Los sistemas políticos se transforman cuando la sociedad evoluciona. Por eso cabe la pregunta de por qué teniendo los mexicanos talento, fuerza, voluntad de trabajo y grandes potencialidades, prevalece un sentimiento de derrota anticipada ante la batalla de la vida cotidiana. El ejemplo más claro de esto se da en nuestro desempeño deportivo a nivel internacional, mismo del que siempre vemos diciendo “ya merito” o “ya ni modo”. Durante décadas se ha buscado que el país cambie; han cambiado las leyes, los gobiernos, las formas de participación de los partidos políticos, pero, a mi parecer, no se ha dado el paso decisivo que deje atrás la sumisión y la mansedumbre que tenemos hasta para protestar, ya que la protesta se hace en calidad de acarreados de algún interés partidista. Quizá una de las mayores frustraciones es la de quienes una y otra vez son llevados a protestar al Zócalo capitalino para regresar a su misma realidad. No basta levantar la voz de la inconformidad si después no levantamos los brazos y ponemos manos a la obra. Es importante reflexionar acerca de la idea a la que hacía referencia Octavio Paz de seguir viéndonos como un pueblo vencido, avasallado por los conquistadores españoles. Quizá en el imaginario colectivo siga latente esa idea, pero, desde luego, México ya no es el pueblo que vio enterrar una parte su cultura milenaria hace más de 500 años. México es la nación mestiza y pluricultural que surgió hace 199 años. Si bien es cierto que las ideas, las creencias y los mitos son difíciles de desarraigar, también lo es que la realidad, las necesidades y las circunstancias son capaces de cambiar lo que parece imposible. Muchos de nuestros connacionales en Estados Unidos o en otros países nos han demostrado su capacidad de vencer obstáculos y de construir un patrimonio con éxito. Somos un país que le ha dado ejemplos al mundo de hechos sorprendentes e insuperables. No obstante, parece que nos olvidamos con facilidad de nuestros aciertos y ponemos mayor acento en nuestras derrotas. Nos hemos organizado con disciplina ejemplar ante emergencias como la de 1985 o frente a la pandemia de abril pasado, dando muestras de solidaridad y de cuidado a nuestros semejantes y a nosotros mismos. De ahí la pregunta de qué es lo que está fallando en México para modificar esa actitud derrotista que impide el desarrollo del país. ¿Son nuestras estructuras de Estado y de gobierno las que alimentan un conformismo y una pasividad, o es nuestra vieja e inútil creencia de que irremediablemente seremos el pueblo vencido que soportará resignadamente sus fracasos? Uno de los eslabones del cambio de actitud son los medios de comunicación. Lo he dicho en otras ocasiones, para que haya democracia se necesitan muchos demócratas; de la misma manera, para que México progrese se requiere de muchos progresistas y no de derrotistas. Las nuevas generaciones necesitan de ejemplos y apoyos para generar una nueva actitud de alta autoestima y de confianza en nosotros mismos que rompa las barreras de la cultura del fracaso. El país requiere que las nuevas generaciones canalicen su inconformidad por la vía de la propuesta y de las soluciones, porque hemos comprobado que la protesta permanente no genera avances; los generan quienes piensan en las soluciones, se atreven a innovar y no dudan de sí y de sus capacidades. Alzheimer electoral Los empresarios “no pagan impuestos”. ¿Eso lo dijo el Presidente o el “legítimo”? Los dos. Preposada ¿Serán los mismos quienes protestan al llenar la “piñata” presupuestal y luego piden como pelones de hospicio? articulo@alemanvelasco.org Político, escritor y periodista |