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Rosaura Ruiz y Ricardo Noguera

La fotografía 51



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07 de febrero de 2011
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Siempre será necesario volver la mirada a la historia para comprender mejor las problemáticas que nos aquejan, para encontrar, en sus vetas, nuevas vías por las cuales transitar hacia su solución. Para rendir homenaje a las mujeres que han sido relegadas de la historia oficial, para hacer visibles episodios que han marcado a la ciencia a lo largo del tiempo, hemos decidido “peinar la historia a contrapelo” e iniciar, con este texto, una serie de artículos sobre el papel que las mujeres han tenido en la construcción del conocimiento científico.

Cada vez estamos más familiarizados con palabras como genes, enfermedad genética u organismos transgénicos; todos ellos conceptos generados dentro del campo de las investigaciones biológicas relacionadas con la molécula de ADN (ácido desoxirribonucleico), cuyo descubrimiento, uno de los más grandes de la ciencia moderna, ha permitido que la biología experimente un desarrollo impresionante en las últimas décadas.

La historia de ese descubrimiento suele ubicarse en el trabajo que J. Watson y F. Crick publicaron en la revista Nature en 1953. Ambos, junto con M. Wilkins, recibieron el premio Nobel en 1962. Sin embargo, una mujer casi desconocida y pocas veces asociada al descubrimiento del ADN contribuyó de manera fundamental a la construcción de este conocimiento.

Un evento trascendental desencadenó la serie de acontecimientos sobre el trabajo de Watson y Crick; nos referimos a la Fotografía 51, nombre de la primera imagen del ADN obtenida en 1952 por Rosalind E. Franklin mediante difracción de rayos X y, en nuestra opinión, la evidencia clave para identificar la estructura tridimensional de la molécula de ADN.

Rosalind Franklin nació el 25 de julio de 1920 en Londres. En 1938 ingresó al Newnham College de la Universidad de Cambridge, lugar exclusivo para mujeres y que, al igual que otros colegios de Oxford y Cambridge, no consideraba a las alumnas como integrantes de la Universidad. Ahí obtuvo un grado nominal, sin poder alcanzar, por ser mujer, el grado académico oficial. No obstante, en 1945 obtuvo un doctorado en química en la misma Universidad. Poco después fue contratada en París como investigadora del Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado, donde demostró gran experiencia con las técnicas de cristalografía de Rayos X. A su regreso a Inglaterra se incorporó a la Unidad de Biofísica del King’s College donde se aplicaban técnicas físicas, principalmente la cristalografía de rayos X, al estudio de moléculas biológicas relevantes, entre ellas los ácidos nucléicos. Fue ahí donde obtuvo unos patrones de difracción y la imagen más clara obtenida hasta entonces de la molécula de la herencia, el ADN: la fotografía 51.

Watson y Crick sabían que Rosalind estaba trabajando con ADN pero ella no les daba los resultados que estaba obteniendo, seguramente temiendo lo que luego ocurrió, que no le dieran el crédito correspondiente. Wilkins le mostró a Watson la fotografía y el informe que Rosalind había elaborado; ambos fueron una contribución fundamental para entender la estructura del ADN y poder elaborar el modelo.

El modelo, que después construirían Watson y Crick consiste en dos cadenas paralelas de nucleótidos que giran hacia la derecha y forman una doble hélice, con esa estructura se explica la replicación del material genético y la posibilidad de mutación, ambos procesos fundamentales en los mecanismos de la herencia y por lo tanto de la evolución.

Rosalind Franklin no recibió el Nobel como sus colegas varones. Murió de cáncer en 1958, probablemente debido a sus trabajos con rayos X.



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