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Del monopolio a la política
Ricardo Pascoe Pierce
El Universal
Miércoles 29 de marzo de 2006


EL debate público-electoral en torno a la posible aprobación de modificaciones a la Ley Federal de Radio y Televisión, junto con una esgrima verbal reciente entre Guillermo Ortiz y Carlos Slim referente a los monopolios públicos y privados, abre el horizonte al verdadero problema. Esto es, el papel del monopolio económico en la vida de nuestro país a través de la política. Y nos refiere, además, a la hipocresía de algunos actores políticos. En este debate, el papel del Partido de la Revolución Democrática es particularmente hipócrita y deliberadamente engañoso. Concretamente, a través de su práctica verbal y como gobernante, Andrés Manuel López Obrador demuestra un doble juego que equivale, en los hechos, a una política de dos caras diseñada para engañar a los incautos. Al parecer, existen varios de estos últimos.

Ataca al Fobaproa como una expresión no sólo de la consolidación del monopolio financiero en México, aunado a la corrupción, sino también como la expresión nítida de la alianza inconfesable entre la clase política y la económica. Es su versión de la alianza de "los de arriba" para controlar al país en contra "de los de abajo".

Sin embargo, no actúa en consecuencia, ni él ni su fracción parlamentaria. Cuando a sabiendas de que las modificaciones a la Ley Federal de Radio y Televisión pudieran favorecer grandes intereses, Pablo Gómez, por instrucciones de López Obrador, instruyó a la fracción parlamentaria del PRD a votar en favor de las modificaciones en la Cámara de Diputados, y no se ha retractado. Ni siquiera el candidato ha dicho, con toda claridad, estar en contra de las modificaciones. Finge sostener una posición, cuando en realidad tiene otra.

Es más, como gobernante promovió los negocios de los grandes monopolios, tanto de Televisa como de Carlos Slim y las empresas constructoras. Ha apoyado el desarrollo de unos monopolios, mientras se lanza en contra de otros. No asiste a la reunión de Banamex pero envía un portavoz para decir, en lo oscurito, que lo del Fobaproa es bandera de campaña, pero que él sabe que es un asunto cerrado.

El doblez es su característica fundamental. Mientras dice promover políticas públicas de beneficio social, en realidad promueve acciones tendientes a la mayor concentración de la riqueza en pocas manos. Su supuesto fundamental es que es más astuto que todos y que nadie se va a percatar de su engaño, alcanzando así el acceso al poder.

Privatizó espacios públicos en grandes extensiones para beneficio de monopolios privados. El zócalo capitalino, espacio público por excelencia, es hoy un negocio privado, cedido a Televisa para su provecho particular por el gobierno de AMLO. Los eventos que realiza la televisora en ese lugar tienden a promover la despolitización y enajenación de los jóvenes. Ese es el proyecto cultural del gobierno "de izquierda" de López Obrador. No tiene nada que ver con el desarrollo del pensamiento crítico ni con el estímulo a la participación social o política de los chavos. Su proyecto cultural tiene que ver con las ganancias de Televisa, con El Chavo del 8.

El centro histórico y sus inmuebles, incluyendo desalojos forzosos de los ocupantes de ciertos edificios por la autoridad capitalina, fueron entregados a la especulación privada de Carlos Slim para hacer un jugoso negocio. Detrás de él se encontraba la mano que mece la cuna de las ganancias: López Obrador. Lo mismo se hizo con el Sheraton Alameda, cuyo dueño es promotor económico de la campaña presidencial del PRD.

La adjudicación directa de las obras de construcción de los segundos pisos se hizo para evitar la "democracia" de las licitaciones públicas. Y también para beneficiar a los constructores que pudieran aliarse a la causa perredista.

Es cierto: apoyar a los monopolios desde el poder crea alianzas políticas inconfesables. En eso estoy de acuerdo con López Obrador. Pero reconocer este hecho no justifica el servilismo oculto en el velo simbólico de una imagen socialmente sustentable.

Creo que el último gran arquitecto de las alianzas entre poder y dinero en nuestro país fue Carlos Salinas de Gortari. Y empieza a ser dolorosamente patente que su aparente detractor, Andrés Manuel López Obrador, es en realidad su discípulo más aventajado. Esto abre la veta más interesante del asunto.

De quien más despotrica López Obrador es de Salinas. Sin embargo, este performance lo hace para poder, a trastienda, emular sus políticas. Al que más desprecia es a quien, en realidad, asume como maestro y guía. Es por ello que se ha rodeado de salinistas. Porque en realidad comulgan profundamente con el mismo proyecto político, la misma visión de la vida y comparten el mismo método: el del engañabobos.

El proyecto político de López Obrador es la redefinición, bajo sus términos y condiciones, de una nueva alianza entre "los de arriba", siendo él mismo el "arquitecto" del acuerdo. La única manera de lograrlo ante la sociedad era hablando supuestamente en nombre de "los de abajo". Como siempre, el método del doble discurso y del engaño es fundamental para lograr sus objetivos. Hitler hizo lo mismo. En nombre de los desposeídos de su país, pactó un acuerdo de crecimiento económico del Estado alemán con los grandes monopolios alemanes. De ahí el negocio de la guerra.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político



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