Hoy exactamente hace tres años empezó el gobierno de Felipe Calderón con una gran polarización social y después de un severo conflicto electoral. La primera mitad del sexenio ha sido extremadamente complicada, pero este año que termina ha llegado al extremo y, quizá, podrá pasar a la historia como un periodo en el que varias crisis, de forma simultánea, tejieron un nudo complicado de deshacer: la crisis económica, la influenza A H1N1, la sequía, la crisis de seguridad. Al mismo tiempo, el país sigue funcionando, hubo elecciones institucionales, las cámaras del Congreso sesionan, a pesar de la incapacidad de muchos de sus legisladores de pensar el país más allá de sus intereses inmediatos. Hay una extraña mezcla entre crisis y normalidad. Frente a este panorama la imagen del gobierno ha bajado y, en la mayor parte de los indicadores de opinión y de percepción, Felipe Calderón está reprobado. La última encuesta de GEA-ISA (noviembre 2009) presenta datos contundentes de la caída: la expectativa económica es completamente pesimista, para 54% de los ciudadanos la situación es mala; respecto a 2008, 50% dice que está más mal y, para el próximo año, 42% dice que será peor. El principal problema del país es el económico para la mitad de la población y sólo 34% dice que la seguridad es el principal problema. Cuando empezó este sexenio, sólo 36% miraba a lo económico como principal problema. El índice de desaprobación del Presidente ha crecido desde 19%, en diciembre de 2006, a 34% a fines de 2007, dos puntos más en 2008 y ahora llega hasta 46%; por otra parte, sólo 52% aprueba a Calderón; la opinión desfavorable es de 48% contra 40% favorable. La encuesta de EL UNIVERSAL (30/XI/09) muestra tendencias muy similares. Cuando se desagregan los indicadores de gobierno sólo una minoría de 18% considera que Calderón tiene mucha capacidad para gobernar, está preocupado por el bienestar, es capaz de resolver problemas o respeta la legalidad, y sólo 15% lo considera muy honrado. De la misma forma, sólo una minoría de 27% considera que cumple con el compromiso de combatir la pobreza, 21% cree que cumple con crear empleos y 39% dice que cumple con dar más seguridad. El indicador más alto de logro es la seguridad y los operativos para combatir el narco tienen una aprobación de 74%. A pesar de ello, cuando se pregunta si la “guerra” contra el narco es del gobierno o del pueblo, 46% la considera del gobierno y sólo 25% cree que es del pueblo. El 75% está por que esta lucha siga por tiempo indefinido. El gabinete presidencial está rotundamente reprobado: lo aprueba 38% y lo reprueba 54%; el restante 8% no tiene respuesta. En marzo de 2007 estas cifras estaban invertidas. Un dato relevante es que la responsabilidad por la crisis económica y sus secuelas ya no se debe mayoritariamente a razones externas (44%), sino a decisiones del gobierno (50%). En la medición que hizo GEA-ISA en agosto pasado estas cifras estaban invertidas: 54% consideraba que la responsabilidad era externa y sólo 39% por decisiones internas. En esta lógica, 63% considera que las acciones del gobierno frente a la crisis han sido insuficientes. Sobre el paquete económico, 51% considera que se verá muy afectado por el aumento de impuestos; 72% dice que el gobierno tiene suficiente dinero y 74% señala que debe recortar el gasto. Una de las decisiones de las que Calderón parece que está más orgulloso por “haberse atrevido a tomarla”, es el cierre de Luz y Fuerza del Centro; sin embargo, la percepción ciudadana tiene una respuesta polarizada: en el país la aprueba 46% y la reprueba 44%, y en la zona de operación de LyFC la desaprobación sube a 51% y sólo 38% la aprueba. El balance político expresa el desplome del panismo y la recuperación del PRI, como expectativa de buen gobierno. Realmente qué poca memoria hay en México, independientemente de cómo hayan gobernado el PAN y el PRD. La izquierda ha estado muy disminuida después de 2006 y quién sabe cuánto tiempo pase para que se recupere. La expectativa de voto para 2012 favorece al PRI con 35%, el PAN con 19% y el PRD con 12%, pero falta mucho tiempo. Sin duda, llegamos a la mitad del sexenio en condiciones muy difíciles, con un gobierno mal evaluado y expectativas muy pesimistas sobre el futuro inmediato. Faltan tres años que se anuncian complicados y con un futuro incierto, tanto para el país como para el gobierno. Veremos qué sucede con el anuncio de las reformas que propone Calderón… Investigador del CIESAS |