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Preferencias cambiantes
Rogelio Hernández Rodríguez
El Universal

Jueves 24 de noviembre de 2005



LAS más recientes encuestas sobre preferencias electorales para los comicios del año entrante arrojan datos que han sorprendido a muchos y a otros han puesto nerviosos. Se sabía que una vez seleccionados los candidatos de los tres partidos más importantes, habría cambios en la percepción de los ciudadanos, más todavía cuando el PAN realizó una competencia interna que despertó fuertes expectativas y el PRI se ha visto envuelto en frecuentes escándalos. Sin embargo, los resultados superan con creces las previsiones.

Casi todas las encuestas coinciden en tres tendencias: la caída en las preferencias por Andrés Manuel López Obrador, seguidas de un significativo repunte del PAN y Felipe Calderón, y que el PRI y Roberto Madrazo se mantienen en el segundo lugar. La caída de López Obrador se ha convertido en lo más llamativo porque contra todo lo supuesto por él y su equipo de campaña, no ha logrado sostenerse en los mismos niveles de preferencia.

Es verdad que se mantiene en el primer sitio, pero de acuerdo con la encuesta de Mitofsky, apenas alcanza 34.8% de las preferencias, muy por debajo de las que hasta hace algunos meses tenía. La caída es tan brusca que para muchos este resultado no refleja el comportamiento ciudadano sino un intento más por dañar al tabasqueño. Pero a pesar de la insistencia, hay elementos objetivos que pueden explicar este cambio tan radical.

Desde hace meses López Obrador no cuenta con las ventajas que le daba ser jefe de Gobierno, responsable de obras sociales y de beneficios económicos. Tampoco tiene ya los reflectores de sus conferencias de prensa que tan a modo le construyeron una imagen popular y le permitieron dirigir la opinión pública al establecer los temas que a él le convenían. También ha contribuido el hecho de que el polémico tema del desafuero haya desaparecido de la política y que, más aún, su recuerdo se haya extinguido rápidamente en medio de otros escándalos. Como siempre se dijo, la persecución en su contra lo convertía en una víctima del sistema y le proporcionaba una gratuita y eficaz propaganda que ahora se ha esfumado.

Como bien lo saben los especialistas, no es lo mismo construir índices de popularidad de un funcionario que preferencias electorales cuando la competencia por la Presidencia ha comenzado con candidatos reales. Mientras López Obrador fue jefe de Gobierno tuvo ventajas incomparables que ahora han desaparecido y que lo obligan a desarrollar nuevas estrategias que lo coloquen nuevamente en la imagen pública. Al parecer, López Obrador ha confiado en extremo en que su temprano inicio de la campaña le aseguraría su adelantado lugar. Tal vez ahora pueda comprender que no le será nada fácil remontar la cuesta cuando las campañas han comenzado formalmente.

Otro resultado inesperado es que Madrazo mantiene el segundo lugar con 30.4%, lo que constituye una diferencia muy pequeña respecto del puntero López Obrador. Es sorpresivo porque después de los frecuentes conflictos internos lo previsible era que el PRI y su candidato cayeran hasta el tercer lugar de las preferencias. Sin embargo, lo llamativo de esta posición es que no hay ningún incremento en los porcentajes, lo que indica claramente que se mantiene gracias a la mayor solidez del voto duro priísta y no de nuevas simpatías.

Esto vuelve muy frágil su posición debido a que el desprestigio del PRI puede en el corto plazo profundizarse y a que el PAN ha logrado ocupar un sitio que hasta hace pocos meses era impensable. El proceso interno del PAN no sólo hizo a un lado al precandidato más débil sino que postuló a un militante que goza de una imagen pública aceptable que supera con mucho los lastres tanto del partido como sobre todo del presidente Fox.

En la encuesta de Mitofsky Calderón y el PAN han obtenido 28.8%, una diferencia mínima respecto del PRI, que lo vuelve un candidato creíble y muy competitivo por el primer lugar. Visto con cuidado, esto explica por qué el PRI no ha crecido, pues los puntos perdidos por el PRD se han dirigido hacia el PAN. Si las tendencias se mantuvieran indicarían, por un lado, que Calderón puede con relativa facilidad ocupar el segundo sitio y que, por otro, si las diferencias con el primero se cierran, la competencia será sumamente cerrada y en ella el PRI no tendrá mucho que hacer.

Si se desglosan las preferencias de cada candidato surgen algunos indicios que fortalecen esta percepción. Mientras que apenas la tercera parte del voto por López Obrador es de convencidos, es decir su voto duro, Madrazo cuenta con cerca de 80% y Calderón con alrededor de 60%.

Como ya lo habían pronosticado hace tiempo algunos encuestadores, en especial María de las Heras, la verdadera clave del próximo proceso electoral se encuentra entre los ciudadanos sin simpatías seguras, altamente cambiantes y, en especial, que dependen de las circunstancias del momento y no de una preferencia específica.

Esto y no la maldad política es lo que explica por qué los apoyos con que contaba Andrés Manuel López Obrador se han dirigido a Felipe Calderón. Como puede suponerse, si se trata de un voto en extremo volátil, puede moverse de un candidato a otro dependiendo de los estímulos políticos que puedan aparecer en el camino.

Aunque formalmente ese voto también podría canalizarse al PRI, las posibilidades son pocas si se identifica el tipo de ciudadano que integra esa porción del electorado. Una encuesta de Ipsos-Bimsa sobre el mismo tema pero que indaga sobre ingreso, edad y escolaridad, informa que los individuos entre 20 y 40 años, con mayor educación y con ingresos medios y altos, no muestran simpatías por Madrazo y sí una fuerte disputa entre López Obrador y Calderón. Si se relacionan los datos de ambas encuestas, parecería que aun cuando el voto duro favorece al PRI, no sólo no le es suficiente para asegurarle el triunfo sino que el voto cambiante se encuentra en sectores de la sociedad en los cuales su desprestigio es más severo.

La competencia apenas comienza y estos resultados no pueden tomarse como definitivos, sin embargo, ya ofrecen algunos indicios relevantes. La definición de las candidaturas en los principales partidos no aclara el panorama, por el contrario, revela una carrera muy cerrada en la que los tres contendientes tienen similares posibilidades de ganar.

El punto relevante es que el triunfo no dependerá de fidelidades partidarias sino de un sector que es muy sensible a la circunstancia política, a la personalidad del candidato y, por ende, a las posibles acusaciones en su contra. No parece haber espacio para las ideas, sino para los ataques personales.

Investigador de El Colegio de México



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