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México D.F., a 5 de agosto de 2009 | 1:20 PM

Mauricio Merino
Más sobre la fontanería democrática
29 de julio de 2009
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Tras la publicación de los nuevos datos sobre pobreza y desigualdad, se ha abierto un debate sobre la pertinencia de las políticas destinadas a erradicar esos dos (d)efectos de la economía de mercado regulada por el Estado que, con el tiempo, se han vuelto causa de sí mismos. Que esos programas se discutan es una buena noticia, pues el intercambio de ideas informadas no sólo es una condición básica del régimen democrático sino que es, también, una palanca del crecimiento económico y un medio insustituible para mejorar la distribución del ingreso. La mala es que el debate ocurra entre sordos y ciegos, que se gritan sin ninguna probabilidad de entenderse.

Percibo que algo así podría suceder con Procampo, cuyo fracaso como política pública ha sido documentado con pelos y señas y, sin embargo, sigue siendo aplaudido por el gobierno. Tras esos aplausos de foca, inútiles y repetitivos, observo una lectura muy hostil del entorno político; una que en lugar de resolver con sensatez los problemas públicamente observados, los acaba convirtiendo en trifulca y denuesto. Ya lo decía Gonzalo N. Santos: la mejor forma de resolver un problema público es no plantearlo. Pero Gonzalo N. Santos podía decir eso porque era un cacique del viejo régimen.

Hoy ya no es posible eludir el debate público abierto. Y en el caso del Procampo, como en el de muchos otros programas sociales aun peores, tampoco es viable hacer la vista gorda sobre el problema fundamental; es decir, que tras 15 años de vida, esa política no cumplió el objetivo que le dio origen. Y, me atrevo a añadir, ni el más relevante ni los que estaban subordinados a él. Los dineros que se destinaron a generar condiciones de producción agrícola equivalentes a las que tenían hace tres lustros los agricultores de Estados Unidos y Canadá se ocuparon más bien en financiar la estabilidad política en buena parte del campo, mediante la doble ruta de ofrecer ganancias más o menos seguras a los grandes productores del norte y de repartir unos cuantos pesos a los minifundistas del sur. Un mal sistema de incentivos para los más ricos y un pésimo sistema de asistencia social para los más pobres. Pero, eso sí, muy útil para mantener al campo tranquilo.

No obstante, los resultados sociales son, desde cualquier mirador y desde cualquier medición, regresivos y lamentables: se les ha dado mucho más a quienes ya tenían tierras y medios para cultivarlas, y mucho menos a los campesinos que no tenían siquiera para comer. Pero hoy el programa se defiende diciendo que ambos están contentos: que los más ricos quieren seguir recibiendo dinero del Estado, aunque les parezca muy poco; y las organizaciones que representan a los más pobres exigen que no sólo se mantenga el subsidio, sino que se incremente sensiblemente, pues de otro modo cientos de miles de campesinos no tendrían siquiera qué llevarse a la boca. Todos quieren más y así lo han dicho obstinadamente. Pero el campo está igual o peor que antes.

En el camino se han montado algunos vivillos, que han aprovechado su condición de funcionarios vinculados al campo para llevarse algunos pesos extra a casa, mientras que familias completas de delincuentes reconocidos se cobijan en la generosidad del Estado para guarecerse del mal comportamiento de sus parientes. ¿De qué tamaño es la corrupción que también ha desviado recursos del Procampo a esas bolsas infames? La respuesta espeluzna: nadie lo sabe, porque nadie tiene la información precisa e inequívoca sobre la forma en que esos subsidios llegan a cada uno de los productores listados en los padrones, porque hay muchos homónimos, porque todavía no se ha completado el pago electrónico, porque hay intermediarios que cobran a nombre de otros, porque hay quienes rentan sus parcelas pero siguen cobrando el subsidio. En otras palabras: por los problemas de nuestra precaria fontanería democrática, que va descubriendo por trozos lo que debería saber por enteros.

Pero lo que es indudable es que Procampo no ha producido mayor igualdad; no ha sacado a los campesinos más pobres de su condición de marginación ofensiva; tampoco ha servido para garantizar una mejor competencia entre los agricultores más grandes de México y los más ricos y mejor equipados de Estados Unidos; y no ha afirmado la capacidad del campo mexicano para crecer y distribuir el ingreso, a la vez. De modo que es imposible decir que Procampo ha sido un programa exitoso. No es cierto y sería injusto, e incluso indignante, no corregir el camino desviado. De lo contrario, en lugar de producir alimentos seguiremos, como siempre, produciendo miseria.

Profesor investigador del CIDE

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Comentarios 1-20
lala78
2009-08-05|13:17
P NEGRAS
PERO POR DONDE TE VAYAS LA FONTANERIA DEMOCRATICA SE VA FORMANDO Y DE QUE MANERA PERO CON LOS MEDIOS DE COMUNICACION SON CON LOS QUE CONFIRMAN TODO TRIUNFO,MISMA RAZON POR LA QUE EN COAHUILA SE LES ESTA ENTREGANDO CAJAS CHICAS( a travez de ayuntamientos)a el periodico mas vendido al gobierno del estado de coahuila PARA QUE COBREN LO QUE SEA PERO QUE HAGAN AL HERMANO DE MOREIRA GOBERNADOR SIGUIENTE DE COAHUILA, no les IMPORTA QUE LOS TRES MILLONES MENSUALES QUE ENTREGAN AL ZOCALO PARA PAGAR LA PUBLICIDAD DEL ESTADO Y DEL MUNICIPIO DE PIEDRAS NEGRAS COAHUILA. CON ESOS TRES MILLONES MENSUALES CUANTAS CALLES SE PODRIAN PAVIMENTAR Y CUANTAS FUENTES DE EMPLEO SE PODRIAN CONSEGUIR,ESTO LO APRUEBA EL CONGRESO DE COAHUILA A PESAR DE ESTAR FUERA DEL PRESUPUESTO DE EGRESOS COMO ASESORES CAROS YA NI LA AMUELAN TAMBIEN LOS DEL CONGRESO DEL ESTADO DE COAHUILA TODOS AGACHONES,CORRUPTOS,REGRESAN LOS DINOSAURIOS Y CUIDADO PORQUE CON QUE GANAS VIENEN DESPUES DE ESTAR 12 AÑOS FUERA DE PRESAS.
oscarbel
2009-07-30|03:41
Distrito Federal
En efecto, como dice Jogario, los fines de PROCAMPO son y serán políticos, en realidad se trata de un programa social más que una política pública. Otro punto, es precoupante la visión tan reduccionista que se tiene del campo, no todo es miseria y pobreza, también hay productores que arriegan su capital (y no me refiero a quienes cuentan con grandes extensiones de tierra que les produce grandes cantidades de productos), que buscan un "empujón" más para eficientar su producción. Pretende el apoyo para una estructura ya creada y que necesita de inversión para seguir creciendo. En muchas ocasiones, cuando los recursos son repartidos a los llamados "campesiones en la miseria",estos no terminan en el desarrollo del campo, son desviados para cuestiones de sobrevivencia, necesitan, además del dinero, otro tipo de apoyos que les permita retomar el trabajo de la tierra y no sólo quedarse en la producción para el autoconsumo (ello en el mejor de los casos).
jogario
2009-07-30|00:23
Toluca
Sin estudios serios y documentados no es posible la planeación efectiva, y sin planeación cualquier programa de subsidios fracasará. Los fines de Procampo fueron y son políticos.
padrons
2009-07-29|18:19
Nuevo Laredo
"Democracia mediocre", diria yo.
BASICO
2009-07-29|13:17
Hermosillo
No me sorprende el fracaso de procampo, así como el de tantos programas sociales e instituciones, creados para mejorar la condición del mexicano pobre, no obstante tener la estructura necesaria para hacerlo; el problema de todos estos organismos recae en su ejecución; primero poniendo al frente a personas no capacitadas y desconocedoras del problema, después los intereses personales que evitan la justa distribución de los recursos mediante una selección limpia de beneficiarios, para terminar con la omnipresente corrupción que todo lo destruye.
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  Acerca del autor

Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Ex consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), se desempeña actualmente como profesor-investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha fungido como gerente internacional del Fondo de Cultura Económica (FCE) y como agregado de la Embajada de México en España.

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