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Jean Meyer

Malaria y dengue

Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne.

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17 de julio de 2011
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El cambio climático favorece la propagación de estas dos temibles enfermedades. La malaria golpea a los humanos desde hace más de cinco mil años y sigue golpeando con un costo anual de un millón de vidas, niños en su mayoría, y el debilitamiento de 250 millones de personas en 80 países. La famosa caída del imperio romano contó entre sus causas la malaria, que hizo estragos en el Mediterráneo europeo hasta 1950. Los mosquitos, vectores de la fiebre amarilla, de la malaria y del dengue son favorecidos por el alza de las temperaturas, de modo que lo que parecía hace poco un triste privilegio de nuestra tierra caliente y de los trópicos, ahora llega al Altiplano y a Europa: una variedad del dengue que golpeó hace poco, de manera epidémica, a territorios tropicales franceses, la isla de la Reunión y la Guayana, frontera con Brasil, ha desembarcado en la Costa Azul y ha sobrevivido a dos inviernos ya tibios.

La presencia del mosquito Aedes aegypti y del virus que vehicula es, en nuestra América, el resultado de un “daño colateral”: vinieron con los conquistadores, puesto que son originarios de África. Posiblemente llegaron con los barcos que trajeron al Caribe esclavos africanos, y los mosquitos encontraron condiciones ideales para proliferar en los cañaverales y otras plantaciones. En 1764 y 1765, fiebre amarilla y malaria mataron 11 mil de los 12 mil colonos y militares de la Guayana Francesa; en 1741, en los sitios de Cartagena y Santiago de Cuba, el ejército inglés perdió por la misma razón 22 mil de sus 29 mil hombres; apenas mil murieron en el campo de batalla. Para 1802, 35 mil de los 50 mil soldados de Napoleón habían muerto en Haití, víctimas de lo mismo. En la guerra de independencia de Cuba, las fiebres se llevaron 40 mil soldados españoles, mientras que la guerrilla cubana y las tropas de EU les mataban poco más de tres mil…

Hace 80 años que funciona muy bien la vacuna contra la fiebre amarilla que ha dejado de ser una amenaza global, pero la malaria y el dengue siguen invictas. Quizá porque desapareció la primera en Europa con intensas campañas contra los zancudos. Quizá porque la política sanitaria mundial es víctima de las modas que impiden esfuerzos de larga duración cuando surge algo nuevo. El sida se ganó toda la atención y los dólares en los últimos 30 años, mientras que la malaria y el dengue pasaban al olvido, con la creencia ilusoria de que el famoso DDT había liquidado los mosquitos; un DDT que, más o menos en la misma época, dejaba de usarse o se consideraba como excesivamente peligroso por sus “daños colaterales”.

Felizmente, hace unos años, la Organización Mundial de la Salud tomó la medida de la seria amenaza y, en África, distribuyó millones de mosquiteras impregnadas con insecticida: hay que saber que los mosquitos son especialmente activos durante la noche. Pero dichas mosquiteras están perdiendo su efectividad y habría que cambiarlas ya, y posiblemente de insecticida también, porque la evolución permite la reproducción de los zancudos sobrevivientes. De modo que la estrategia tradicional de suprimir el mosco no es suficiente. Había que volver a la búsqueda de una vacuna, como la que se encontró para la fiebre amarilla.

Hoy los científicos son relativamente optimistas al trabajar en dos pistas: la de la vacuna y también la de un eventual insecticida que mate solamente a las hembras viejas, las únicas que transmiten los virus. En cuanto a la vacuna, un biólogo me dice que hasta la fecha lo único que se ha encontrado es una, la RTS,S, que funciona en 50% de los casos según The Malaria Eradication Research Agenda. Hace dos años, anunciaba Pedro Alonso, director de un centro en Barcelona que lidera los ensayos de esta vacuna ya en fase III, que en 2011 podrían ser los primeros en solicitar luz verde al registro de una vacuna contra la malaria. Hace justo un año, la misma fuente, Journal of Infectious Diseases, publicaba “la lucha contra la malaria pisa el acelerador”; la buena noticia es que la gigantesca empresa Glaxo, que logró estos adelantos, puso a disposición de todos los investigadores interesados sus descubrimientos, algo inédito en la historia de la ciencia y de la farmacia. Ciertamente con la malaria no se puede ganar dinero, pero además el impulso dado por la Organización Mundial de la Salud y los filántropos multimillonarios, como la Bill & Melinda Gates Foundation, explica este beau geste. Todo esto induce al optimismo, pero la resistencia del bicho sigue siendo muy fuerte; lo ha demostrado al volverse resistente anteriormente a la quinina, sulfadoxina y otros tratamientos tradicionales.

¿Y la ciencia mexicana? Muy bien, muchas gracias.

jean.meyer@cide.edu

Profesor investigador del CIDE



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