AEn diciembre de 2009, se celebró en Copenhagen, Dinamarca, la Conferencia de las Partes número 15 sobre cambio climático (COP 15 por sus siglas en inglés). La próxima será en Cancún, México este año. Estas conferencias se celebran anualmente desde 1995 y tienen como propósito dar seguimiento a la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, creada en la Cumbre de la Tierra de 1992 y que entró en vigor en 1994, y que tres años después, en 1997 sentó las bases para el Protocolo de Kioto (el primer acuerdo vinculante que reconoce la necesidad de controlar las emisiones de gases efecto invernadero para evitar que el equilibrio del clima en el planeta se rompa). Para muchos, este protocolo que tiene un primer periodo hasta 2012 y que entró en vigor en 2005 fue demasiado tarde y no responde a la realidad actual. En 2007, se acordó un Plan de Acción en Bali para financiar, mitigar y adaptarse a las consecuencias, y sentar las bases para el segundo periodo del protocolo después de 2012. Durante el año pasado, la COP 15 representó un reto para lograr un acuerdo vinculante que ayudara a la reducción de emisiones, para limitar el calentamiento global en 1.5 grados centígrados y la reducción al 80% de las emisiones para el año 2050. Finalmente, los líderes mundiales no pudieron comprometerse en un acuerdo con metas claras para garantizar la supervivencia ni de nuestras siguientes generaciones ni de los países más afectados como Tuvalú, Bangladesh o las Maldivas, islas del Pacífico en donde sus habitantes enfrentan cada tarde la inundación de su país y de sus pozos de agua y que, sin acciones adecuadas como las que se esperaban en la COP 15, tendrán que salir de su país como refugiados ambientales. A cambio, los principales emisores de gases efecto invernadero crearon el “Acuerdo de Copenhague” que representa un retraso a las negociaciones como nunca antes, ya que es una carta de intención que no obliga a quienes más contaminan a cumplirlo, no tiene fechas límites, ni detalles acerca de cómo o de dónde vendrán los fondos para mitigar los efectos del cambio climático. La esperanza no está en los gobiernos, sino en las generaciones más jóvenes ya que más de la mitad de la población mundial es joven y aunque enfrentamos pobreza, desigualdad y condiciones de desempleo históricas, también representamos la flexibilidad para adoptar nuevos paradigmas. Hoy más que nunca estoy convencida de la frase del excanciller alemán W. Brandt que decía: la cooperación internacional es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los gobiernos. La batalla contra el cambio climático está siendo librada por personas (mayoritariamente jóvenes) que tienen iniciativas novedosas y que intentan contribuir a la construcción de un mejor futuro. Esta vez más de mil jóvenes, en la conferencia oficial, estuvieron haciendo uso de las tecnologías, discutiendo, bloggeando, reuniéndose con los delegados de sus países, pidiendo la inclusión de los jóvenes en el desarrollo de políticas públicas encaminadas a combatir el cambio climático. Ésta es la primera vez que la participación juvenil es tan grande. Esto es una batalla ganada para los jóvenes de todo el mundo. Desafortunadamente de éstos, alrededor de 200 venían del sur global. Esto supone un desequilibrio en sí, ya que el 80% de la población juvenil se encuentra en países pobres. Ello es representativo del poco interés que, en países como México, se le pone a temas como el medio ambiente y la juventud. En este sentido, nuestro siguiente reto es integrar a más jóvenes del sur global y garantizar su efectiva participación en México para la COP 16. No puedo ser optimista respecto a la voluntad política de los gobiernos para combatir el cambio climático, sin poner por delante sus intereses económicos. Soy parte de una generación que ha vivido y que enfrentará los efectos del cambio climático. Y he sido testigo del fracaso más grande para combatir este fenómeno. Los ciudadanos del mundo debemos adelantarnos a nuestros gobiernos y así garantizar un mejor futuro para las siguientes generaciones. Ya es tiempo. Programa de Liderazgos Progresistas de la Fundación Friedrich Ebert en México |