecimiento económico, el futuro de la República. De cara a la sociedad, y cuanto antes mejor, deberán reunirse los líderes de cada partido a fin de iniciar trabajos específicos destinados a la elaboración negociada de un programa y de un calendario compartido de acciones y tareas concretas, ejecutivas y legislativas, concebidas para tranquilizar al país entero y a los inversionistas de dentro y de fuera. De ese modo se garantizará la estabilidad política y económica, financiera, social y emocional de México. Analista político
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