Hace un par de días ofrecí una conferencia sobre desarrollo sustentable, por gentil invitación del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, a los miembros de ese instituto. No había tenido antes la oportunidad de hablar sobre estos temas a un grupo de profesionistas responsables de los aspectos financieros de las empresas. Fue una agradable sorpresa palpar tanto el interés de estos profesionistas por el tema, como que un buen número de ellos ya están adentrados en el tema y tienen una preocupación al respecto.
Les quedaba claro que el desarrollo sustentable involucra, además de los aspectos ambientales, elementos sociales y económicos. En este sentido, hice énfasis en que si bien los tres pilares del desarrollo sustentable son el económico, el social y el ambiental, este último es la base para que los otros dos puedan desarrollarse adecuadamente. Igualmente en el hecho de que el desarrollo económico no puede ocurrir sostenidamente si el componente ambiental de un país está seriamente afectado, casi siempre como resultado de un crecimiento económico que no ha tomado en cuenta las consecuencias ambientales del mismo.
Fue también interesante constatar, entre un grupo de los asistentes a la reunión, que el concepto de patrimonio natural del país debe considerarse como un capital y un componente de la valuación del desarrollo nacional, de manera comparable a como se usan los capitales financiero, de infraestructura, social y otros.
Algunos elementos discutidos en la presentación resultan de la evaluación de los ecosistemas de México que Conabio coordinó (Capital Natural de México, 2009) y que se pueden consultar en la síntesis para tomadores de decisiones de la obra, (http://www.biodiversidad.gob.mx/pais/CapNatMex/.html). Uno importante es que una de las conclusiones del estudio —realizado por 750 expertos mexicanos y 220 instituciones del país— fue que la idea de la incompatibilidad entre la preservación o el uso sustentable de nuestro patrimonio natural y el desarrollo del país es una falacia, propuesta por quienes tienen otros intereses diferentes a los del futuro viable del país.
También se mencionó el hecho de que al transformar los ecosistemas para obtener un beneficio (v.g. tirar una selva para plantar un cultivo) no hemos sabido evaluar la transacción entre el servicio que obtenemos (es decir alimento o fibras) en relación con la pérdida de los servicios que el ecosistema alterado prestaba a la sociedad (captura de agua de lluvia, captura de CO2, retención de suelos, etc.). Éste es un balance que empieza a tomarse en cuenta en algunos países europeos pero que es esencial para decidir cómo mejor desarrollar a un país y una sociedad.
Finalmente, un ejemplo más de los asuntos tratados fue la necesidad de incorporar en las cuentas nacionales las pérdidas del capital natural (bosques, selvas, suelos, capacidad de captura de agua, etc.) en las cuentas nacionales y en el cálculo del PIB nacional. La mayor parte de los PIB nacionales del mundo se tornan negativos cuando se usa este criterio. De la misma manera, la necesidad de valorar los costos ambientales de los productos de las empresas para las que trabajan los ejecutivos de finanzas y también de empezar a utilizar criterios de evaluación financiera y bursátil de las empresas como lo están haciendo ya diversos sistemas de bolsa en el mundo tales como Dow Jones de EU, Bovespa de Brasil, FTSE 4 Good (G.B.) y el que la BMV de México está desarrollando para el país, lo cual es espléndido.
Buena reunión, alentadora por la percepción de este grupo de profesionistas mexicanos de cómo moverse en México hacia el desarrollo sustentable.
jose.sarukhan@hotmail.com
Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM