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| Problemas con el género |
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Francisco Valdés Ugalde
El Universal Domingo 12 de marzo de 2006 |
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L 8 de marzo se celebró una vez más el Día Internacional de la Mujer y la Niña. Hay motivos para celebrarlo y también para reflexionar. Aunque aún se está lejos de que la mujer ocupe realmente un nuevo lugar en la sociedad que corresponda a los valores de la equidad de género, los avances son grandes y, quizás, irreversibles. El mayor motivo de celebración es la enorme transformación que ha significado la liberación femenina del yugo masculino y sus prejuicios concomitantes. Este proceso ha dado lugar a cambios sin precedente en la historia. Quizá más trascendentes que los de cualquier otra revolución moderna, pues este esfuerzo por la equidad, empeñado por la mitad de la humanidad, es uno de los más fuertes impulsos intencionales de los que se tenga memoria. El primer gran logro ha sido la igualdad de condición, es decir, el reclamo de ser consideradas en los mismos términos que los varones en la esfera de los derechos. Esta exigencia tiene dos lados. En términos de la filosofía política, un lado restrictivo es la especificación de actos que otros (varones, en el caso) no tienen derecho de llevar a cabo como, por ejemplo, tomar ventaja de su condición regularmente superior en fuerza física y dominio expreso del entorno económico, político y social. El otro lado, el positivo, consiste no en detener o reducir la esfera (ilegítima) de acción del varón combatiendo la opresión y el confinamiento, sino en ampliar la propia: igualdad en la familia, en el acceso a la educación y al trabajo, al espacio público, a la política y a la cultura. La combinación de ambos efectos ha transformado en gran medida la faz del mundo. En los países donde este movimiento ha ido a la vanguardia y se han institucionalizado los logros de las mujeres, se ha multiplicado la riqueza social, la calidad de la vida ha mejorado, la cultura se ha enriquecido, la política cuenta con brillantes contribuciones que de otro modo no se habrían presentado. Uno de los más destacados beneficios de la transformación del papel de la mujer ha sido en el plano del desarrollo social. Si bien los más llamativos (y publicitados) logros del cambio en la equidad de género se manifiestan en la esfera profesional, científica y cultural, es en el nivel de las clases más necesitadas donde se producen los cambios más significativos y radicales. Cuando las mujeres que pertenecen a los estratos menos favorecidos de la población se incorporan a actividades económicas de las que permanecían alejadas debido a usos y costumbres opresivos, cambia significativamente su condición y la de su prole. Sea porque las parejas nucleares se han roto o por necesidad de incrementar el ingreso familiar, cuando las mujeres entran a los mercados de trabajo, desarrollan actividades en las que anteriormente no participaban y mejoran relevantemente el ingreso familiar. De hecho, este fenómeno ha motivado en buena medida nuevas formas de la estadística. Conforme se descubren y generalizan modalidades de medición del desarrollo social, la observación de la segmentación de género en los mercados laborales se torna relevante. De hecho, los índices de desarrollo humano y social toman en cuenta la condición social y laboral de las mujeres y los niños como indicador fundamental. El grado de escolaridad, la salud y, en general, el acceso a los bienes públicos facilitados por las políticas sociales, se han vuelto cruciales para valorar la calidad del desarrollo. Sin embargo, a pesar de los avances que han adquirido carta de ciudadanía en los países desarrollados y en los sectores "modernos" de los países de desarrollo medio, la condición de las mujeres y las niñas deja mucho que desear. Aún persiste la explotación del trabajo infantil. La marginación de las mujeres adultas por parte de los varones sigue siendo la nota predominante en el mundo global. La violencia contra las mujeres es hoy más visible y, por ello, combatible, pero sigue siendo una nota omnipresente. El tráfico de niñas y niños, así como de mujeres adultas es un crimen que sigue siendo practicado. Más aún, hay situaciones y lugares donde existe, literalmente, esclavitud que afecta con particular gravedad a niñas, niños y mujeres, aunque toca también a los hombres. Por si no fuera suficiente el señalamiento de estas lacras, también hay que hacer notar que el nuevo rol de la mujer incide en su mayor participación en actividades que dejan mucho que desear, como el crimen organizado o la guerra. Ello evidencia la obviedad de que el cambio de la condición de un género no implica necesariamente que su nueva incidencia sea toda benéfica o sólo de carácter positivo. No hay duda que ha quedado atrás el prejuicio popularizado por Alejandro Dumas y sintetizado en la frase "cherchez la femme", con la que se quería decir que detrás de un problema hay seguramente una mujer. El sentido implícito era que buscar a la "mujer" detrás del problema equivale a identificar una causa que debe ser eliminada. Afortunadamente, hoy en día, las mujeres son, sobre todo, parte de la solución, parte indispensable de la deliberación pública y privada con que los humanos hacemos frente al mundo. ugalde@servidor.unam.mx Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM
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