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Luis Zambrano

Las lluvias, la ciudad y la Supervía



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01 de agosto de 2010
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En época de lluvias, el agua se nos presenta como el enemigo. Pero se nos olvida que la Ciudad de México está en un ecosistema que necesita de las lluvias. Ese ecosistema es un lago. Este lago reacciona en tiempos más largos que los sexenales y en áreas más amplias que las demarcaciones delegacionales. Por lo que es difícil entender que los problemas que le atribuimos a las lluvias, vengan de una mala planeación urbana.

Un ejemplo es el desarrollo de Santa Fe que fue promovido hace más de 20 años por Camacho Solís. Desde el inicio fue una mala idea. Los terrenos de la zona son blandos y empinados y el acceso es limitado. Pero el problema más importante es que, la urbanización de Santa Fe, reduce la infiltración en el acuífero en una de las zonas de la ciudad donde más llueve.

El acuífero de la ciudad está sobreexplotado. Extraemos el doble de agua de la que se infiltra. Esta sobreexplotación repercute en la escasez de agua y tenemos que importar 30% del agua que consumimos. La delegación que más sufre es Iztapalapa, donde, constantemente se quedan sin agua más de un millón de habitantes. La sobreexplotación también produce hundimientos en toda la ciudad. Chalco se hunde cerca de 40 centímetros por año y eso provocó las inundaciones de febrero. Así, el agua de lluvia que cae en Santa Fe se va al drenaje profundo, previa inundación en Chalco, en lugar de infiltrarse para beneficio de Iztapalapa.

Puesto que el ecosistema lacustre es una compleja maquinaria con muchas piezas involucradas, Santa Fe no es la única causa de los problemas de agua en la ciudad. Pero el manejo del agua es crítico, por lo que evitar la urbanización en las pocas zonas que captan agua, debe ser una máxima en las políticas de la ciudad. Ajeno a esto, la visión sexenal del Gobierno de la Ciudad se enfoca en sólo un árbol, y no en el bosque.

La supervía propuesta por el gobierno y las empresas Copri-OHL, encaja en esta visión sexenal. Desde hace más de 30 años, muchas ciudades ya no construyen este tipo de vías porque su efecto positivo en el tráfico dura menos de un año, pero su efecto negativo en la ecología y la convivencia social, es más largo. Por eso, ciudades como Boston y Bogotá las han destruido.

En particular, esta supervía promoverá la urbanización de áreas verdes fundamentales para la captación de agua. Ligados a la supervía, están los planes de desarrollo de la “Biometrópolis” en un bosque cerca de la salida al Ajusco, y el “acuario más grande de Latinoamérica” en Xochimilco. Para este tipo de desarrollos, la Asamblea Legislativa acaba de cambiar la Ley de Desarrollo Urbano, que deja en indefensión tanto a la naturaleza como a los ciudadanos, de los voraces intereses de los desarrolladores y los líderes invasores.

Todas estas construcciones se disfrazan de “ecologistas”. La Secretaría del Medio Ambiente se ufana de que estas construcciones cuenten con pozos de captación de agua para mitigar el efecto en el acuífero y con invernaderos que repondrán los árboles que van a destruir. Pero estas mitigaciones pueden generar más problemas que soluciones. Por ejemplo, aun con filtros, los pozos de infiltración son el paso directo de agua contaminada al manto freático. La reforestación con plantas de invernadero producirán bosques con poca variabilidad genética y desplazarán a las plantas nativas sobrevivientes, reduciendo aún más la biodiversidad de la ciudad.

Puesto que este lago reacciona globalmente a efectos locales, ninguna medida de mitigación en estas zonas de captación será suficiente, porque ninguna ganancia económica podrá compensar los graves problemas de agua y de clima que se generarán en años futuros. Esto empeorará con el cambio climático que produce lluvias más intensas, y sequías más prolongadas.

Los problemas de movilidad no se solucionan con más carros circulando, sino moviendo más personas. Existen ya varios proyectos que proponen solucionar movilidad a Santa Fe, utilizando transporte público de calidad.

Si queremos que nuestros hijos sigan viviendo aquí, los capitalinos tenemos que defender a la naturaleza de políticos con visión sexenal, aliados con empresas desarrolladoras. Ellos nos señalan sólo un árbol, pero atrás están destruyendo todo el bosque.

Analista



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