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Javier Lozano

Mezquindad

Javier Lozano Alarcón, oriundo del estado de Puebla, es actualmente secretario del Trabajo.

Es fundador del Instituto del D...

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24 de octubre de 2011


Definición de mezquindad según el diccionario de la Real Academia Española: cualidad de mezquino. Acción o cosa mezquina. Y mezquino, nos dice la misma fuente, es el adjetivo que se da al que escatima excesivamente; al falto de nobleza de espíritu; al pequeño, diminuto.

Viene a cuento esta referencia porque es la mezquindad la nota característica de muchos de quienes, teniendo en sus manos el poder de cambiar las cosas para bien en nuestro país, lejos de hacerlo, más bien regatean, especulan, niegan, esconden y mienten sin pudor ni castigo.

La semana pasada, el aspirante a la candidatura presidencial del PRI Enrique Peña Nieto tuvo dos brillantes ideas: propuso una mayor inversión privada en el ramo del petróleo y se pronunció a favor de que se eliminen 100 escaños de diputados electos por las listas plurinominales. Se llevó las ocho columnas de varios periódicos y su genial y valiente postura mereció aplausos y comentarios de seguidores y amnésicos.

Pues bien, resulta que ambas ideas no sólo distan de ser originales. Más aun, se trata de un auténtico platillo recalentado. En efecto, tanto la modernización del sector del petróleo y demás hidrocarburos como el adelgazamiento del Congreso de la Unión mediante el recorte de 100 de las 500 curules de diputados, particularmente de entre los 200 plurinominales, son iniciativas de reformas constitucionales presentadas desde hace años por el presidente Felipe Calderón.

En efecto, el Ejecutivo federal presentó en 2008 varias iniciativas para la reforma energética que permitieran, entre otras cosas, una mayor participación del sector privado para ampliar los márgenes de inversión, desarrollo tecnológico, exploración, refinación, transporte y aprovechamiento del petróleo y sus derivados.

Después, en diciembre del 2009, el propio presidente Calderón presentó 10 puntos concretos para una reforma política de gran calado, que incluía, desde luego, la reducción de 100 posiciones en la Cámara de Diputados de lista plurinominal, hoy presumida como original planteamiento por el mexiquense; iniciativa preferente; iniciativa ciudadana; iniciativas desde la Suprema Corte; candidaturas independientes; reelección consecutiva de legisladores y alcaldes; segunda vuelta para elección de presidente; veto y reconducción presupuestal; y aumento del umbral de votos para que los partidos políticos conserven su registro.

Sepa el lector que ninguna de estas iniciativas del Presidente de la República ha merecido el apoyo de quien hoy se erige como paladín de la modernidad del país, a pesar de tener una enorme influencia sobre la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados y sobre el presidente nacional de ese partido, Humberto Moreira. Es decir, por un lado niego lo que, por el otro, propongo como idea propia. Esa, en pocas palabras, es una actitud mezquina, de acuerdo con lo antes definido.

El colmo del asunto es que pareciera que tenemos dos PRIs frente al electorado: el del Senado de la República que propone cosas, presenta iniciativas y respalda las del Presidente; y el PRI de la Cámara de Diputados que todo lo regatea, enmienda, niega o esconde, especialmente si proviene de sus colegas de partido en la Cámara Alta. Es el caso, para ser concretos, de la reforma política.

Ya había dicho Peña que las reformas estructurales no salían en el Congreso porque el presidente Calderón y el Partido Acción Nacional (PAN) habían optado por establecer alianzas con otras fuerzas políticas para las elecciones del año pasado. Es decir, el castigo severo por andarle facilitando al electorado la alternancia política. ¡Vaya osadía!

¿Y qué sucedió en mi comparecencia de la semana pasada? Que los diputados del PRI no quisieron que se abordara el tema de la reforma laboral por considerar que se apartaba del objetivo de la reunión que era, formalmente, la glosa del Quinto Informe de Gobierno. Que comparezca el secretario del Trabajo pero cuidadito y se le ocurra presionarnos con la reforma laboral. Pidieron no ser satanizados por no aprobar dicha enmienda legal a lo que sólo respondí que apelaba a su congruencia, esto es, que nos conformábamos con que aprobaran su propia iniciativa presentada el 10 de marzo de este año. Fue inútil. De ahí la expresión que pronuncié y que provocó la furia del respetable: “me queda claro que ustedes salieron buenos para criticar y malos para legislar”.

Mezquino es, en suma, presentar iniciativas para después abandonarlas y dejarlas morir por inanición. Mezquino es lanzar propuestas de cambio estructural mientras que, por otra vía, se hace todo por impedirlas en el Congreso. Mezquino es no hacer lo que por ley están obligados, y confundir la arena política con el deber ser. Mezquino, en fin, es anteponer el cálculo político e intereses personales y de grupo al interés general y el bien común.

Hace 112 días Humberto Moreira prometió sacar adelante las reformas estructurales en el Congreso y nada ha pasado. ¿Sabe usted por qué? Sí, acertó usted. Por mezquindad.

Secretario del Trabajo



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