En 1957, el pianista canadiense Glenn Gould (1932-1982) visitó la Unión Soviética, donde dio una serie de conciertos e impartió algunas conferencias. Gould era entonces un perfecto desconocido en la URSS; tenía 24 años de edad y en el mundo occidental -del lado “de acá” de la Cortina de Hierro- había adquirido una celebridad fulgurante debido a su grabación de las “Variaciones Goldberg”, la pieza de Bach que se convirtió en su interpretación más conocida y celebrada -una especie de cifra de su destino como intérprete y como pensador-artista de un extraño radicalismo y de una originalidad desafiante, personal y filosófica.Su gira soviética de mayo de 1957 duró dos semanas. El primer concierto en Moscú fue una sorpresa mayúscula para los músicos rusos: ¿De dónde había salido ese intérprete fabuloso de Bach, ese pianista contrahecho sobre el teclado, ese artista jovencísimo comparable, si no es que superior, a los mejores del mundo y de la propia Rusia, país musical por excelencia? Los asombrados soviéticos sólo tenían una explicación a la mano, que tomó la forma de un elogio hiperbólico sumamente curioso: Glenn Gould no era de este mundo, era un marciano de visita en la Tierra. Todo esto saberse en el extraordinario documento fílmico titulado Glenn Gould: The Russian Journey, que pude ver hace algunos meses en TV-UNAM y ahora reví en YouTube, dividido en seis partes de poco menos de 10 minutos cada una. Bach era el músico de Glenn Gould. Pero en la Unión Soviética no inspiraba, dentro de las esferas oficiales, mucha simpatía: estaba prácticamente prohibido debido a que en su música abordaba “temas evangélicos”. El adverbio aquí utilizado, de alcances más o menos restrictivos (“prácticamente”), significaba en los hechos que la obra de Bach no estaba borrada del todo de los repertorios y de los curricula; pero era tratado con pinzas, cuidadosamente. ¡Bach, artista subversivo! A esos extremos llegaba la increíble censura del dogmatismo en la era posterior a la muerte del Padre de los pueblos, el tirano José Stalin. El viaje ruso de Gould ocurrió en el marco de la Guerra Fría. Luego de concluir esa estancia triunfal, el pianista canadiense emprendió una campaña por la libertad artística y de pensamiento en favor de los rusos oprimidos. El documental muestra numerosos testimonios de esa admirable actividad. La política de Gould era la “política del espíritu”; la de la libertad y la inteligencia. Ver ese documental, entonces, nos presenta una faceta de Gould insospechable para muchos: su militancia enérgica, diáfana, de signo libertario. Poetas, músicos y musicólogos e historiadores hablan sobre Gould en el documental y declaran abiertamente su inmenso reconocimiento por su valor, entendido este vocablo en todos sus sentidos. Es una obra conmovedora y aleccionadora. El más grande genio del piano en el siglo XX era también un excepcional ser humano. |