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| Familia incómoda |
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Ana María Salazar
El Universal Viernes 31 de marzo de 2006 |
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NUNCA es tarde para los candidatos a la Presidencia y de otros puestos de elección popular sentarse con sus familiares y amigos cercanos y tener lo que es una difícil e incómoda conversación. ¿Cuál es el contenido de este diálogo? El candidato y los futuros gobernantes tienen que sentarse con su familia y amigos y delinear claramente, el escrutinio público que tendrán que enfrentar por su cercanía con el candidato. Y la segunda parte de esta conversación sería cuál deberá ser su comportamiento, especialmente si el candidato sale electo. En los últimos seis años, los familiares y afectos cercanos de los gobernantes han sido sometidos a un enorme cantidad de escrutinio público, particularmente por los medios de comunicación. De vez en cuando, surgen voces que argumentan la injusticia de usar información de la vida personal de los familiares y amigos como armas para atacar a los candidatos y gobernantes. Un ejemplo interesante fue cuando el candidato a la Presidencia, John Kerry, mencionó durante un debate televisivo que la hija del vicepresidente, Cheney, es lesbiana. Hubo un alarido de protestas por parte de la bancada republicana y del vicepresidente atacando a Kerry, por involucrar aspectos personales de los familiares para atacar a George W. Bush. El equipo de campaña de Kerry respondió que lo que se quería subrayar con tales comentarios es la incongruencia y la hipocresía de la posición republicana en contra de los gays y los matrimonios homosexuales cuando, en el mismo hogar de uno de los candidatos, sus propuestas tendrían un impacto discriminatorio. ¿Fue correcto lo que hizo Kerry? Todo depende de la óptica política. Pero lo que sí subraya este ejemplo es cómo la vida familiar y el contorno de amistades se pueden usar para subrayar inconsistencias en las propuestas de los candidatos y los gobernantes. No sólo puede y debe el electorado evaluar la credibilidad de un candidato, sino también es válida la osculcación de los que los rodean. ¿Cómo puede un candidato hablar de que luchará en contra de los corruptos, si uno de sus familiares tiene riquezas inexplicables? Si un candidato está en favor del estado de derecho y va a atacar la impunidad rampante, ¿con qué cara puede afirmar eso si los que lo rodean han sido intocables por la justicia? Hoy, más que nunca, el comportamiento de la familia y amigos cercanos de los gobernantes se considera no sólo extensión de un estilo de liderazgo, sino factores que nos llevan a anticipar qué tipo de gobernantes serían si fueran electos. De nuevo, tal vez es injusto, porque nadie tiene familiares perfectos. Pero también los gobernantes tienen que reconocer, aun siendo candidatos, que uno de sus flancos más débiles es la familia. Ya sea durante las campañas, o cuando están en el poder, el escrutinio del público y de los medios de comunicación puede ser brutal y puede ser hasta injusto. Pero esto ya es una realidad. Y por eso tienen los candidatos y los gobernantes que preparar a sus allegados ante este tsunami de ataques personales. El poder enloquece. El poder absoluto enloquece absolutamente. Esto era un problema no sólo de los presidentes y otros gobernantes, sino de sus familiares. Y ahora, que sale a la luz la cantidad de barbaridades que se les permitió en el pasado a los presidentes y a sus familiares, con más razón se deben crear mecanismos de transparencia para que esto no vuelva a suceder. Y tiene la sociedad el derecho de exigir compromisos que aseguren que no se vuelvan a repetir estos abusos de poder. En este sexenio, el legado del Presidente será manchado por el comportamiento de personas allegadas a él. Lo que no han entendido el Presidente y los gobernadores, y los que rodean a éstos, es que no sólo deben actuar dentro del marco de la legalidad, sino que su comportamiento tiene que ser dentro del marco de lo que es ético y moral. De lo contrario enfrentarán enormes críticas y suspicacias por parte de los medios de comunicación. Me explico: cuando la primera dama porta un traje de 15 mil pesos de marca extranjera, se tiene que asumir que se enfrentarán críticas por parte de los medios de comunicación y de la oposición. No porque sea ilegal la portación de tal traje, sino porque la pregunta obligada es: ¿esto es ético o moral en un país en donde existe extrema pobreza o que urge promover la industria nacional? Cuando un familiar del Presidente o de un gobernador incrementa dramáticamente su fuente de ingreso durante el sexenio de su familiar, tiene que asumir que habrá una persecución legal, además de política. Y ni hablar, si un familiar o amigo usa su cercanía al mandatario para llevar a cabo ilegalidades, se tiene que asumir que lo perseguirán los medios de comunicación, la oposición y hasta la justicia. Esta es la nueva realidad política en México de ahora en adelante. Tal vez no se les castigue, pero sí los incomodarán. Por esta razón hay que preguntarles directamente a todos los candidatos si ya hablaron con sus allegados advirtiéndoles que no sólo no robarán y no abusarán de los cargos públicos, sino que deberán llevar una vida discreta y de bajo perfil. De lo contrario sufrirán y mucho. ¿Será que esta conversación se dificulta porque los candidatos también tendrán que comprometerse a no robar y a no abusar? salazaropina@aol.com Analista política
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