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Manuel Gil Antón

El modelo de la UACM



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07 de mayo de 2011


Más allá del conflicto en la UACM, es necesario recordar algunos rasgos que la distinguen del resto de las instituciones de educación superior públicas del país. No son triviales. Sin comprender las concepciones que orientaron su fundación, es muy fácil simplificar los dilemas que enfrenta. ¿A quién le vas, con quién estás? De este modo se elude el análisis crítico de la UACM como un proyecto universitario valioso.

La UACM es autónoma en un sentido diferente que el de las instituciones que tienen ese mismo estatus. Sólo la UACM cuenta con una Ley de Autonomía; las demás obtuvieron Leyes Orgánicas. Si la autonomía significa que las instituciones han de gobernarse a sí mismas, la Asamblea Legislativa del DF cuando decidió que fuese autónoma, determinó que un Consejo Universitario, con participación amplia de los diversos actores de la institución, realizara la tarea que da inicio a la autonomía: decidir, ella misma, los órganos de gobierno, sus funciones, la modalidad de su selección o integración, y otras dimensiones normativas. Se concibió parte medular de la autonomía la capacidad de la institución para determinar las instancias de coordinación académica y gobierno.

Una Ley Orgánica, base de todas las demás universidades públicas autónomas en el país, es otra modalidad de establecer la autonomía, pues se acompaña de la estructura de gobierno que tendrán: se les da derecho para gobernarse a sí mismas pero de acuerdo con las disposiciones de los órganos de gobierno establecidos por la legislatura correspondiente, no por la universidad. Luego, en ese marco, cada institución ha conformado un Reglamento Orgánico.

Dada esta diferencia ha lugar a la pregunta: ¿es en realidad autónoma una universidad a la que se le otorga la capacidad de gobernarse pero se determina cuáles serán las instancias de gobierno, su jerarquía y funciones expresas?

Hay que tener claro que no es autoridad de la UACM ni la Asamblea o el Poder Ejecutivo de la ciudad, como tampoco lo son las legislaturas que expidieron las leyes orgánicas en las otras instituciones autónomas y mucho menos la SEP.

Otra innovación en la UACM, a nivel de la vida académica, ha sido separar a la evaluación que hacen los profesores en sus cursos -de naturaleza diagnóstica- de la acreditación del conocimiento logrado. La acreditación la realiza la sección universitaria encargada de un programa de estudios, para evitar lo que sucede en la gran mayoría de las instituciones universitarias: que el profesor, que imparte el curso, sea el que evalúa: la UACM distingue evaluación de acreditación, para evitar que el profesor sea juez y parte al calificar a los estudiantes que atiende. Se puede debatir al respecto, pero así ha decidido funcionar, e implica otros ritmos en la trayectoria de los estudiantes y urge la revisión de la adecuada sincronía entre asistir al curso y poder acreditarlo en un lapso adecuado.

Se instituyó que en la UACM se pagara un salario digno y suficiente a los profesores, mientras que en las instituciones alternas el ingreso deriva de una porción salarial insuficiente y otra por estímulos y becas derivados del cumplimiento y evaluación ¡del trabajo que hay que hacer! No se propusieron jerarquías entre los académicos: todos iguales, cuestión a revisar, me parece, para reconocer diferencias en los tramos y responsabilidades de toda trayectoria académica. Entonces, ¿por qué tanta atención y escándalo en relación con la UACM, y profundo silencio sobre los problemas de otras universidades? El factor ideológico es claro.

A 10 años de operación sería oportuna una evaluación seria. A mi juicio, dicha ponderación crítica ha de hacerse en el contexto de las características propias del modelo de la UACM. Indicadores que tienen fama, sólo eso, de ser universales, confiables y válidos no pueden ser la base para declarar que lo que se ha hecho es un fraude. Tal declaración no ayuda al ejercicio serio de la crítica. Hay rasgos de la UACM que enriquecen las modalidades universitarias en el país. Hay que tener cuidado: tirar al niño junto con el agua de la bañera no tiene sentido.

Profesor de El Colegio de México



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Editorial EL UNIVERSAL Libertad de expresión y democracia


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