A cuatro días de la jornada electoral, la publicación de las últimas encuestas les dice a los neopolíticos mexicanos de 2009 algo que los estadounidenses saben desde 1953: que, en condiciones normales, las campañas concluyen antes de empezar.Y que, en consecuencia, el resultado de este domingo validará, con ligeras variaciones y una excepción, el sentido de las intenciones de voto de antes del arranque de las campañas. Hace 56 años publicó Paul Lazarsfeld “The Election is Over” en Public Opinion Quarterly, un estudio pionero referido a las campañas presidenciales y aplicable a otros procesos electorales periódicos. Allí concluyó que las elecciones quedan decididas en gran parte por los acontecimientos que tienen lugar entre una elección y otra, y no tanto por las campañas de los últimos meses, como hacen creer los vendedores y destructores de imágenes públicas. Las grandes ideas de los estrategas de comunicación —igual que sus grandes y pequeñas fechorías— poco alteran la intención inicial del ciudadano ante las urnas. Desde entonces se sabe que un alto porcentaje de votantes toma su decisión antes de las campañas. Por eso las campañas se orientan a reforzar las intenciones de los votantes decididos a favor y a activar en la franja de ciudadanos indecisos las predisposiciones latentes a favor de uno o en contra del adversario. Qué sí y qué no Así, la campaña del PAN no pudo evitar que el PRI duplique el número de sus diputados y pase de la tercera a la primera fuerza en la nueva cámara, ya que eso quedó decidido por lo que ocurrió antes, a partir de la elección de 2006, es decir, por lo poco convincente de la gestión del PAN-gobierno ante el tamaño de los retos que ha vivido el país en estos tres años. Lo que sí logró el PAN con su agresiva campaña negra contra el PRI fue tumbarle unos cuatro o cinco puntos. Así evitó que el antiguo partido dominante alcance la mayoría absoluta por sí solo. Pero podría alcanzarla con su alianza con el Partido Verde, que le aportará unos seis puntos de la votación, con su controvertida pero eficaz campaña. Aquí, siguiendo el viejo texto de Lazarsfeld, mientras la campaña del PAN fue capaz de activar las predisposiciones latentes en un segmento social contra la leyenda negra del PRI, la campaña del Verde, aliado del PRI, también pudo activar en su favor las pulsiones latentes de venganza de un sector agraviado por el crimen y ofendido por las burocracias de la seguridad social. El resultado: el PRI encabezará la mayoría en el Congreso, tal como se anticipó desde antes de arrancar las campañas. A su vez, ni con su memorable campaña de Marianita pudo el PRD detener su caída a menos de la mitad de sus votos, por lo que hizo (y deshizo) su ex candidato presidencial López Obrador, igualmente, entre la elección de 2006 y la de este año. Lo local-nacional A escala local, con impacto nacional, sobresale el asombroso rescate por el PRI de seis megaconcentraciones de votos: Ecatepec y los dos Chalcos, que estaban en manos del PRD, y Naucalpan, Toluca y Cuautitlán Izcalli, que pertenecían al PAN. Ello es producto también de lo ocurrido en el estado de México desde la elección de 2006, pero también confirma al gobernador Peña Nieto como el prospecto presidencial más adelantado para la elección de 2012. (Y por lo mismo como blanco a derribar tanto por el PAN-gobierno como por los enclaves pro AMLO en los medios y los partidos, como por el fuego amigo de su propio partido.) Finalmente, en Sonora se perfila la excepción a la regla de Lazarsfeld, con la demolición de las intenciones de voto de hace dos meses. Pero el desplome del PRI-Sonora, impensable antes de la tragedia de la guardería y de la pésima gestión de crisis del gobernador, se explicaría también, a su manera, menos por la inevitable campaña negativa del PAN, encarnizada a raíz del siniestro, y más como consecuencia, también, de lo ocurrido en ese estado a partir de la anterior elección de gobernador. jose.carreno@uia.mx Académico |