Al subir hacia los cielos en mi viaje a Turquía para presidir una importante reunión para la proyección de ese territorio en el boxeo profesional, como lo estamos haciendo intensamente en México, me vino a la mente Muhammad Alí.
Alí, quien más que un gran ídolo es un Dios en los países del Medio Oriente, no sólo por su grandeza como el más excelso boxeador de todos los tiempos, sino por haber marcado el mundo islámico al cambiar su religión y nombre de Cassius Clay, medallista de oro olímpico, al de Muhammad Alí, después de tirar su presea al río en Louisville, furioso por recibir discriminación en su patria, en lugar de respeto por su gloria olímpica.
Alí conquistó al mundo del boxeo mundial como nadie más en su tiempo; todavía recuerdo los miles de espectadores gritando “Aaalí, Aaalí, Aaalí”, en el lobbi de los hoteles esperando su salida hacia el estadio. Rompiendo el estilo clásico de paquidermo de los pesos completos de la historia, convirtiéndose en un boxeador de gran estilo y movilidad; también su famoso paso de la gallinita y su rope a dope en las cuerdas.
Componiendo poemas sobre sus peleas y rivales y señalando el round en que noquearía, casi siempre cumpliéndolo y llenando todos los estadios con aficionados cuya mitad iban a verlo en su grandeza, pero la otra para verlo perder. Su famoso dicho repetido por el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, de “volando como una mariposa y picando como una abeja”, Muhammad Alí, querido y admirado por muchos y odiado por otros.
Muhammad Alí se echó a la bolsa al mundo, cuando se enfrentó al Ejército de su país, rechazando enlistarse en él para Vietnam; las comisiones de boxeo americanas, que no el CMB, le quitaron su título de campeón mundial y lo tuvieron sin pelear, “congelado” por tres años y medio, cuando tenía 25, precisamente la edad cuando el ser humano está en la cúspide de sus
condiciones físicas y mentales, ahí se mostró como un ser humano de principios, de honestidad en su religión, de liderazgo y de valor al enfrentarse al sistema político más fuerte del mundo, y como todo en su vida, lo venció, dejando en el piso el ejemplo de “si Alí pudo, por qué yo no?” y así ganó aquel concurso como el ser humano más conocido en el mundo sobre el Papa y Pelé.
Mi relación con él inició distante, prácticamente empecé como presidente, casi en el momento que él ganó su título mundial. El tiempo me hizo ser su amigo cercano y él me decía “my brother” y estuvo de mi lado contra tantos detractores siempre. El paso más duro de mi vida fue cuando tuvimos que desconocerlo por no cumplir su compromiso de pelear contra Ken Norton, que fue “la noche de mi mal”, cuando no pude dormir la víspera de nuestro anuncio. Pero aún así, me respaldaba tanto, que en 1988 vino a México a la convención mundial para apoyar mi reelección, cuando se creía que mi amigo Antonio Sciarra, podría desplazarme.
Pero cosa curiosa, ya a Alí se le mencionaba poco, esa memoria tan corta, amnésica, diría yo, de nosotros los seres humanos, había puesto a Mike Tyson en las nubes, mientras que Alí era ya un mortal común. Ahí aprendí una gran lección del mundo de los negocios televisivos, cuando Emilio Díez Barroso, mi entrañable amigo, a quien el boxeo tanto añora, me invitó a sentarme en su mesa con don King, Mike Tyson y un grupo de muy bellas artistas, pero a quien le agradecí su amabilidad, pero indicándole que iría a sentarme con Alí, a lo que me contestó: “No seas tonto, allá está el pasado y aquí el presente y futuro”, claro, ahí estaban todas las cámaras, la noticia, pues. Yo me fui a sentar con Alí.
Poco después me traje a Alí a consultar con los doctores Ignacio Madrazo y René Drucker sobre la posibilidad de una cirugía para disminuirle los efectos del síndrome de Parkinson que aqueja tan dramáticamente a mi ídolo día a día más. Esa nueva cirugía estaba convirtiéndose en un éxito. Cuando Alí aceptó realizarse sus exámenes médicos para comprobar que sí era buen candidato para tal operación, en lo que sería una visita secreta, absolutamente privada y confidencial en el entonces hospital Humana, ahora Ángeles, nos encontramos con una multitud de cámaras televisivas, ABC, CBS, NBC, Televisa, Canal 13, el 11... y fotógrafos de todos los diarios nacionales e internacionales. Alí decidió no continuar y volvió a Estados Unidos, en donde en el aeropuerto de Chicago lo esperaba otra “horda” de camarógrafos, a quienes les dijo “se habían olvidado de mí, verdad? Pero ahora vuelven por la noticia”, de ahí resurgió el más grande de todos los peleadores, pues mientras otros conquistan el cielo y luego se derrumban, Muhammad Alí, mi más grande ídolo y entrañable amigo, día a día continúa su camino en la escalera de la fama hasta que algún día llegue al cielo, si no es que está ya ahí.
Ayer, ya se pasó en vivo por suljostv.net la función en Turquía con una pelea de eliminatoria final por el peso welter.
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