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Volver al partido único
Gabriel Székely
El Universal
Miércoles 01 de marzo de 2006


POR supuesto que las encuestas son sólo una imagen de lo que piensa la gente el día de hoy, y que por tanto sus preferencias en los cuatro meses que restan para los comicios presidenciales pueden variar en cualquier dirección. Pero también es posible y útil construir desde ahora escenarios si la fotografía de febrero fue muy similar a la que se repite, desde hace muchos meses, con el candidato del Partido de la Revolución Democrática al frente.

¿Qué impacto tendría sobre el PRI y el PAN despertar el 3 de julio con una victoria de López Obrador? Como varios analistas se mofan de quienes hemos dicho que el viejo partido de la Revolución va para abajo, en esta ocasión analizamos en especial qué impacto tendría sobre el PRI la victoria señalada. En general, mi hipótesis es que estaríamos prácticamente de regreso, luego de 38 años de lucha democrática, con un régimen en el que predomina de nuevo un solo partido.

Mantener el tercer lugar que tiene sería devastador para el grupo encabezado por Roberto Madrazo Pintado que hoy controla al PRI, y que ha sido repudiado por muchos de sus correligionarios desde el inicio. Ante el fracaso de la candidatura de Madrazo y de la propuesta de su grupo, otros líderes como Manuel Bartlett, Beatriz Paredes, Eduardo Bours, y otros gobernadores y senadores, buscarán tomar las riendas e iniciar la lucha por reconstruir a la vez que modernizar al Revolucionario Institucional; era la tarea desde el 2000 que muchos priístas nunca entendieron. Es claro que ese partido tiene una amplia estructura en el país que con mucho trabajo y liderazgo puede resurgir como un activo político.

Y el PRI tendrá para su ventaja un factor incontrovertible, que tanto el PRD como el PAN, si este último ganara en el 2006, lo necesitarán para gobernar y evitar la situación de los últimos seis años al no contar el Ejecutivo con los votos suficientes en el Congreso para poner en práctica diversas iniciativas de gobierno. Este escenario es más probable a partir de este verano si el PRI se empeña en renovarse y en mostrar responsabilidad ante la opinión pública nacional, como estaría obligado a hacerlo luego del aplastante tercer lugar.

Ahora bien, no podemos dejar de lado que un buen número de priístas, ante la combinación de la victoria del Partido de la Revolución Democrática de López Obrador y el tercer lugar de Madrazo Pintado, buscarían emigrar a la nueva formación política que encabezaría el perredista y que significaría la nueva mayoría en México y a la vez la tentación del regreso al régimen de partido único.

¿Por qué de partido único? Porque si al PRI le tomará años renacer, Acción Nacional en este escenario también quedará lastimado por ser el partido en el gobierno. En particular, habrá un efecto negativo sobre el ala de centro-derecha en ese partido, así como en el grupo de dirigentes seguidores de Manuel Clouthier cuyo papel llegaría al final de un ciclo. Es difícil imaginar las alternativas políticas que tendrían al quedar marginados.

De hecho, este será un sentimiento generalizado para muchos políticos y ciudadanos que siguieron muy de cerca, durante el actual proceso de transición, a los partidos del viejo régimen, que lejos de modernizarse y aprovechar en distintos momentos las oportunidades para ampliar su base social, sucumbieron a la arrogancia y se empaparon en los pleitos internos por posiciones, descuidando la discusión de ideas con la sociedad hasta caer por su propio peso. Es obvio que ni el PRI -ni el PAN, lo que merece otro análisis- serán ya los mismos en este escenario del 3 de julio.

Para la izquierda del PRD de López Obrador habrá muchos que estarán pendientes del desempeño en el gobierno de la nueva mayoría política, como lo estarán también otros mexicanos que se ubican como conservadores moderados. Ambos grupos buscarán las condiciones y la oportunidad para crear otro partido (o partidos), acorde con la situación política del país, donde no se ha identificado de qué manera se podrían crear nuevas formaciones para el régimen democrático que acaba de nacer.

Un buen desempeño del gobierno de López Obrador augura la consolidación de la nueva formación política que lo llevó al poder. La gran pregunta, entonces, es qué pasará con los mexicanos que no se ubican dentro de ninguno de los partidos tradicionales. ¿Crecerán los partidos pequeños ya registrados vía el aglutinamiento de sectores desplazados por otros institutos políticos? ¿Se atomizará el sistema político con el nacimiento de otros partidos pequeños con una base regional, sectorial o de simple liderazgo personal?

Existe también la posibilidad de que presenciemos un debate nacional sobre los temas de fondo, como son el crecimiento a mayores tasas manteniendo la estabilidad financiera y la apertura con el exterior; la oferta de empleos y capacitación permanente para alcanzar mayores sueldos; la cultura de pleno respeto al derecho y aplicación equitativa de la ley; la reducción radical de fondos públicos a los partidos y campañas; y muchas otras reformas pendientes.

De esa discusión podrían surgir uno o más partidos con un enfoque moderno, que escapen a la visión estrecha desde la derecha y la izquierda que hemos conocido de diversos partidos y que probó ser poco útil en esta etapa de la historia de México.

Coordinador de asesores del secretario de Turismo



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