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| La estrategia del PRD |
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Macario Schettino
El Universal Martes 29 de noviembre de 2005 |
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ANDRÉS Manuel López Obrador ha perdido el contacto con la realidad. En este mismo espacio he escrito, varias veces, que me parece un gran político, posiblemente el mejor de México. Pero lo que le ocurre desde hace unos meses me está haciendo cambiar de opinión. Andrés Manuel ganó la jefatura de Gobierno del Distrito Federal por muy poco. Al final de ese proceso, el candidato del PAN, Santiago Creel, empezó a subir mucho en las encuestas, gracias a la campaña de Vicente Fox. No le dio tiempo a Creel, y López Obrador inició un gobierno que lo convirtió en el político de oposición más popular. Sigo creyendo que el principal soporte de esta popularidad fue la estrategia de las conferencias mañaneras, aunque la política de pensión universal le ayudó mucho. Pero no hay nada comparable a salir todos los días en televisión y a imponer la agenda política cotidiana. El ascenso de López Obrador sólo estuvo en riesgo cuando aparecieron los videos en donde sus colaboradores realizaban actos que, si no eran ilegales, cuando menos lo parecían, y con eso bastó para que la población le perdiera confianza, al menos de momento. Son precisamente las encuestas las que le permiten a López Obrador imponerse dentro del PRD. Con base en los resultados de esos ejercicios estadísticos, Andrés Manuel convence a su partido de que sólo él puede ganar la Presidencia, y desplaza a Cuauhtémoc Cárdenas de la que iba a ser su cuarta candidatura. Pero López Obrador no se conforma con ser candidato, sino que quiere todo: la presidencia del partido, la candidatura en el DF, el control de absolutamente todo lo que ocurre en el PRD. Y todo lo obtiene gracias a que las encuestas dicen que él puede ganar la Presidencia. Pero parece que López Obrador cometió el error de creer, también él, que su popularidad lo hacía indestructible, y que no necesitaba a nadie más. Convencido de su fuerza, decidió abandonar la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, perdiendo con ello minutos muy valiosos de televisión; decidió excluir al PRD de su entorno, rodeándose de un equipo de recientes migrantes partidistas que, en ocasiones, llega al absurdo, como en el caso de Federico Arreola, un personaje de muy poca autoridad moral, como Raymundo Riva Palacio nos ilustraba el viernes pasado. Pero el ánimo excluyente de Andrés Manuel López Obrador ha llegado al extremo de rechazar, durante la semana pasada, reuniones con diferentes grupos de empresarios: con la Bolsa de Valores, con Concamin, con los firmantes del Acuerdo de Chapultepec impulsado por Slim. Pero esa actitud excluyente de Andrés Manuel no le causaba problema cuando parecía el seguro ganador de la elección, es decir, cuando las encuestas lo ponían en un lejano primer lugar. Hoy, que las encuestas lo colocan a tiro de piedra de sus adversarios, López Obrador las rechaza. Habiéndolas usado para imponerse en su partido, hoy niega su validez. Y es que, como la espuma, Andrés Manuel puede caer igual de rápido que subió. La cantidad de agravios que no se le cobraron, por ser el posible presidente de la República, pueden exigírsele ahora que se convierte en un simple candidato, en uno más de los que pueden ganar, pero también pueden perder. Y para el PRD ya no resulta tan atractivo seguir doblando el espinazo frente al caudillo. Ya despreciaron a Cárdenas, ya aceptaron la imposición de Leonel Cota, y ya han aguantado mucho a la tribu de recién llegados que mandan como si lo merecieran. Y no podía llegar en peor momento para López Obrador esta probadita de realidad, justo cuando viene la elección interna para definir el candidato del Partido de la Revolución Democrática en el DF. Andrés ha impulsado la candidatura de Marcelo Ebrard, que se ha enfrentado con los pocos que intentaban evitar el carro completo de López Obrador. Y eran pocos, porque la seguridad de ganar el gobierno federal tenía distraídos a todos. Pero ahora que eso se ve menos probable, hay muchos que se preguntan si no valdrá la pena defender este bastión tan importante, y mantenerlo bajo el control del partido y no del caudillo. Así que la elección de este fin de semana ya no se ve tan tranquila para Marcelo. AMLO perdió piso. Fueron precisamente las encuestas, que lo colocaban 20 o 30 puntos por encima de sus adversarios, las que lo fueron convenciendo de que era indestructible, que nada lo golpeaba, que podía aguantar cualquier cosa. No es así, como sabemos. Cuando ocurrió el incidente de los videos, su popularidad se desplomó, pero no había adversarios entonces, así que lo que creció fue la indecisión de los votantes. Pero hoy ya hay competidores, y no son despreciables. Ahora, cada punto que pierde López Obrador, lo gana alguno de sus adversarios, y la distancia se reduce. Eso implica que ya no está segura la victoria para Andrés. Y eso obliga a los perredistas a analizar y considerar un escenario alterno, en el cual no ganen la Presidencia. Y en este nuevo escenario, no parece tan razonable dejarle todas las canicas al caudillo. Director de Investigación ITESM-CCM. macario@macarios.com.mx |
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