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Parálisis del Congreso
Demetrio Sodi de la Tijera
El Universal
Viernes 10 de febrero de 2006


A SÍ se titula el último libro del senador Juan José Rodríguez Prats: Desencuentro y parálisis del Congreso mexicano , en donde el autor hace una crítica profunda de la forma en que funciona el Congreso mexicano y las razones por las que considera se ha producido el desencuentro y parálisis legislativa que enfrentamos desde hace ya varios años.

Tiene razón Rodríguez Prats al decir que el Congreso mexicano no ha estado a la altura de lo que el país necesita y que parte del estancamiento económico que vivimos es responsabilidad de la falta de acuerdos entre los legisladores. Como lo he comentado en colaboraciones anteriores, el Congreso mexicano no ha sido capaz de aprobar en los últimos 17 años varias de las reformas estructurales que podrían haber dado a México y a los mexicanos mayores posibilidades de crecimiento económico y empleo.

Si bien las reformas estructurales no son la panacea como creen algunos funcionarios, sí son necesarias para que el país sea más competitivo y atraiga mayores inversiones nacionales y extranjeras.

Las reformas fiscal, eléctrica, energética, laboral, de telecomunicaciones y pensiones están congeladas desde 1988 por falta de acuerdos entre el Congreso y el Poder Ejecutivo, así como por disputas al interior de los partidos. En los últimos años se han privilegiado los intereses político-electorales de los partidos sobre el debate y los acuerdos sobre los principales temas nacionales.

Esta falta de acuerdos ha frenado al país y ha provocado, como dice Rodríguez Prats, que la realidad se imponga sobre la ley, y en varios casos, como son la generación de energía eléctrica, los contratos de servicios múltiples, y los acuerdos laborales contractuales, se hayan llevado a cabo cambios que van mucho más allá de lo que dice la legislación actual.

La cerrazón de varios legisladores y de los partidos a enfrentar la realidad y la necesidad de fortalecer la competitividad del país han provocado que se hayan dado cambios de facto más allá de las leyes, para evitar que nos rezaguemos aún más.

El problema, no obstante, es que nos hemos quedado a la mitad en los cambios y reformas que requiere el país y la falta de una legislación adecuada está provocando dificultades y costos más altos que afectan nuestra productividad y la competitividad.

Coincido con Rodríguez Prats en cuanto al desencuentro y parálisis del Congreso mexicano en lo que se refiere a las reformas estructurales, pero creo que hay muchos temas importantes en los que se ha avanzado. El trabajo en el Congreso en estos años ha sido muy intenso y las comisiones han trabajado a un ritmo que no se acostumbraba.

Mi experiencia en la Comisión de Hacienda del Senado ha sido muy positiva y hemos logrado cambios importantes en la legislación financiera y fiscal que han impulsado el desarrollo económico del país. Creo que en general ha habido resultados en todas las comisiones aun cuando es cierto que las reformas estructurales siguen congeladas.

Como dice el senador Rodríguez Prats, México no ha tenido, salvo en algunos breves periodos de su historia, una auténtica asamblea parlamentaria con independencia y que pueda ser identificada como factor de contrapeso con el ejercicio del poder. Sólo en tiempos recientes podemos presumir de contar con un auténtico órgano legislativo. El gran cambio en el Congreso mexicano se da a partir de 1997 en que el Presidente de la República y el PRI pierden la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y el país entra a una nueva etapa de diálogo y negociación entre el Ejecutivo y Legislativo y entre las fracciones parlamentarias. Esta nueva división y equilibrio de poderes se consolidó aún más a partir del año 2000 en que ningún partido obtuvo mayoría absoluta en ninguna de las cámaras y exigió un esfuerzo sin precedente de negociación y acuerdos entre los legisladores para lograr cualquier avance legislativo.

Desgraciadamente, muchos legisladores han entendido la división de poderes como una confrontación con el Presidente y han creído que su función es impedir que el gobierno tenga resultados sin importar que esto afecte al país y a la población, sobre todo la que menos tiene. En el primer capítulo del libro Rodríguez Prats hace un análisis profundo sobre el tema de si hay división de poderes o existe un solo poder dividido en órganos del estado. Para el autor, no existen muchos poderes, sino un solo poder, el del Estado, que cuenta con órganos que deben desempeñar, en forma coordinada, una serie de funciones para que aquel cumpla con sus fines. Coincido y desde mi punto de vista, con base en mi experiencia de 15 años de legislador, existe un solo poder con órganos diferentes, que tiene la obligación de dialogar y llegar a acuerdos para evitar que el país se paralice. Esto es importante, sobre todo en una nación plural en donde el Congreso, Parlamento como lo llama Rodríguez Prats, se convierte en el principal órgano del Estado.

En el libro, el autor trata de echar abajo diversos mitos, como el de que en todas las democracias exista división de poderes, y pone el caso de los regímenes parlamentarios, en donde el partido que está en el poder tiene la titularidad del primer ministro y a su vez la mayoría en el Parlamento, con lo que no existe una auténtica división entre ambos poderes, sino una complementariedad. Otro mito que busca echar abajo y con el cual coincido es el que el Congreso es el mejor espacio para hacer leyes, argumentando, y desde mi punto de vista con razón, que no existe la capacidad técnica y los conocimientos profundos entre los legisladores para elaborar leyes sobre ciertos temas. Señala también, con razón, que en muchos casos las modificaciones que hace el Legislativo a iniciativa del Ejecutivo, en lugar de mejorar las leyes las hacen inviables de aplicación.

El libro es excesivamente crítico del Congreso, principalmente del Senado de la República, llegando al extremo de proponer su desaparición. Toma poco en cuenta lo que él mismo señala en cuanto a que "El Congreso no está en crisis; está apenas asumiendo su verdadero papel y, por lo tanto, con la tarea urgente de ir consolidándose como la institución mas importante de una democracia embrionaria". "Ahora sí está cumpliendo su función de control, aunque tiene que esmerarse en desempeñar eficientemente su función legislativa". Es, por lo tanto, demasiada audaz la propuesta de desparecer el Senadodado que, igual que la Cámara de Diputados, está en un proceso de consolidación al que hay que dar tiempo.

Creo, por otro lado, que sería un gran error desparecer el sistema bicameral, sobre todo por lo que el mismo senador Rodríguez Prats señala en cuanto a la falta de cultura y madurez legislativa que existe dado que, de no ser en muchos casos por la existencia de ambas cámaras, se hubiesen cometido errores legislativos importantes que la cámara revisora ha detenido.

Vale la pena leer el libro y estudiarlo con cuidado. Es producto de uno de los legisladores más activos del Congreso y de un hombre dedicado al estudio y análisis crítico de la vida e instituciones políticas del país. En estos ya casi seis años de trabajo legislativo me congratulo de haber sido compañero de Rodríguez Prats, hemos estado en trincheras diferentes y he sostenido intensos debates con él y puedo decir que es un hombre de conocimientos, preparado, respetuoso y apasionado. El libro refleja su personalidad, ya que es una obra apasionada, reflexiva, provocadora y sobre todo propositiva. Sale a la vida en el momento adecuado y es un primer análisis serio del nuevo Congreso mexicano.

Ojalá provoque un debate profundo y sea un primer paso para que todos nos comprometamos con consolidar el parlamento que le urge al país para aprovechar las grandes oportunidades que tenemos como nación.

tuopinion@demetriosodi.org.mx

Senador de la República



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