El gobierno de Felipe Calderón: balance de un trienio
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A pocas semanas de las elecciones de julio de 2009, bastante tinta ha corrido ya sobre sus resultados, causas y consecuencias. No es para menos: el descalabro sufrido por Felipe Calderón fue mayúsculo, una noche triste para un político que, para bien o para mal, nunca ha ocultado su carácter guerrero.
Hay de todo en los análisis presentados. Ofrezco aquí el propio, que desea brindar una visión acaso más balanceada.
Para ello, creo que el mejor punto de partida es El poder presidencial, de Richard Neustadt (escrito para el régimen presidencialista estadounidense, ya no muy lejano de nuestras actuales vicisitudes). Con la obvia injusticia para un libro de cerca de 300 páginas, diría que su idea central se resume así: el poder presidencial se construye estratégicamente, tomando las decisiones que van sumando poder y ampliando, no reduciendo, el margen de maniobra. Desde esta perspectiva, ¿qué aciertos y qué errores podemos adjudicarle al gobierno de Felipe Calderón?
Cuentan, por el lado de los aciertos, dos primeros años en los que el Presidente guió su relación con el Poder Legislativo precisamente por una visión estratégica, para obtener reformas que, si bien aún están lejos de las que el país necesita, aumentaron el poder de negociación y mejoraron la maltrecha imagen presidencial: la reforma fiscal, la energética, la de seguridad, la del ISSSTE. Cuenta también la decisión de la contingencia sanitaria a raíz del virus de la influenza, sin duda costosa pero a la postre positiva. Cuenta una actitud usualmente republicana, poco dada a los excesos imperiales que tanto hemos sufrido. Cuenta una primera dama que ha sabido ubicarse. Cuenta, en fin, una política decidida, incluso valiente, contra el narcotráfico y el crimen organizado.
A reserva de algunos otros posibles aciertos, pasemos ahora a los errores. Pongo en primer lugar lo que ningún político puede permitirse: la impulsividad y el extravío, acaso derivados de un aire de suficiencia que por momentos se antoja excesivo. Dos, un staff presidencial y un gabinete en el que parece que la lealtad terminó por apagar la capacidad y el consejo directo y plural, ése que ofrece alternativas y resalta riesgos. En otras palabras, un staff y un gabinete cercanos pero que, todo lo contrario a lo prescrito por Neustadt, poco han ayudado a su jefe.
Tres, una burocracia media que, como en toda democracia moderna, debió haberse desarrollado crecientemente bajo los principios del profesionalismo, la eficacia e igualdad de oportunidades establecidos en la nueva Ley del Servicio Profesional de Carrera, pero en la que los nombramientos de militantes o amigos predominaron sobre los de profesionales (según los reportes de la Secretaría de la Función Pública, los nombramientos discrecionales sumaron casi 7 mil sólo en 2007 y la primera mitad de 2008; así, debiendo por ley ser la excepción, han sido más del doble de los concursados). Cuatro, como dijo Calderón, la “pérdida del partido por ganar el poder”, que ha dejado a su organización erosionada y dividida. Cinco, el lastre de la alianza con los “poderes fácticos” (SNTE, etcétera), verdadera minoría rapaz que tiene al país en la lona. Seis, políticas públicas poco efectivas, como la económica, la social, o la de seguridad (que ha tenido muchos costos y pocos resultados).
Y, por último pero no al último, una pésima estrategia electoral, que sólo sirvió para tensar el ambiente político. Todas ellas decisiones que, en lugar de abrirle el camino, metieron más y más al Presidente en un callejón sin salida.
No hay necesidad de abundar sobre el saldo: los resultados de la elección hablan por sí solos (bueno, a menos que se insista en tapar el sol con un dedo). Interesa más terminar con un par de párrafos sobre los riesgos y oportunidades.
De los primeros, uno es obvio: tres años más para el país de democracia dividida, por no decir demoesclerosis, en un contexto globalizado en el que quien no avanza retrocede.
¿Oportunidades? Si nos ponemos optimistas, quizá la de un golpe de timón que reencauce el barco del Estado con una tripulación capaz y profesional, una visión que no piense en la próxima elección sino en la próxima generación y unos aliados políticos distintos a los poderes fácticos.
¿El objetivo? Mejorar las políticas públicas y construir escenarios de suma positiva, que permitan negociar algunas reformas, especialmente con el PRI (que de otra manera podría tratar de sacarlas junto con otros aliados). Idealmente, la primera de ellas debería ser una “reforma para las reformas”, esto es, una nueva ingeniería institucional que transforme la democracia dividida y un tanto vacía que hoy tenemos en una democracia verdaderamente efectiva y representativa.
Lo sé: suena fácil; es difícil. Y más ahora, cuando lo más probable que suceda es que de nuevo los actores políticos se atrincheren en una calculada “guerra de posiciones”, con la (falsa) esperanza de ganarlo todo en la siguiente elección. Sin embargo, el hecho es que si la clase política y el Presidente no rescatan la visión de Estado, en unos años habremos pasado del tercer al cuarto mundo y estaremos preguntándonos, como me recordaba un amigo hace poco, junto al Zavalita de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa: ¿cuándo se fregó México?
Profesor-investigador y coordinador de la maestría en Ciencia Política de El Colegio de México
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Hola, me gustaría que el administrador de este espacio me contestara mi pregunta del comentario anterior, gracias.
Veo que dentro los comentarios el sr Jose Luis Mendez no incuye acentos, estoy tratando de pasar un comentario con 227 palabras y 1420 caractere incluidos espacios y acentos, pregunto ¿sera por esto que no pasan mis comentarios?
Hola
En los avances como en las reformas fiscal y petrolera fueron muy marginales, lo único bueno fue que se pusieron de acuerdo pero lo que aprobaron fue muy tibio, una posible solución no está en mayores impuestos sino en mayor cantidad de personas que los paguen, pero ésto a su vez requiere mayores empleos y el gobierno no los debe crear, los debe fomentar con políticas que apoyen a todo empresario de cualquier tamaño a crear esos empleos, lo que requiere muchas otras cosas como crédito bancario, personal calificado, ayudas fiscales, menor regulación y transparente, inversionistas que arriesguen su capital conjuntamente con el gobierno, conservando éste la mayoría del capital y siendo rector en la industria estratégica, como debió lograrse en la reforma petrolera que además debió haber ido más lejos, pues debería haber incluido la generación de electricidad que está muy ligada al petróleo. El no haber logrado estos objetivos implica que debemos hacer una reforma de las reformas efectuadas, además de las faltantes como la laboral, la del estado y otras. Y dado que en la parte política no nos ponemos de acuerdo, pues será difícil lograrlo. Necesitamos empatía, cooperación, que nuestras ideas personales y de grupo no sean irreductibles, por el contrario que cediendo en algo logremos mejorar nuestras propias propuestas o soluciones que tanto necesitamos para beneficiar a la población de nuestro país.
Excelente análisis. Hacen falta más plumas como la de José Luis Méndez. Al lector verde azul que reclama porqué se culpa a Calderón de la derrota: Es sencillo, El PAN convirtió su campaña electoral en una suerte de plebiscito sobre la guerra del presidente contra el narco. Al PAN no le hubiera ido bien de todas maneras, pero si sus dirigentes hubieran centrado su campaña en aspectos netamente partidarios, no se habría dañado tanto la imagen presidencial. Prácticamente pusieron a la población a escoger si quería estar con el presidente o estar con los delincuentes. Los votantes se expresaron con claridad ante esta falsa disyuntiva.
Gracias por sus comentarios. Todas las opiniones son respetables,pero lo que trate de hacer es un balance del trienio, con sus errores y aciertos, como todos los politicos tienen. Respecto a las candidaturas independientes, puede que valga la pena, pero sin duda debilitaria a los partidos existentes, no muy solidos de por si, y sin los cuales una democracia no puede sobrevivir, asi que es un dilema dificil de resolver. Jose Luis Mendez
no se por que siguen echandole la derrota del partido al Sr. Calderon, si no mal recuedo el es el unico presidente que deveras nos protege aun a sangre y fuego, lo digo sin mirar en los gobernantes que hemos tenido en este pais de las maravillas, asi que en lugar de seguir criticando a un personaje que deveras merece el titulo de Sr. Presidente, ponganse a trabajar como mulas pa sacar la crisis de nuestro hogar.
Recordemos las circunstancias en que asumió el poder presidencial... luego, lo inusitado de sus primeras apariciones públicas, acorazado como nunca se habia visto... Luego, recordemos que lo que usted llama sus aciertos, fueron muy cuestionados por amplios sectores sociales y politicos. Por consiguiente, estamos ante la peor presidencia de los últimos tiempos, y ante una perspectiva sombría. Las esperanzas de mejora están en un PRI que le dé una nueva dinámica al país, y una izquierda, que, unida, estrese las inaguantables necesidades de la mayoría de los mexicanos.