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México D.F., a 25 de marzo de 2010 | 4:52 PM

Rodolfo Neri Vela
25 Aniversario de México en el Espacio (11) y el WC de las estrellas
15 de marzo de 2010
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2010-03-15



acuario1952@prodigy.net.mx

Al terminar de saborear mi café con su correspondiente popote espacial, consulté mi bitácora de vuelo para verificar la hora en la que debía iniciar el experimento de la germinación de semillas. Las instalaciones dentro del orbitador son tan limitadas que todo se tiene que hacer a la hora programada, ni una hora antes ni una hora después. Es necesario optimizar el volumen de trabajo disponible, la electricidad y muchas otras cosas, así que cada astronauta debe estar muy pendiente de la secuencia de todas sus actividades. Faltaba un buen rato para que yo tuviese que iniciar el experimento. Fue afortunado, porque precisamente apareció una familiar sensación en mi estómago que me estaba avisando o alertando que era hora de rendirle cuentas a la Madre Naturaleza y visitar, irremediablemente, ese recinto tan especial donde a veces florecen extraordinarias ideas y pensamientos: el WC.

A lo largo de mi vida he dado cientos y cientos de conferencias, para diversas edades y profesiones, y nunca ha faltado alguien que pregunte tímidamente, al final de mi presentación, con cierto rubor y en voz baja, cómo le hace uno para ir al baño en condiciones de ingravidez. De inmediato observo mucho interés del público por conocer la respuesta a esa pregunta prohibida, casi tabú y en contra de las buenas costumbres, que alguien formuló, para beneplácito de los demás, aunque con cuidado y discreción: “Doctor, ¿cómo hacen sus necesidades fisiológicas?” Bueno, en realidad hay muchas necesidades fisiológicas, como dormir, comer, respirar, hacer el amor -otra pregunta tabú del siglo XXI-, etc., pero obviamente se refieren a cómo ir al baño. Y yo les respondo, con mucho gusto, que para mayor claridad didáctica, vamos a hacer una demostración sobre una silla, con participación colectiva, y que todos imaginen que están en la ingravidez, flotando como globitos humanos y que deben cumplir con el obligado ritual que a algunos asusta mencionar, como si no fuesen humanos o nunca tuviesen esa “necesidad fisiológica”. No todo en la vida son experimentos y ciencia pura.

Así que, en nuestra columna de hoy, invito a todos los lectores que realicemos una visita imaginaria o virtual a ese aparato que resulta tan necesario en todo viaje cósmico y que es una maravilla de la ingeniería. Lo primero que deben hacer, queridos lectores, es recordar que todo flota en la ingravidez, y que por lo tanto hay que tomarse su tiempo y tener cuidados extremos si no quieren ser impopulares durante el resto de su travesía orbital. Repito: aquellos que, a pesar de ser humanos, nunca tienen ese tipo de necesidades o se horrorizan de que yo tenga el atrevimiento de hablar “de esas cosas” en esta respetable columna, absténgase de continuar su lectura. Bajo advertencia, no hay engaño.

El WC tiene una forma más o menos parecida a la de un modelo terrícola, ya sea estándar o de lujo. La principal diferencia es que no tiene agua en su interior. Imagine usted una “taza” -no la de café- totalmente seca. En ella se va a sentar usted, con cierta dificultad, porque usted está flotando y con las manos y los pies tendrá que ayudarse a descender sobre el aparato y hacer contacto. Cuando lo logre, si no hace lo que indicaré a continuación, se volverá a ir para arriba, y a lo mejor el tiempo apremia. Pues bien, cuando haga contacto y esté en posición de sentado -es mejor en masculino, porque las damas, al igual que las reinas europeas y las mujeres astronautas, sólo van a polvearse al tocador– encontrará a ambos lados de su cadera una especie de bastón cuya parte vertical está oculta en el WC. Jalará hacia arriba la parte superior de cada bastón, la girará hacia el interior de su vientre, y la dejará caer -tiene resortes para ejercer presión- sobre cada muslo. Enhorabuena, ahora sí está firmemente adherido al aparato. Pero todavía no puede hacer nada, porque recuerde que está en la ingravidez, y sus piernas estarán flotando hacia delante, lo cual resulta inconveniente para la actividad que pretende realizar. Por ello, encontrará al frente y en la parte inferior una pequeña plataforma donde colocará sus pies -como si el bolero le fuera a dar servicio de calzado- y enrollará sus tobillos con las correas de velcro -ese maravilloso material multiuso- que convenientemente están ahí. Ahora sí ya está quietecito, pero antes de encender el aparato, debe tomar una manguera que está al centro y al frente; el extremo inicial lo colocará donde usted crea conveniente, de modo que por ahí se vayan sus dorados líquidos. A continuación, apretará los botones para encender el aparato, que de pronto se transformará en una poderosa aspiradora, tanto por el lado de la “taza” como por el de la manguera. ¡Ah…! Mientras usted siente un gran alivio en este mueble fantástico y prodigioso, en posición similar a El Pensador, del gran escultor Augusto Rodin, tendrá el privilegio de poder ver las estrellas por una ventana cercana y, probablemente, encontrar inspiración sobre las razones de su existencia y las acciones a seguir. ¡Felicidades!

 

 

 

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iclown
2010-03-19|13:01
zapopan
Esto mas que ser un comentario es un pregunta donde puede comenzar a leer desde el primer blog, ya que lo intente y solo regresa hasta el 8!!Felicidades por este espacio realmente muy interesante y de gran aporte!!

Escopas
2010-03-17|17:01
Mexico
BUENO. Lo que Neri NO profundiza, es que si le ganara las ganas e hiciera sus necesidades en gravedad cero, por la tercera Ley de Newton (acción y reacción), al hacer el esfuerzo, el producto sale por un lado (manchando todo) y ud. sale disparado por el otro lado (como cuando se dispara un revolver donde hay un retroceso del arma) con posibilidad de dañarse la cabeza si ud. hizo mucho esfuerzo. Por lo que hay que agradecer a aquellos ingenieros que diseñaron adecuadamente el wc, maravilla de finales del s. XIX. Solo un dato, la primera persona en estrenar por primera vez un WC fué la Reina Victoria de Inglaterra. Así que tuvo un inicio noble para algo NO TAN NOBLE. Abur!

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