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La unidad de Latinoamérica
Editorial de EL UNIVERSAL
El Universal
Sábado 13 de mayo de 2006


Durante la cuarta Cumbre América Latina-Unión Europea, que se celebra en Viena, Austria, quedaron de manifiesto las diferencias ideológicas y políticas que enfrentan a países de nuestro continente, como por ejemplo a México y Venezuela, cuyos jefes de Estado expresaron puntos de vista divergentes en torno a temas comunes, principalmente los relacionados con el modelo económico.

Por supuesto, las naciones del continente americano no son un ente monolítico y homogéneo, sino un conjunto vivo de sociedades diversas y actuantes. No es de esperarse, por lo mismo, uniformidad de criterios. Aun así, todo parece indicar que las naciones de este continente estarían en condiciones de hacer un mayor esfuerzo de integración a la hora de enfrentar reuniones como ésta, donde lo que se hace es negociar en bloque intereses de todo tipo, para no quedar fuera de las corrientes mundiales de comercio y política.

El propio ejemplo de conformación de la Unión Europea es paradigmático de lo que se puede hacer en materia de unidad de intereses pese a la diversidad de sus pueblos. De hecho han logrado avanzar como un todo, pese a que las condiciones socioeconómicas de cada nación de ´la vieja Europa´ son mucho más diferentes entre sí -incluso opuestas- que las que hay entre los países de América Latina, donde compartimos valores culturales y sociales mucho más homogéneos que allá.

Por eso es importante que en nuestros países se valore la necesidad de anteponer a las diferencias políticas -muchas veces personales y hasta circunstanciales- la unidad continental, como una herramienta de ayuda, que nos haga fuertes frente al resto de bloques mundiales que sí se han sabido organizar y sacar provecho de sumar sus coincidencias y subordinar a este interés, sus diferencias. Estados Unidos, China, la Unión Europea, los países asiáticos y, más recientemente, las naciones árabes, han sabido incrementar su peso específico en el panorama internacional gracias a que dejan sus diferencias como un asunto doméstico, pero se unen como bloque a la hora de las negociaciones.

En América Latina debemos tomar esos ejemplos, estar unidos y no incurrir en maniqueísmos simplistas que dividen a los países de la región en ricos y pobres, neoliberales y populistas, buenos y malos. De no lograr el punto de equilibrio en esta materia, corremos el riesgo de ser presas fáciles del resto del mundo.

El ideal bolivariano -o como quiera llamársele- de integración continental es vigente pese a los cíclicos enfrentamientos que se dan entre países, tan naturales como los que suceden todos los días en cualquier sociedad o comunidad humana. Requerimos más inteligencia y menos ideologización, para hacer de América Latina una zona de influencia capaz de hacer oír su voz y obtener ventajas de las otras naciones, que no podremos jamás alcanzar si llegamos desunidos y enfrentados a reuniones como la de Viena.

Nunca es tarde para ubicar en su justa dimensión los problemas internos de Latinoamérica y subordinarlos al interés general de obtener prosperidad para nuestros pueblos. Compartimos cultura, idioma, condiciones socioecnómicas, riquezas naturales, talento negociador, entre otras cosas; aprovechémoslo en favor de nuestros países.



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