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María Teresa Priego
Marguerite o la Aimée de Lacan, y su hijo Didier Anzieu
21 de agosto de 2010
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2010-08-21

En 1931, Marguerite Pantaine atacó con un cuchillo a la actriz Huguette Duflos, quien no la conocía. Deliraba, se vivía perseguida; dos pánicos la atormentaban: que asesinaran a su hijo Didier, y que “le robaran sus ideas”. Mandaba cartas al príncipe de Gales denunciando a sus perseguidores. Acusaba a Pierre Benoit de arrebatarle sus experiencias para escribir sus obras. Fue internada en el hospital Saint Anne. Allí conoció a Jacques Lacan. El psiquiatra la “trató” durante un año. Marguerite escribía novelas que no lograba publicar. Anhelaba ser “mujer de letras”. Le entregó sus manuscritos a Lacan.

Lacan jamás le regresó sus escritos. Le “regresó” en cambio una tesis sobre la paranoia de auto-castigo, que se convirtió en un clásico. Marguerite no la leyó. “A mi paciente la llamé Aimée, era verdaderamente conmovedora”, Lacan citado por Jean Allouch. “Es él quien terminó por imponerle a la posteridad, la historia de un caso que se convirtió en más verdadero que el destino de una mujer”, E. Roudinesco, en Jacques Lacan.

Me fui de bruces ante el libro de Allouch: Marguerite o La Aimée de Lacan. 600 páginas que siguen minuciosamente los datos de la vida de Marguerite y la tesis de Lacan y su muy personal versión de su paciente, Aimée. Lacan se fascinó con Aimée y con lo que su “locura” podía aportarle en tanto que aprendizaje y análisis de la psicosis. Allouch se fascinó con Marguerite, forzada por el célebre psiquiatra a convertirse en Aimée.

¿Por qué cada persona elige lo que elige?, ¿Cuáles mecanismos nos llevan a elegir? Las personas que amamos, la forma en que vivimos, el oficio, las causas, los temas que nos convocan u obsesionan. ¿Por qué nos identificamos con una persona?, ¿Por qué nos conmueve lo que nos conmueve?

¿Qué llamó a Allouch hacia Marguerite, con tal fuerza?, ¿Deshilvanar las palabras del Maestro? Allouch va más allá en su ternura y su compromiso con esa mujer a quien no conoció: intentar regresarle a Marguerite lo que es de Marguerite y a Aimée, lo que le toca a Aimée. Devolverle su realidad a una mujer cuya realidad le fue doblemente arrebatada: Primero por su delirio, después por las palabras de un genio que la eligió y la convirtió, como Pigmalión, en su personaje. Aimée era el nombre del personaje de una novela de Marguerite. Ella que temió tanto que “le robaran sus palabras”.

Marguerite vivió más de diez años de psiquiátrico. Para su liberación tuvo que ir a tribunales. El hijo creció separado de su madre. Se convirtió en psicoanalista. Didier Anzieu, insertó dolorosamente y a fuerzas en la historia del psicoanálisis: el hijo de “la loca” elegida/¿amada? por el Maestro, regresó a colocarse con su nombre propio en el mismo territorio que su historia le había asignado: el del daño interior. Pero le dio la vuelta a su “herencia”. No sin un sincrónico avatar: llegó al diván de Lacan, sin saber que, 20 años antes, había sido psiquiatra de su madre, sin saber que por Lacan, existía una “otra” de Marguerite: El “caso Aimée”.

Roudinesco, en La historia del psicoanálisis en Francia, describe su plática con Anzieu: “El recuerdo de su madre lo lleva a interesarse en la psicología. Cuatro años después inicia una cura con Lacan, ignorando que Aimée lo había precedido”. Lacan no lo reconoció como el hijo de Marguerite. “Anzieu se entera de la verdad gracias a una conversación con su madre, que le habla de su relación con los psiquiatras de la época. Anzieu se precipita a las bibliotecas y descubre un pasado que le pertenece y del que ignoraba lo esencial”. Cuando confronta a Lacan, éste dice que supo la verdad “durante la cura”. Roudinesco pone en duda a Lacan: ¿Seguiría buscando a Marguerite/Aimée?

“Decidí convertirme en psicólogo: me hacía falta, en medio de cierta soledad, asumir serlo. Mi autobiografía inconclusa comenzaba así: ‘Soy un mal amado, hijo de mal amados’”. Y sin embargo. El hijo de esa mujer que pasó a la historia del psicoanálisis por un sufrimiento tan invasor, que la llevó al delirio, escuchó toda su vida el dolor de los otros. Y el suyo. No pudo recuperar los manuscritos de su madre. Escribió libros: Crear/destruir, El yo piel. ¿Su infancia fue destino? De alguna forma sí. Sólo que logró tomar al “destino” por los cabellos y trastocarlo. Lo logró Anzieu. Crear y no destruir.

Escritora

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  Acerca del autor

Tabasqueña. Feminista (tendencia retro) Estudió Letras en la Universidad de Monterrey. Diplomado en Historia del Arte en Roma. Maestría en Estudios de lo femenino en París VIII. Traductora. Vivió en Suiza y en Estados Unidos.

Integrante del Comité Editorial de Debate Feminista. Fundadora del Instituto de Liderazgo para Mujeres Simone de Beauvoir. Divanera compulsiva. Aprendiz de psicoanálisis. Fóbica del avión. Los elevadores y la vida social intensa. Es muy feliz en las bañeras, los mares, los ríos, las lagunas y la lluvia. La existencia de Plutón, es su más rotunda certeza científica.

Autora del libro de cuentos Tiempos oscuros. Cuentos en antologías de Cal y Arena. Planeta y en Debate Feminista.

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