BenjamÃn Le Barón
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Un león. Grande. Eso fue lo que pasó por mi mente cuando lo conocà en el aeropuerto de Chihuahua hace unos dÃas. El motivo de mi visita era entrevistarlo a él, a sus familiares y a su hermano, Eric Le Barón, secuestrado el 2 de mayo pasado y liberado por sus captores ocho dÃas después; gracias al impulso, la valentÃa y el sentido de comunidad de su familia, amigos y vecinos.
Tuve el privilegio de convivir durante casi 48 horas con BenjamÃn Le Barón. Tiempo suficiente para quedar contagiado por una presencia de hombre de paz, de ideales frescos y de un amor feroz a la familia, a la tierra, al esfuerzo y al futuro.
“Hay que tener responsabilidad por nuestra libertad”, comentó él en algún punto durante el camino. SostenÃa que lo que sucede en México hoy está muy mal, pero que si queremos tener una vida tranquila, libre y pacÃfica, pues nos la tenemos que ganar, apostando por ella todo lo que tengamos. Y en la magnitud de esa apuesta estará nuestro deseo de ver cristalizada nuestra meta. La convicción con la que hablaba era tan potente como la raÃz de su voz. El hombre estaba hecho de una sola pieza. Sólido en sus ideas, sus palabras y sus acciones.
De visita en el rancho habló sobre la historia de su familia, desde los primeros que llegaron al Valle de Le Barón. De cómo seleccionaron tierras de cultivo al mirar el tipo de arbusto que crecÃa en ellas, de cómo construyeron con sus manos la fertilidad del valle, cómo crecieron ganado y cómo han prevalecido las gotas de su esfuerzo en los frutos y las semillas que hoy cosechaban él y sus hermanos.
En la cima de una colina, desde donde se ve todo el poblado, con el atardecer rojo pegando de frente a las montañas, él señaló a lo lejos y dijo, con una sonrisa de orgullo, que ese valle y los nogales y las casas y los niños y ese camión suyo que se veÃa a lo lejos, todo eso, era la obra de tantos y tantos años de trabajo honesto. De tantas generaciones. Y que nunca estarÃa dispuesto a irse y menos para dejarlo en manos de criminales sinvergüenza. Aquà endureció el rostro y la mirada.
Estoy seguro de que ese mismo rostro de combate es el que miraron quienes le quitaron la vida hace unas horas. “Le colocaron una manta a manera de advertencia”, dicen en las noticias. ¿Por qué? ¿Por haberse negado a pagar el rescate de su hermano? ¿Por sabotear el negocio de la muerte? ¿Por defender la vida de la comunidad? ¿Qué significa la muerte de BenjamÃn Le Barón? No sé. Muchas cosas. En primer lugar él sabÃa que lo que estaba haciendo era peligroso. Pero estaba profundamente convencido de ello, de sus ideales, de lo que toma luchar por ellos, ¡de lo que implica tenerlos! Asà que esta muerte es un atentado en contra de los hombres que defienden ideas nobles con acciones firmes. En segundo lugar se trataba de un lÃder que buscaba la paz. El respeto a la vida. Entonces este acto de muerte también pretende aniquilar la esperanza de un paÃs armónico, donde el bien más preciado sea cuidado por todos. Es un acto de terror que desea llenar de miedo los cuerpos y los pensamientos de la gente. En tercer lugar, han matado, ejecutado, a un empresario, trabajador y honesto. Aquà el significado serÃa que el crimen prevalece sobre el esfuerzo honrado de la gente productiva. Emprendedora. Por último, han terminado con la vida de un esposo y un padre de cinco pequeñitos. Es un mensaje en contra de la familia, una amenaza a la intimidad, a los sueños, al porvenir y la supervivencia.
Pero no. Todas estas serÃan lecturas miopes frente a la estatura de este hombre.
Los últimos meses de la vida de BenjamÃn, su muerte incluida, deben leerse como el comienzo de una expresión humana valiente. De una rebelión serena y fuerte en contra de la violencia que unos cuantos ejercen sobre millones. De una sentencia de “no más” vivir con miedo, de rodillas, agachados. Resignados. O culpando a otros, a la historia o al destino, de nuestra condición. BenjamÃn asumió su responsabilidad de vivir como asumió la responsabilidad de construir su propia casa, con sus propias manos, y de repararla cuando hacÃa falta. Y como asumió la responsabilidad de instruir y amar, hasta donde pudo, a los cinco pequeños niños que corrÃan y jugaban por la casa aquella noche en que me invitó a cenar. Y la responsabilidad de procurar a su maravillosa esposa. De abrazarla. Y la de inspirar a una comunidad entera a defenderse, pacÃficamente, para vivir sin miedo.
Un escrito que me regaló, titulado “La cultura de la paz”, habla de un sueño: “…el sueño de la vida, la libertad y la felicidad… el sueño de la vida vivida en acuerdo con el propósito por el que se creó… el sueño de la dignidad del hombre…”.
Con la muerte de BenjamÃn Le Barón nace un árbol nuevo en Galeana, estado de Chihuahua, México. Y de todos los que estamos vivos todavÃa depende que ese árbol, y sus frutos, sean utilizados para nutrir el alma de este pueblo que se resiste a mirar su grandeza. A defender la vida con más vida.
Periodista
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me pregunto: quien es mas VIOLENTO?...aquel que SECUESTRA, DECAPITA, ROBA, ASESINA Y ABUSA o aquel que es INDIFERENTE y CIERRA LA PUERTA DE SU CASA, CIERRA LA PUERTA DE SUS SUENOS, LA ALEGRIA, EL AMOR, LA TOLERANCIA, LA COMPASION... POR MIEDO. Y me pregunto como YO estoy participando de esto?... cuantas veces he compartido mi sueno con mi Hermano el Hombre?...que la muerte de todos los que lucharon por sus suenos no sea en vano, veamos dentro nuestro y tomemos responsabilidad del Mundo que queremos Vivir...juntos, compartiendo un mismo SUENO.
Creo que en México lo que nos faltan es valor. Yo creo que hay que cazar a los delincuentes como perros. Sacarlos de sus madrigueras como si fueran ratas y matarlos uno por uno. Necesitamos reformar la ley y permitir la portación de armas, debemos defendernos y aún más, tomar la ofensiva contra la delincuencia.
Esta infamia no ha hecho sino exponer la bajeza, la pequeñéz, la decadencia, la repugnante estupidéz y la vileza de esos subhumanos convertidos no en depredadores, sino en la más denigrante peste parasitaria de nuestra sociedad... En contraste, la grandeza de un hombre, que de ya, es héroe nacional...
El paÃs vive secuestrado, esta al borde de la ingobernabilidad desde el municipio crece ese ambiente hasta tocar a los estados y al paÃs entero. Las autoridades son rehenes de sus salarios y prevendas, son incapaces de ver mas alla, de entender que cuando estas comunidades como Lebaron, y al rato cualquier otra del pa´si puedan armarse ellos mismos y enfrentar a la delincuencia e incluso vencerla entonces ¿para que carajos se quiere gobierno? La utogestión , la libertad y la democracia constituyen una conquista cuyo rescate es caro pero sus beneficios permiten sacudirse a la delincuencia y la autoridad corrupta, que si observamos son los mismos.
Una muestra más del descaro y la impunidad que gozan los criminales en este paÃs. Una muerte más a un ciudadano que decidió romper con la pasividad y trabajar activamente en busca de la paz, tranquilidad y felicidad de su familia y comunidad. Que este acontecimiento sirva de llamado a todos los mexicanos para crear conciencia y levantarnos en contra de la violencia y la inseguridad. Vamos a levantarnos todos en busqueda de justicia, las autoridades han quedado rebasadas por este problema , llegó el momento que los ciudadanos sigamos el ejemplo de la familia Le Baron y nos decidamos a actuar de manera pacÃfica para que unidos podamos terminar de una buena vez con este infierno, por nuestros hijos y por un México mejor. Gracias Antonio por enseñarnos el lado humano de las vÃctimas y no solo estadÃsticas, cada vÃctima merece este perfil y esta cobertura de parte de los medios.
En el secuestro es común encontrar que familiares, amistades o personas conocidas de la vÃctima están involucrados. Me parece sospechoso que ante la ferocidad demostrada de los secuestradores al asesinar a BenjamÃn Le Barón, le hubieran perdonado la vida al secuestrado, hermano de BenjamÃn. Cualquier secuestrador hubiera actuado con la lógica de que si no le entregan el dinero del rescate procede el asesinato del secuestrado, y si hubieran querido vengarse de BenjamÃn Le Barón, también lo hubieran hecho, ¿no le parece?.