![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Escándalos y votos |
|
Alberto Aziz Nassif
El Universal Martes 22 de noviembre de 2005 |
|
|
|
A medida que nos internamos en la selva de la sucesión presidencial nos acercamos a un territorio desconocido: ¿qué armas, escándalos, videos, llamadas de espionaje nos tendrán preparados los contendientes de esta guerra sucia rumbo al año 2006? La política en México, que por cierto no goza de muy buena salud pública y prestigio, estará sometida en estos tiempos a uno de los momentos más intensos y polémicos que se recuerden. En estos días se ha tenido un pequeño laboratorio de lo que será la guerra sucia de la sucesión: del video de Ahumada con Sosamontes pasamos al súper pleito entre Madrazo y Elba Esther en un programa de radio; luego llegaron los ajustes previos a su expulsión, y en este clima se publicó una llamada entre la maestra y Calderón, "vamos bien". También vimos en la televisión la presunta corrupción en el Consejo Electoral de Guerrero. Por si todo eso fuera poco, nos enteramos del litigio entre México y Venezuela o entre Chávez y Fox. En la jerarquía mediática paga mejor el escándalo que la noticia; así se dejó en otro lugar la aprobación del presupuesto, sobre todo por los recortes y asignaciones, como la que se le hizo al IFE por un poco más de mil millones de pesos o los 26 mil millones adicionales al IMSS; también hubo debate entre candidatos perredistas al gobierno de la ciudad de México. Sin duda, las noticias escandalosas fueron las ganadoras en notoriedad pública. Si los escándalos son el motor de la política electoral y si la sucesión presidencial estará plagada de guerra sucia, habrá que observar qué pasa con la percepción ciudadana y cómo influirá en el voto. Por lo pronto, empezó a publicarse la nueva ronda de las encuestas sobre preferencias electorales, como la que hizo Consulta Mitofsky, en donde las preferencias marcan los movimientos recientes, López Obrador sigue en primer lugar con 35%; Madrazo baja, pero se mantiene en segunda posición con 30% y Calderón sube y prácticamente empata al segundo lugar con 29%. En este trabajo hay dos datos interesantes, uno que mide la composición entre voto duro y voto volátil, por ejemplo cuatro de cada cinco votantes por Madrazo son del PRI, en cambio sólo uno de cada tres de los votantes por López Obrador es del PRD, y en una posición intermedia, dos de cada tres votos por Felipe Calderón son del PAN; el otro dato es cómo sube en la percepción la preferencia por un presidente con mayoría legislativa, entre agosto y noviembre se incrementó de 30% a 39%; sin embargo, cuando se mide el voto para el Congreso se expresan las diferencias entre voto por partido y por candidato, así por ejemplo el fenómeno es inversamente proporcional entre Madrazo y López Obrador, mientras que el primero sólo llega a 30% para la Presidencia de la República, los votos para diputados del PRI se ubican en 35%; en el PRD es al revés, el candidato tiene 35% y el voto para diputados es de 24%, y en el PAN los números están más parejos, 29% Calderón y 33% para diputados. En otra medición las tendencias se marcan de forma más radical; López Obrador y Calderón están empatados con 29% y 28% respectivamente, en cambio Madrazo baja a 21% (Reforma, 21/XI/2005). Puede haber diferentes variables para entender ante qué tipo de fenómeno estamos ubicados entre los escándalos y las intenciones de voto, por ejemplo, ya sabemos que hay un nivel importante de vacunación en la ciudadanía frente a los escándalos de videos, sólo hay que comparar el impacto que tuvieron en marzo de 2004 los videos de René Bejarano y compañía, con lo que sucedió en el caso del reciente video de Ramón Sosamontes, a pesar de que este último tuvo una cobertura mediática fuerte no pasó a mayores. Otro factor importante es el tiempo, no sólo entre un escándalo y otro, lo cual satura y cansa, sino el tiempo político que puede pasar entre una situación escandalosa y el momento de tomar una decisión, como sería la de por quién votar el 2 de julio de 2006. Los candidatos pueden apostar a una memoria corta y desnutrida del electorado, pero el riesgo es la construcción de una cargada que lleve de un evento a otro y forme una opinión más consistente sobre los candidatos. Los escándalos quieren mostrar que nadie vale la pena en la política, y destruyen la idea de que hay unos políticos que son mejores, o menos peores. Por supuesto el que más se beneficia de esta estrategia es el político más desprestigiado, el que tiene la mayor opinión negativa, que en este caso se llama Roberto Madrazo con 40.2%, frente a 15.9% de López Obrador y 17.8% de Calderón, según Consulta Mitofsky. En ese sentido "si fueran personajes de la historia", AMLO sería un héroe y Madrazo un villano (Reforma, 21/XI/2005). En el mundo de los desprestigios el PRI se ha llevado las palmas y ha formado una sumatoria difícil de igualar: a Madrazo se puede sumar Salinas, como el operador que le impidió a la maestra llegar, y por supuesto la misma Elba Esther, que no carga una imagen muy positiva y democrática. Por eso los priístas están hoy en tercer lugar. Con estos datos se puede prever que los impactos escandalosos son diversos e incluso pueden ser contradictorios, porque dependen de los prestigios y los blindajes que porta consigo cada actor político. Ya vimos que López Obrador se recuperó en 2004, y en 2005 con el desafuero creció de forma importante; hasta hoy, este candidato tiene un buen blindaje. El caso de Madrazo es inverso, le pegó el escándalo de Montiel, pero como vimos, su apuesta es al voto duro de su partido, con la dificultad de que en una elección competida y con niveles altos de participación, esa estrategia no le alcanza para ganar. En el caso de Calderón hay una estrategia para detenerlo y exhibirlo como un político que no está limpio porque está aliado con personajes desprestigiados como la maestra. En esta guerra el ganador será una especie de sobreviviente. Ahora que el mercado electoral tiene piezas centrales, como la alta competencia y la volatilidad, habrá que estar atentos a los movimientos de cartera que hagan los partidos para construir sus alianzas, lo cual será el próximo paso que deberá quedar definido antes del 10 de diciembre. Como los señalamos en este espacio la semana pasada, si la sucesión presidencial está atenazada por dos lastres, la mediocracia y la partidocracia, cuyo gasto llegó ya a 902 millones de pesos en precampañas (EL UNIVERSAL, 21/XI/2005), la estrategia de escándalos es un complemento perfecto. Investigador del CIESAS |
|
© 2007 Copyright El Universal-El Universal Online |