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| La paja en el ojo |
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Víctor Martínez Bullé Goyri
El Universal Martes 28 de marzo de 2006 |
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CADA vez con más frecuencia encontramos en los medios de comunicación señalamientos y acusaciones sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país, provenientes tanto de organismos internacionales como de grupos civiles, e incluso pronunciamientos oficiales de otros países, como los que periódicamente realiza el Congreso de Estados Unidos. La reacción más común en estos casos es tomarlos como una intromisión extranjera en la vida nacional, para de inmediato proceder a su descalificación con afirmaciones como que son falsos y están fundados en información parcial e incompleta, que quien los realiza carece de calidad moral para hacerlos, pues en su país también hay graves violaciones, etcétera. A nadie nos gusta que nos señalen nuestros errores y defectos, y resulta normal que en ocasiones tengamos la piel muy sensible, especialmente cuando los señalamientos vienen del vecino del norte, con el que nuestra relación cotidiana está cargada de complejidades. Es verdad, además, que en muchas ocasiones las críticas tienen una intención distinta de la que expresan, pues los derechos humanos son un tema que con facilidad se politiza y lo usan los países para golpearse entre sí; la misma Organización de las Naciones Unidas no ha sido ajena a este problema, como lo reconoció su secretario general con la propuesta de reforma a la institución. No obstante, no debemos olvidar que vivimos en un mundo cada vez más interrelacionado, en el que los derechos humanos son un tema central en la conformación de la comunidad internacional, en tanto que acreditan el desarrollo moral de los países y su vigencia es necesaria para su plena integración a la comunidad. El problema está en distinguir cuando un señalamiento tiene tintes intervencionistas o de descalificación de un país con fines distintos, y cuando se trata de una actuación normal de la comunidad internacional. En el caso de nuestro país, pensamos que el problema de la vigencia de los derechos humanos debe ser preocupación fundamental de nosotros mismos, y que antes de buscar la paja en el ojo ajeno cuando somos objeto de este tipo de señalamientos, debemos buscar lo que tienen de cierto, las deficiencias reales en la vigencia de los derechos humanos entre nosotros y poner los medios para corregirlas, no para dar gusto a la opinión internacional, a un determinado país, o incluso para cumplir con los compromisos asumidos con la suscripción de tratados, sino por propio interés, por convicción en la necesidad de la vigencia de los derechos humanos como un medio necesario para el desarrollo personal y la convivencia social. Por desgracia, en México en muchas ocasiones los derechos humanos se quedan sólo en el discurso, muchas veces encubridor de actitudes profundamente autoritarias; por eso frente a los señalamientos de violaciones, la autoridad responde generalmente con desprecio al tema. En el último informe anual del presidente de la CNDH ante el Ejecutivo federal, el Presidente de la República dejó que la respuesta al mismo la diera el secretario de Gobernación, en un claro intento de minimización del tema y de la institución. Que los derechos humanos no es un tema que preocupe especialmente a nuestros políticos, a pesar del discurso en el que se les incluye, nos lo refleja su ausencia en las campañas políticas, donde sólo aparecen aisladamente en declaraciones para embellecer los discursos, pero con ausencia total de propuestas en sus programas. Si bien en México podemos decir que hemos avanzado mucho en los últimos años en el desarrollo de una cultura de los derechos humanos, especialmente en la formación de conciencia social sobre el tema, y hoy tenemos una sociedad que exige el respeto a sus derechos, también es verdad que seguimos teniendo grandes obstáculos y carencias para que todos los mexicanos puedan disfrutar plenamente de sus derechos. Entre los grandes obstáculos se encuentra la corrupción en el servicio público, que va desde la solicitud de la dádiva para permitir la violación de la ley y evitar la sanción, hasta la falta de preparación y responsabilidad para el desempeño de la función pública, que por desgracia seguimos encontrando en todos los ámbitos de la administración, con lo cual la procuración y la administración de la justicia se convierten en espacio cotidiano para la violación de derechos humanos, y los programas de atención social y lucha contra la pobreza pierden su eficacia. La corrupción es causa además de la impunidad, tal vez el peor enemigo de los derechos humanos, que se expresa en la ineficacia de la autoridad en la persecución y sanción de los delitos. La autoridad se autojustifica argumentando el crecimiento de la delincuencia organizada por impulso del narcotráfico; sin embargo, la misma impunidad e ineficacia la encontramos en la delincuencia común, y lo que es más grave, en la voluntad y capacidad de sancionar a los servidores públicos señalados como violadores de derechos humanos. La pobreza es otro de los grandes obstáculos para la vigencia de los derechos humanos, pues por principio un país donde la pobreza alcanza a 50% de la población significa que la mitad de sus ciudadanos no tienen satisfechas sus necesidades más elementales, sus derechos económicos, sociales y culturales, y por lo tanto se encuentran en incapacidad para hacer valer sus derechos humanos en general. Frente a esta problemática, la respuesta ha sido siempre el desarrollo de programas asistenciales, pero no la construcción de derechos. Por último, un tema que afecta gravemente a la posibilidad de vigencia de los derechos humanos, nos referimos a la consolidación de la democracia, pero no sólo en los procesos electorales sino en la vida cotidiana de las instituciones públicas, que la actuación de los servidores públicos se someta a la ley y a la voluntad e intereses de la sociedad y no de sus grupos o partidos. Es un hecho que la situación de los derechos humanos en nuestro país seguirá siendo observada desde el exterior, e incluso tal vez con mayor intensidad y no siempre con buenas intenciones; nuestra actitud frente a esto creemos que debe llevarnos a asumir la vigencia de los derechos humanos como tema central de nuestra vida social y política, a remover los obstáculos y superar las carencias, antes que preocuparnos por buscar la paja en el ojo ajeno. vmmbg58@hotmail.com Investigador-IIJ-UNAM
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