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México D.F., a 26 de octubre de 2009 | 1:08 PM

Lorenzo Córdova Vianello
Fortalecer al Congreso
23 de septiembre de 2009
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Que los poderes legislativos no gozan de buena fama pública es algo evidente. La percepción ciudadana de esos órganos es particularmente negativa, como lo revelan reiteradamente las distintas mediciones de los más diversos mecanismos de evaluación de la cultura democrática.

A ello ha contribuido, sin duda, la poca calidad del trabajo legislativo (que aunque cierta se ha magnificado hasta convertirse en un lugar común), la baja productividad de los congresos (aunque, desde mi punto de vista, todos los criterios para evaluar este punto son absurdos pues ponderan cantidad y no calidad), los abusos en términos de ejercicio del presupuesto (y no pocas corruptelas) y una serie de lamentables episodios protagonizados por legisladores.

Pero también el mal juicio ciudadano sobre los legislativos se debe a una reiterada y malintencionada campaña proveniente de los poderes Ejecutivos, de los grandes grupos de interés económico y de los medios de comunicación (particularmente los monopolios televisivos) por desprestigiar a los congresos. Insisto en algo, los legisladores poco ayudan a reivindicar al poder del que forman parte, pero es innegable que existen muchos actores, con agendas profundamente autoritarias, interesados en minar la ya deficitaria confianza en las asambleas legislativas.

Y es que, aunque frecuentemente se eluda el punto, en las democracias constitucionales el órgano democrático por excelencia es, precisamente, el Poder Legislativo. No lo son ni el Ejecutivo (con todo y que surja de una elección popular directa), ni el Judicial (cuya legitimidad es jurídica y no democrática). Ello es así porque el Congreso es el único espacio del Estado donde la pluralidad política existente en una sociedad puede expresarse, verse representada y recrearse de cara a la toma de las decisiones colectivas.

Lo malo es que el descrédito del Legislativo tiende a propiciar y justificar una serie de peligrosas propuestas que consciente o inconscientemente han cobrado carta de naturalización entre muchos académicos, políticos y gran parte de la ciudadanía en general. Dos de ellas incluso han sido recogidas por el partido en el gobierno, sostenidas en su pasada plataforma electoral e incorporadas en la agenda legislativa del PAN.

Me refiero a la propuesta de reducir el número total de legisladores (en Senado y Cámara de Diputados) y a la de aplicar ese recorte en la cuota de representantes elegidos mediante el principio de representación proporcional. Por supuesto, son propuestas fácilmente vendibles en el contexto de baja confianza en el Poder Legislativo y de crisis económica que padecemos, pero que en nada contribuyen al fortalecimiento de las instituciones democráticas. Todo lo contrario.

En primer lugar, el ahorro es muy menor frente a la magnitud del hueco en las finanzas públicas (y, por cierto, llama la atención que el PAN no haya planteado una reducción en la jugosa y ominosa partida de “gastos suntuarios del Ejecutivo”). En segundo lugar, no se toma en cuenta el hecho de que un Congreso más pequeño es, por su propia naturaleza, menos representativo. En tercer lugar, no se pondera el que la cuota de representación proporcional tiene la finalidad de compensar los antidemocráticos efectos de sobre y subrepresentación que genera el sistema de mayoría relativa con el que se elige a la mayoría de los diputados y los senadores y que, históricamente, fue mediante ese mecanismo que se abrió paso la democratización del sistema político al permitir a la oposición tener una presencia cada vez más consistente.

Nadie está peleado con racionalizar el gasto e impedir que se cometan excesos y corruptelas (como el dinero que se llevaron los diputados anteriores por los boletos de avión no ejercidos), tampoco en discutir las dimensiones idóneas del Congreso, pero eso tiene que ser el resultado de un debate serio y objetivo y, por ello, no contaminado por los lugares comunes y mucho menos por el ambiente de desprestigio que interesadamente se ha venido creando en torno al Poder Legislativo.

Investigador y profesor de la UNAM

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Comentarios: 1 - 5
patol
2009-09-23|10:51
CELAYA
Excelente artículo Lorenzo, coincido totalmente y reconozco que la mayoría de legisladores hacen muy poco para reducir su descrédito ante la ciudadania, pero es cierto que la mayor parte de su falta de credibilidad es debida a grandes campañas de los medios principalmente las televisoras que no buscan tanto su democratización y libertad de expresión, eso nunca lo han buscado, sino mantener y ampliar sus privilegios y seguir recibiendo los grandes recursos que los gobiernos les destinan. Ahora todos se suben al carro de disminuir el número de legisladores y sobre todo los de representación proporcional, porque ante la crisis y sus altos salarios es muy facil vender esos argumentos de que no son necesarios. Si esto es el resultado de un debate serio adelante, sin embargo no creo que esten dadas las condiciones con este estado de cosas que tenemos para llevarlo a cabo en forma adecuada. Ojala que no nos vayamos por la puerta facil hay muchos otros rubros y dependencias del ejecutivo que dilapidan recursos en mayor cuantia que los recursos que representan este tipo de legisladores.

zuriae
2009-09-23|10:15
Celaya
RACIONALIDAD O DEPREDACIÓN.- La cutura depredadora que hemos creado nos aleja de los avances civilizatorios que deben dominar un verdadero progreso. La racionalidad se olvida para dejar "en libertad" los instintos del depredador.

Finisterrae
2009-09-23|10:14
Distrito Federal
De acuerdo Lorenzo. Agregaría que en México el verdadero equilibrio entre poderes es muy reciente si no es que apenas se está consolidando. Los parlamentos en el mundo suelen ser centros de resonancia, de debate y luchas intestinas. En México asociamos actuación republica a un comportamiento moderado, prudente. Por otro lado, concebimos la negociaciación entre políticos como algo intrínsecamente malo, cuando es una condición necesaria del logro de acuerdos y la formación de consensos. La pluralidad de los Congresos nos obliga a entender que cualquier acuerdo se tiene que dar a partir de negociaciones: que cedes tú, que cedo yo. Eso es algo que nos cuesta entender y que tiende a ser desvirtuado por otros factores: legisladores que sólo representan el interés de su partido, de su sindicato o de su gremio y no el de la población que lo eligió. En este último aspecto coincido contigo en el hecho de que los representantes de RP significaron una manera impulsar la pluralidad en el congreso, pero en la actual circunstancia, cuando esa pluralidad mal que bien se ha alcanzado, ¿no crees que podemos aspirar a reducir gradualmente a los RP que miran más por su partido que por sus representados? En ese sentido, el caso más patético son los senadores de RP que dan al traste con el sentido federalista que debería tener esta cámara.

Ilyaforthefuture
2009-09-23|10:10
Aguascalientes
Coincido en que mucho del desprestigio al poder legislativo viene de las televisoras, que siguen añorando los gastos de los partidos en spots en epocas electorales. Sin embargo, cada vez es más claro que los partidos no representan al ciudadano común. Ese es el verdadero problema. Eso es lo que mina la confianza.

prodefensa
2009-09-23|06:12
Gómez Palacio
La fusión de la cámara de diputados y senadores, en UNA SOLA CÁMARA dará mas fuerza al poder legislativo, y la desaparición de la representación proporcional mayor legitimidad

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  Acerca del autor

Licenciado en Derecho por la UNAM y doctor en Teoría Política por la Universidad de Turín Italia. Es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (en donde coordina el área de derecho electoral) y profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Experto en temas político-electorales, de formas de gobierno, de control constitucional y de derechos fundamentales. Autor de varias publicaciones de derecho electoral, derecho constitucional y teoría política. Analista y comentarista de temas jurídicos y políticos de El Universal y de varios medios electrónicos de comunicación.

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