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Julián LeBarón y Adrián LeBarón

¿Qué es un Estado de derecho?



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08 de mayo de 2011


¿Derechos? ¿Qué son ésos? Tal vez si pudiéramos preguntarle a los 40 mil muertos de la guerra contra el narcotráfico llorarían, o quizá les cause risa. Especialmente si desde donde estén puedan ver su cuerpo desmembrado y su cabeza en un cerco… cómo pensarán en derechos los amontonados en fosas clandestinas antes de dejar de respirar, o sus familias, cuando desaparecen, y su afecto y temor quedan en un limbo inconcluso e indefinido esperando en la incertidumbre que la siguiente fosa, los siguientes huesos puedan ser lo que al fin les dé tranquilidad; como es el caso de mi cuñado Alfredo, mi tío Raúl y miles de personas más que, por ser víctimas, se les estigmatiza con la crueldad doblemente ofensiva de suponer que son criminales, sin pruebas, ni juicio, ni razón.

Los temores y ambiciones de unos cuantos con complicidad ciudadana han hecho a su medida lo que llaman un Estado de derecho; el Estado de derecho de Juan Francisco Sicilia y sus amigos, el Estado de derecho de mi amado hermano y amigo Benjamín LeBarón y Luis Widmar, el Estado de derecho de las viudas y huérfanos, el Estado de derecho que le ofreció la sombra de las instituciones de Chihuahua a Marisela Escobedo y el Estado de derecho de Rubí Marisol, el Estado de derecho de los jóvenes de Salvárcar y el Estado de derecho de Paola Gallo, de Fernando Martí, de Hugo Alberto Wallace, de Etzel Maldonado y decenas de miles de asesinados más; el Estado de derecho que ha sobrepasado toda la verdad, al grado de ser insensible de infamia, genocidio, holocausto y vergüenza.

¿Cómo se piensa en derechos cuando un inocente bebé es asesinado dolosamente con tiro de gracia por la mala fortuna de estar con un familiar o en el lugar y momento equivocado?, como ha pasado en Creel, Ciudad Juárez y otros lugares, la “guerra contra el narcotráfico” parece bandera para justificar el asesinato, el secuestro, el robo y el pillaje: y cuando lo que va aumentando es el sentimiento de un estado de sitio y desolación entre la ciudadanía, se declara que vamos ganando.

O ¿cómo piensa en derechos un adicto que nunca ha robado, ni matado, ni ha secuestrado?, cuando en vez de ser comparado con un alcohólico o un fumador, es comparado con un asesino, un secuestrador o alguna cosa desechable.

¿Le podremos llamar Estado de derecho estar hasta 48 horas en una fila de un retén militar carretero con pocas personas revisando que no transporten los ciudadanos ni con qué defenderse, ni con qué sentirse bien, ni para uso doméstico ni para exportación?

La idea de derechos se ha reducido a un débil y efímero privilegio, subordinado a los caprichos de la violencia organizada como son los cárteles y la mal llamada “autoridad”, neopopulista, neoliberal o cualquiera, concentrada en personas que parecen incapaces de admitir errores, que se pelean como niños chiquitos por el poder económico y político con todas sus transas y despilfarros, justificando a capa y espada sus sueldos y posiciones con el 98% de impunidad, el 60% de la población en la pobreza, el monopolio de Estado en manos de una dictadura económica mal llamada “nacionalización”, que pone el precio que quiere a los gasolinazos, los caminos, las tarifas, los impuestos y un larguisísimo etcétera de paternalismos y fraudes, ésa es la violencia organizada que le entrega los mercados a corporaciones extranjeras y le llama tratado de “libre comercio” al poder autoritario de regular a su antojo los intereses de una ridícula minoría, nacional y extranjera, con lo que han creado de facto una inmensa economía informal y mercado negro con sus aledañas consecuencias de criminalidad, violencia desmedida y melancolía inexhausta, hasta ahora con la relativa complicidad de los ciudadanos.

¡Ya es tiempo de que esto cambie!

Javier Sicilia ha hecho un llamado a la nación desde la impotencia y dolor que sienten las víctimas. “Nos sentimos convocados por el clamor que se sintetiza en sus valientes palabras”. Está convocando a los mexicanos a superar el miedo y manifestar su desacuerdo con las incongruencias desastrosas de las políticas de Estado, es tiempo de retomar el rumbo de nuestro destino, el llamado es para los no-violentos que quieren activamente participar en la construcción de un México que le demuestre al mundo, pero más a nosotros mismos que somos capaces de una verdadera civilización.

soschihuahua@hotmail.com

Defensores de derechos humanos



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