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Palabra de mujer
Jacqueline Peschard
El Universal
Martes 16 de mayo de 2006


Los relatos de las extranjeras que presenciaron los enfrentamientos violentos en San Salvador Atenco, sobre el maltrato que recibieron de parte de las policías estatal y federal, no sólo son indignantes, sino que reclaman una urgente investigación y, eventualmente, un castigo ejemplar para los culpables.

De acuerdo con sus testimonios, cuatro extranjeras, reporteras, antropólogas o fotógrafas, fueron detenidas, golpeadas y hasta ultrajadas antes de ser deportadas a sus respectivos países. Adicionalmente, según las cerca de 23 denuncias por agresiones sexuales, presentadas y ratificadas por las propias víctimas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, éstas fueron infringidas en el trayecto de Atenco al penal de Almoloyita, que dura entre tres y cuatro horas, y en el que no hubo testigos.

Nadie se atrevería a negar que estos atentados a la integridad física de mujeres deben ser rápida y puntualmente investigados, y no porque las acusaciones sean "palabra de mujer", pues pretender que las mujeres siempre dicen la verdad sería absurdo y hasta ingenuo, sino porque la gravedad de los agravios, las violaciones a derechos fundamentales que se cometieron y, desde luego, el hecho de que se trate de un sector de la población que ha padecido históricamente de desigualdad, sobre todo en el acceso a la justicia, obligan a una respuesta ejemplar de la autoridad.

Justamente porque los abusos se cometieron en contra de un sector vulnerable, se requiere de una atención especial y de una averiguación escrupulosa.

La "palabra de mujer" tiene en la actualidad una fuerte connotación simbólica, quizás porque surge como contraparte a la tradicional cultura machista, en la que la "palabra de hombre" invoca la determinación, la valentía, el compromiso con lo que se sostiene y que va asociado a la virilidad. De acuerdo con ella, la opinión de las mujeres está subvaluada, cuando no vista como intrascendente, pues se considera como poco confiable al provenir de personas sin juicio propio e independiente del hombre.

Hoy, que la "palabra de hombre" ha sido tantas veces empeñada y tantas veces traicionada, hablar de "palabra de mujer" no es sólo un buen lema de campaña política para subrayar principios, sino una llamada a rescatar el valor de las declaraciones, de los pronunciamientos, en fin, para dotar a la palabra de sustancia, de compromiso.

¿Cómo leer la "palabra de mujer" en los hechos violentos y reprobables de Atenco?

La lectura casi obligada es la de una exigencia de mayor atención a su particular reclamo, precisamente porque todavía las mujeres no estamos en pie de igualdad, porque como bien dijo hace unos días Marta Mauras, secretaria de la CEPAL, "la violencia contra la mujer tiene un alto umbral de tolerancia social" y, en su opinión, ello se debe a la desigualdad social y de género que subsiste y a los escasos recursos públicos que se asignan para combatirla. Es cierto, la sensibilidad respecto de las dolencias y los agravios femeninos está menos desarrollada en nuestras sociedades y por ello se ignora o no se hace consciente el maltrato a las mujeres.

¿Es posible pensar que haya existido manipulación en las declaraciones, tanto de las extranjeras como de las nacionales? ¿Puede ser que las denuncias sean infundadas y que se quiera aprovechar la alta valoración del reclamo de género para fomentar la descomposición política existente?

Las denuncias de mujeres ni son sagradas, ni pueden ser impunes porque caerían en aquello que reclaman; deben ser sometidas a las mismas exigencias de cualquier otra acusación. Pero, en principio, la gravedad de las quejas obliga a que haya una respuesta contundente de la autoridad. Las acusaciones de las mujeres no fueron genéricas, ni se ocultaron bajo el manto del anonimato. Valentina Palma Novoa, la estudiante chilena, ha descrito con detalle su detención arbitraria, las lesiones que le provocaron y las revisiones médicas a las que la sometieron, antes de finalmente ser expulsada del país. Su testimonio es "palabra de mujer".

Esta misma semana, la CNDH deberá presentar su informe sobre las denuncias de las agresiones sexuales que se presume fueron cometidas por las fuerzas policiacas en Atenco. Hoy que nuestro país ha sido elegido miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU es ocasión propicia para que haga honor a esa distinción en nuestro propio territorio.

Profesora de la FCPyS de la UNAM



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