El voto es garantía de un derecho democrático y punto de partida de la exigencia ciudadana a nuestros gobernantes. Durante el periodo de propaganda electoral escuchamos distintas ofertas políticas para elegir diputados federales; para el ciudadano ha sido difícil distinguir entre propuestas y propaganda.El nuevo Congreso tendrá, entre otras responsabilidades, la de analizar el tercer informe de gobierno del presidente Felipe Calderón, y la de negociar, formular y aprobar el paquete económico, los ingresos fiscales (quizá con nuevos impuestos) y el gasto público de 2010, año que se prevé será uno de los más difíciles para México en materia económica. La inconformidad ciudadana actual proviene del cuestionable desempeño de algunos legisladores que concluyen su periodo, del comportamiento de los partidos políticos y de las restricciones a la ley electoral, inconformidad traducida en escepticismo generalizado que debilita nuestra democracia. Quizá por un problema de comunicación y difusión fue difícil que candidatos y partidos transmitieran ofertas políticas sustanciales. La nueva agenda legislativa tendría que incluir la obligación de los diputados de transparentar sus gestiones y de rendir cuentas periódicamente; impulsar un proyecto de recuperación económica para el campo, la industria, el turismo y, sobre todo, la generación de empleos formales; e instaurar una ley transexenal que dé continuidad a obras y programas públicos de mediano plazo. En mi opinión, la boleta en blanco representa más el voto del 2 de julio de 2006, pues la mayor parte de la ciudadanía no recuerda los nombres en la boleta ni los de aquellos diputados electos. Esa es hoy la verdadera boleta en blanco; la que nadie recuerda. Tan importante es que el ciudadano sepa por quién vota como que el legislador sepa a quién le debe su cargo. Nuestro sistema democrático requiere avanzar en su construcción, no en su deconstrucción. Por eso, más que imponer restricciones y mordazas publicitarias, es necesario impulsar un diálogo permanente entre diputados federales e integrantes de la Asamblea Legislativa del DF y sus representados. Los ciudadanos desean mayor vinculación con los funcionarios que eligen y que éstos den la cara después de las elecciones, cumplan sus promesas y regresen a las colonias, que muchos visitaron por primera vez, para convertirse en verdaderos gestores sociales. El progreso de nuestro sistema político obliga a imponer nuevas prácticas y a dejar atrás otras. Evidentemente, estos vínculos ciudadanos directos, individuales y permanentes son precondición necesaria al debate de la reelección legislativa. Mucha gente recuerda esa fotografía, que se publica regularmente, de un diputado durmiendo en su curul; la persona cambia pero la foto es la misma. Amigo lector, lo invito a hacer de este proceso electoral un despertar ciudadano para construir una nueva relación entre legisladores y votantes. Mi voto estará a favor de mi partido, de las instituciones y del progreso de México. No veo beneficios en las vías que llaman al silencio, en la protesta perenne y en voltear la espalda a nuestra responsabilidad democrática. ¿Acaso quien anule su voto aceptará anular también su derecho al plantón, a la marcha o la protesta callejera? Sólo quien cumple merece exigir. Moonwalk, el pasito de Michael Jackson Qué rápido aprendimos en México a aparentar que vamos para adelante cuando quizá vamos para atrás. articulo@alemanvelasco.org Político, escritor y periodista |