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| Voto útil ¿Voto en contra? |
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Jacqueline Peschard
El Universal Martes 27 de junio de 2006 |
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Al acercarse los cierres de campañas presidenciales, los candidatos delanteros empezaron a apelar al llamado "voto útil". Tanto los promocionales de Felipe Calderón como los desplegados de la dirección nacional del PRD llamaron a los indecisos y a quienes no están enmarcados en esas dos opciones a que voten, pero no por un proyecto o por una oferta política, sino en contra de su contrincante más fuerte. El "voto útil" es en realidad un voto estratégico que implica sacrificar la opción con la que un elector se identifica por razones ideológicas, por lealtad partidaria o por simple simpatía hacia un candidato, en aras de impedir el triunfo de otro contendiente. Se trata de un voto reactivo, más en contra que a favor, que privilegia cierto objetivo electoral, por encima de la opción de preferencia. Para que prospere el "voto útil", es necesario que en el marco de un sistema pluripartidista logren identificarse dos candidaturas punteras, entre las cuales muy probablemente se decida el resultado, dejando a las demás sin posibilidades reales de disputarse el triunfo. Es ahí en donde encaja la idea de abandonar el voto de preferencia e inclinarse pragmáticamente por un voto a favor de quien está en posibilidad de frenar la victoria de aquel que más se rechaza. Es perfectamente válido que los ciudadanos decidan votar en contra, más que a favor de alguien, lo que resulta lamentable es que sean los propios candidatos que están adelante en las encuestas quienes llamen al "voto útil", dejando atrás la promoción de sus proyectos que es lo que, en principio, los distingue y sustenta. No es una invitación que busque convencer de las bondades de una propuesta, sino que la minimiza, la desplaza a segundo término para llamar la atención sobre el contrario. Hay que reconocer que existen razones para que prospere el "voto útil". Lo excesivamente prolongado de las campañas presidenciales y su fuerte mediatización; lo cerrado de la competencia; la fuerte polarización entre dos candidatos que no deja espacios siquiera para aquilatar planteamientos alternativos y, desde luego, el tipo de sistema electoral y de partidos que tenemos preparan el terreno para un voto útil y en contra. Nuestro sistema electoral mixto permite que diferentes partidos accedan a una parte de la representación política en el Congreso, siempre que alcancen 2% de la votación emitida, es decir, se acomoda bien al sistema multipartidista que tenemos, pero esta fórmula venturosa que hace posible que todos ganen algo, no se aplica para los cargos de elección unipersonales, como el de la Presidencia, sobre todo cuando existe una sola vuelta electoral. Esto explica por qué al inicio de las campañas, cuando la ventaja de López Obrador era amplia, la batalla se centró en la conquista del segundo sitio, para desde ahí atraerse los votos de la tercera fuerza. Una vez perfilados dos delanteros, parecía natural que se pensara en el "voto útil" de parte de los indecisos o de quienes se identificaban, en este caso, con el PRI, ubicado en tercer lugar. Es cierto que las encuestas están jugando el papel de la primera vuelta presidencial, pues independientemente de las diferencias entre las casas encuestadoras, la tendencia general que se dibuja es que la competencia está básicamente entre dos contendientes. Es aquí en donde parece necesario retomar el tema de la segunda vuelta presidencial, y no porque sea necesaria una votación de mayoría absoluta para legitimar el triunfo de un candidato. El 42% de la votación de Fox en el 2000 demostró que una mayoría relativa es suficiente para que una victoria sea reconocida como válida y legítima. Hoy, la segunda vuelta parece recomendable para que las campañas pongan el énfasis en los contenidos de las propuestas y que los ciudadanos puedan expresar sus preferencias partidarias abierta y libremente y sólo en una segunda ronda se acomoden alrededor de las dos candidaturas más respaldadas. Esta es la primera ocasión en que la dinámica de la campaña presidencial no se centra en el movimiento en contra del gobierno y su partido, sin embargo, el llamado al voto reactivo ha vuelto a colocarse en un lugar central, marginando la discusión sobre los planteamientos concretos. Habrá que trabajar para abrirle paso al despliegue y discusión de las diferentes ofertas políticas. Profesora de la FCPyS de la UNAM
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