Construir ciudades pensadas en las personas que las caminan debe ser prioridad en la agenda de toda ciudad si la misión es ofrecer oportunidades de vida equitativas. Así, la calidad de sus calles debe ser inherente a opciones democráticas y saludables de movilidad y sociabilidad. En una sociedad como la nuestra, donde la mayoría de la población caminamos, es de suma importancia revertir el concepto del que la camina como sujeto de clase inferior hacia una visión positiva y pro-activa del mismo. Para esto se deben crear políticas que apoyen la construcción de ciudades incluyentes con tendencia de transformación hacia una sociedad más accesible.
Hoy caminar se ha vuelto una actividad casi imposible de realizar en la mayoría de las ciudades mexicanas que, como muchas, han vivido un desarrollo descontrolado y rápido, generando ambientes hostiles. Frente a la desmedida expansión urbana, las opciones de movilidad y de acceso a las actividades cotidianas han promovido el “crecimiento” de una sociedad orientada al automóvil; el abandono de los espacios públicos como ambientes activos y de integración social y la proliferación de espacios excluyentes han creado ciudades a las que sólo se puede acceder en coche, y ambientes inseguros y aburridos para l@s que nos gusta recorrerlos a pie.
Caminar como medio de transporte, en la mayoría de los casos por necesidad, se ha convertido en una tarea suicida. Tan sólo en la ciudad de México se mueren 3.6 peatones al día. El “ordenamiento” que nos reparte y segrega como población genera infraestructuras que amplían el espacio vehicular sobre el peatonal sin que se resuelva el problema de movilidad y accesibilidad. Las calles sufren un creciente congestionamiento, y con éste, el número de accidentes.
La falta de conciencia cívica y de prioridad peatonal en la planeación de opciones de movilidad, hace que en ciudades como la de México, donde sólo 30% de la población tiene automóvil y ocupando 20 veces más del espacio público para movilizarse que el peatón (30 y 1.5 metros cuadrados respectivamente), las condiciones en términos de gasto y tiempo porcentual por tipo de viaje sean completamente inequitativas para el 70% restante.
Se estima que los viajeros en transporte público, que reciben entre uno y tres salarios mínimos, gastan 13-25.4% de su salario en transporte; mientras que los que ganan a partir de cuatro salarios mínimos gastan menos de 10% de su sueldo.
Las ineficientes opciones de movilidad para los peatones se formalizan en todas las escalas y en soluciones temporales, donde más de la mitad de los 632 puentes peatonales en la ciudad de México, por ejemplo, no son usados: “subir para bajar” en condiciones de inseguridad, de poca conectividad entre espacios, y su pésima calidad arquitectónica, obliga al peatón a condicionar sus trayectos y arriesgar su vida en favor de los automóviles.
Las condiciones para caminar por placer en un ambiente de calidad urbana pintan un panorama igual de pesimista. Prácticamente fuera de centros comerciales, caminar se ha convertido en un terrible esfuerzo: no hay continuidad, la calidad ambiental, física y social es baja y no existe posibilidad de interacción sana y segura.
Las calles han dejado de ser pensadas como espacios públicos: espacios dinámicos de intercambio; espacios donde l@s que caminan pueden caminar. Las cada vez más limitadas dimensiones y condiciones de los espacios peatonales indican la pérdida de cualidades sociales de la calle.
Caminar donde la constante son rampas de acceso para vehículos, casetas telefónicas y postes de luz en medio de la circulación peatonal está muy lejos de ser una actividad social. Las banquetas, donde si existen, han dejado de jugar un papel integral dentro de la planeación de espacios públicos.
Paso a paso: frente a la complejidad de subsanar vicios y patrones de “desarrollo” sociales, económicos y medioambientales, las acciones deben dirigirse a estrategias puntuales que a una escala micro permitan identificar cambios y catalizar transformaciones, para así en un nivel más amplio y teórico, replantear el crecimiento de las ciudades hacia ciudades más accesible para tod@s.
Esto implica promover políticas urbanas que prioricen los derechos de ocupación y de activación de los espacios públicos, siendo la calle el espacio de encuentro de tod@s.
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Programa de Liderazgos Progresistas
de la Fundación Friedrich Ebert en México