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Editorial EL UNIVERSAL

La justicia capitalina

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los de...

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14 de julio de 2011


La administración de la justicia en la capital de la república requiere de apoyos para ser eficaz. Actualmente no lo es. Suele ser tardada, y justicia que no es expedita no es justicia, y sin ésta, no hay democracia.

Por eso son oportunas las observaciones del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Édgar Elías Azar, quien advierte que de no contar con los recursos suficientes, el Poder Legislativo capitalino se verá rápidamente rebasado por la demanda de asuntos que deberá atender, y, peor todavía, carece de un código procesal penal que defina el modelo de justicia que ha de imperar.

Tanto el asunto de los recursos como el del código pendiente escapan al control del Tribunal, dependen del Ejecutivo y el Legislativo capitalinos, a los que falta hacer la tarea para respaldar este importante pilar de la gobernabilidad del DF. Hasta ahora el Poder Judicial ha logrado contener el crecimiento de su trabajo anual mediante sistemas de justicia alternativa, basados en el método de la conciliación y la mediación comunitaria para agilizar expedientes que, por su tamaño, importancia y cuantía, no tienen razón de llegar a instancias mayores, lo que distrae recursos humanos y materiales.

El problema del rezago judicial no es menor. Con un déficit de jueces como el actual es imposible exigir que la justicia sea pronta. Faltan instalaciones adecuadas y equipamiento suficiente para hacer frente al reto de impartir justicia todos los días en la ciudad más grande del país. Una ciudad que pretende ser modelo en el mundo, no puede devaluarse por un sistema judicial atrasado, mediocre y abrumado por las carencias. Que hasta ahora se haya mantenido funcional ha dependido más del esfuerzo e imaginación personal de sus integrantes, que del apoyo recibido de otros poderes e instancias.

El aparato de justicia del DF debe crecer y tener una línea clara de las reglas que lo animan, pero para ser útil a la ciudadanía. No se trata de crecer por crecer, como refiere el propio Elías Azar, quien advierte del peligro del gobierno de los jueces y de la judicialización de todos los aspectos de la vida nacional que por definición tienen que ser resueltas en el ámbito de la ciudadanía. Desde asuntos francamente modestos hasta diferendos electorales ahora pasan por el escrutinio final de los jueces, lo que no es sano. El Poder Judicial no debe sustituir la acción de la sociedad, sino intervenir en casos extremos; jamás ha de volverse norma.



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