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Enriqueta Cabrera

Grecia, Italia: viene lo difícil



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12 de noviembre de 2011
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En Europa, en medio de las turbulencias financieras, dos cambios de gobierno habrán tenido lugar en una semana, en Grecia y en Italia. El gobierno griego tiene a la cabeza a Lukas Papademos y el italiano en pocas horas tendrá a Mario Monti, dos tecnócratas con importante experiencia que inspiran confianza al mundo de las finanzas y desconfianza a quienes pagarán altos costos. Llegó la hora de los tecnócratas con amplia experiencia para cambiar el rostro de los políticos en el gobierno. No para cambiar políticas, sino sólo para ganar credibilidad en que el dictado del eje franco-alemán junto con el BCE y el FMI, será acatado y cumplido de la mejor manera. ¿Llevarán a la solución? Difícilmente. Grecia tiene una deuda de 170% de su PIB. Italia de 120%. No hay políticas para reactivar la economía, recuperar el empleo y el bienestar. Vaya encrucijada. El problema para el mundo es que Europa avanza hacia la recesión con sólo un crecimiento promedio de 0.5% en 2012.

Tras la salida del primer ministro socialista Yorgos Papandreu, el Parlamento griego designó un nuevo primer ministro, Lukas Papademos, ex vicepresidente del BCE que cuenta con el apoyo de Washington y Bruselas, apoyado por un gobierno de coalición izquierda–derecha. Papademos mantiene al ministro de Finanzas, Venizelos. Grecia abre la puerta del rescate con 8 mil millones de euros condicionados por el eje franco-alemán a la aceptación del programa de austeridad aprobado por el Parlamento. Un respiro para el mundo financiero y empresarial, pero sobre todo para Grecia.

La economía italiana está naufragando. Lo que suceda en Italia es crucial para Europa por la gravedad de la crisis, pero sobre todo por la dimensión de la economía italiana, la tercera de la zona euro después de Alemania y Francia. ¿Demasiado grande para caer? En Roma está a prueba no sólo la economía italiana, sino el euro, su destrucción o sobrevivencia en el contexto de la endeble salud de la economía europea.

Cuando la crisis de la deuda alcanza a Italia, Europa entra en una nueva e incierta dimensión. Lo primero era detener el pánico de inversionistas y mercados, tras el fracaso del gobierno de Berlusconi, llegó la hora de la salida de Il Cavaliere. Así lo entendió el presidente Giorgio Napolitano, quien tiene ya listo el relevo de Berlusconi: Mario Monti, ex comisario europeo nombrado senador vitalicio, dispuesto a adoptar medidas impopulares. Italia se prepara para a un fin de semana histórico con el cambio de gobierno, por uno de coalición (si no cambia el guión). Ayer viernes, el Senado italiano aprobó las medidas de austeridad y el plan de relanzamiento de la economía, con lo que el camino está abierto para la salida de Berlusconi al que abandonan sus más leales correligionarios, él mismo estableció el compromiso de dimitir con el presidente Napolitano, quien ha jugado bien sus cartas.

Los cambios de gobierno en Grecia e Italia habrán de desembocar en gobiernos encabezados por reconocidos tecnócratas, pero no aseguran la recuperación económica ni el fin de la crisis, porque las recetas son las mismas y conducen a la contracción, no al crecimiento. Toda comparación guardada, según recuerda Jesús Ceberio en El País, algo parecido sucedía en la crisis de 1929. Hubo entonces una fiebre por apelar a los tecnócratas que se mantuvo hasta 1932, año en que ganó de manera abrumadora la elección presidencial en Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, quien estableció la primacía de la política y con el New Deal encontró el camino para salir de la recesión.

Los programas de austeridad lastran el crecimiento y cargan la crisis sobre la mayoría de la población. ¿No hay otro camino? Lula afirmaba hace unos días que las grandes crisis exigen líderes políticos, no tecnócratas.

Analista política



Editorial EL UNIVERSAL Momento de prueba


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