Puede ser que usted se haya formado la idea de que, ante la aprobación de la Ley de Ingresos con una cascada de nuevos impuestos que le auguran un panorama de miserabilización peor que la que hoy sufre, nada es posible. Tal sentimiento de indefensión fue propósito principal con el que fue a las elecciones del 5 de julio el PRIAN, dictadura legislativa, bajo violento mando derechista.A estas fechas ya nadie dudará que el objetivo de esa dualidad funesta al desatar una inmensa campaña mediática contra los partidos y fuerzas sociales democráticas, en primer lugar contra el movimiento que rechazó el desafuero del jefe del gobierno del D.F, era la destrucción de la izquierda en general. En abril afirmamos en la Plataforma Constitucional de izquierda: “El grupo en el poder ha planeado para México un proyecto que excluye a las fuerzas democráticas representativas de la mayoría del pueblo pobre del país... poniendo en grave peligro las instituciones forjadas en luchas históricas del pueblo mexicano”. Antes y después de las elecciones todo se valió para combatir a la izquierda: desde los videoescándalos, hasta la campaña del miedo que atribuyó a López Obrador ser “el peligro contra México”, pasando por el uso de los enconos de las elecciones internas y las cínicas intromisiones de Vicente Fox alcahueteadas por el Tribunal Electoral. Pero todo ello no dio aún el triunfo a la derecha, y debió acudir al fraude y al apoyo militar para imponer un gobierno ilegítimo. Tres años de restauración de la estructura corporativa y de consolidación de la nefasta mancuerna, fueron necesarios —sobrepasado por lo pronto el obstáculo izquierdista— para arribar con cierta confianza a las elecciones intermedias. Pero los echa de cabeza la resurrección corporativa del PRI y la aparición de ambos como mancuerna para abrochar, ya sea puños, bueyes o grupos parlamentarios. Hoy, esos insolentes “legisladores”, sintiéndose dueños del escenario político se han lanzado juntos a la aventura de cargar de impuestos y rodear de inseguridad social y económica a los sectores pobres y medios del país, pues ya el coordinador priista les dijo: “en cualquier democracia las diferentes visiones de país tienen que complementarse” Otro priista notable, Francisco Labastida dio públicas disculpas: “Votamos algo que no está bien: aprobamos aumentos al IVA, al ISR y dimos beneficios adicionales a las grandes empresas, ¡pero era el mal menor!”. Era una insensatez elevar gravámenes en tiempo de crisis. Pero el Ejecutivo ilegítimo y la mancuerna partidista prefirieron aprovechar sus mayorías para imponer una Ley de Ingresos “manteniendo los privilegios de unos cuantos, que dañan la economía popular, la planta productiva y el empleo... El paquete fiscal es un paquete regresivo, porque no es posible enfrentar la crisis estableciendo nuevos impuestos o aumentando los existentes”, como denunció Alejandro Encinas, al pronunciar el posicionamiento del Grupo Parlamentario del PRD. Esas palabras se apoyaban en una declaración previa: “Estamos convencidos de que nuestro país necesita una rectificación profunda, tanto del modelo económico que se ha impuesto, como también de la necesidad de recuperar la transición democrática.” También expresaban un hecho trascendete: el acuerdo político de los tres partidos de izquierda: el de la Revolución Democrática, el del Trabajo y Convergencia como un paso más hacia la conformación del Frente Parlamentario de Izquierda. Los diputados perredistas presentaron varias iniciativas, entre ellas una que puntualmente proponía una reforma fiscal y que, de manera facciosa, no dictaminó la Comisión de Hacienda. “En esta iniciativa señalamos —dijo Encinas— la posibilidad de obtener recursos suficientes no para cubrir el boquete fiscal, sino para proteger el empleo y recuperar la senda del crecimiento económico. Subrayamos que había que terminar de manera tajante con los privilegios fiscales, en general, con el establecimiento de nuevos impuestos.” No sólamente se desdeñaron esos planteamientos, sino se avanzó en la vía regresiva, informó. Después de detallar las cuestiones que el PRD rechaza, con la mayor energía, Encinas exclamó: “Lo digo de la manera más enfática, ¡votaremos en contra de esos dictámenes!”. Al terminar la exposición del coordinador de los diputados del PRD se produjo un hecho de la mayor importancia: el pronunciamiento del acuerdo de los otros partidos de izquierda. Analista político, miembro del PRD |