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| El año de la decisión |
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Jesús Ortega
El Universal Lunes 02 de enero de 2006 |
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EL año 2005 se lleva los preludios del proceso electoral federal que habrá de celebrarse en este 2006. En México, la renovación del Congreso de la Unión, pero principalmente la elección de presidente de la República, son el mayor acontecimiento político y social del año. La conducción del proceso electoral, el desempeño de los candidatos y el resultado final constituirán el foco de atención en los próximos meses. El año que concluye dejó muy pocos cambios significantivo en materia electoral, sin duda el más trascendente corresponde a la posibilidad de que los mexicanos en el exterior puedan sufragar para elegir al presidente. La reforma que hizo posible salvaguardar el derecho de elección de nuestros connacionales en el extranjero, fue procesada duran-te varios años y generó una gran discusión por sus alcances, costos, operatividad e impacto entre los que finalmente tendrán la posibilidad de cumplir los requisitos para acudir a votar. Todo ese esfuerzo parece haber despertado un limitado entusiasmo allende las fronteras, toda vez que al cierre del año las personas inscritas para poder votar no superan las 7 mil, número excesivamente bajo para las expectativas generadas, lo que redunda en un costo elevado por cada voto que se emita. Las modificaciones electorales tendientes a lograr mayor transparencia en el financiamiento de las campañas políticas, así como el acceso equitativo a los medios de comunicación, fueron a todas luces insuficientes. Lo que al final del proceso federal del 2003 parecía un consenso, se tornó tema para otro momento, para los que vienen. El Instituto Federal Electoral tiene ahora la posibilidad de vigilar los informes financieros de los partidos durante el mismo proceso electoral, y las condiciones de transparencia en la contratación de anuncios televisivos será mayor por el convenio logrado entre el IFE y la televisora más grande del país. De no ser por estos aspectos, las condiciones serían iguales al anterior proceso federal. En materia de definiciones internas, cada partido político afrontó sus procesos para elegir candidato a la Presidencia de la República. El partido en el poder mostró, una vez más, que puede sorprender a propios y extraños. El aspirante que concitó las mayores simpatías entre los militantes y adheren-tes, resultó ser distinto al que punteaba en las preferencias que registraban las encuestas. Felipe Calderón dejó atrás a Santiago Creel en lo que algunos piensan fue otro revés para el Presidente y para el presidencialismo de transición que conocemos. El panis-mo, que al principio del sexenio se sintió disminuido en su inclusión al gabinetazo, se impuso en la definición de lo que esperan sea su relevo en el poder. Por su parte, el PRI no dejó lugar a dudas de la profunda división que padece, y más que nunca la ventiló y agudizó. Roberto Madrazo es candidato presidencial de un partido que quiere volver al poder con prácticas que son ajenas a su cultura política: elecciones democráticas y pluralidad. El frente de gobernadores y legisladores que conformó una estrategia para enfrentar la candidatura de Roberto Madrazo, desbocó sus logros alcanzados para designar a Arturo Montiel cuando éste se retiro de la contienda interna a consecuencia de la exhibición de su cuantiosa fortuna económica. Al final, la deslucida elección que tuvo ese partido fue insuficiente para remontar los enfrentamientos internos, más aún los públicamente realizados entre el ahora candidato y la dirigenta magisterial Elba Esther Gordillo. El destino de este partido estará marcado por la visión de una ciudadanía que puede o no creer que este partido haya cambiado y pueda ofrecer un cambio genuino atractivo a los electores. Por su parte, el PRD y su candidato Andrés Manuel López Obrador se han colocado como una oposición claramente distinta y viable al PRI y al PAN, más aún, junto al PT y Convergencia ha constituido la alianza Por el Bien de Todos, que se presenta como un frente social de orientación centro-izquierdista, que se encuentra en excelentes condiciones para obtener el triunfo electoral y constituirse en gobierno a finales de este año. El PRD y López Obrador salieron adelante en un año donde los ataques en su contra se agudizaron, pero el respaldo social se fortaleció gracias a que enfrentó sus problemas de manera directa, mostrando con argumentos el trasfondo de cada ataque y cada mentira. Presentar un programa de gobierno alternativo y viable es el reto para el PRD que quiere ser gobierno y gobernar mejor. El año que comienza tiene un elemento fundamental para el país. El relevo presidencial después de la elección del 2 de julio de 2000 tiene tres grandes opciones: la continuidad de un gobierno panista con rumbo errático, el retroceso al priísmo de corte vertical y autoritario, o el cambio a un gobierno con compromiso social y responsable. Los ciudadanos con su voto definirán, también, la composición del Congreso de la Unión que acompañará los primeros tres años del nuevo gobierno, dentro de los cuales se tendrán que impulsar las principales decisiones estratégicas que se definan. La experiencia a nivel federal y estatal es que donde hay mayor competencia entre partidos, los congresos se constituyen sin mayoría absoluta, dejando a la práctica de la buena política y la negociación, el alcance de acuerdos para nuevas y mejores leyes en beneficio de la sociedad. Un nuevo año para un nuevo cambio que sea para el bien de todos. Senador de la República (PRD)
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