En una semana exactamente tendremos los resultados electorales y con ellos un mapa muy preciso del alma del soberano. En periodos electorales todas las fuerzas políticas se sienten capaces de hablar en nombre del pueblo, de interpretar su sentir, de comprender sus temores y de reflejar sus anhelos. Los resultados electorales pondrán a cada quien en su lugar. El número de votos anulados que supere 2.4% (considerado el umbral promedio de votos anulados) será un juicio directo de su desempeño, que espero no manden al desván de los recuerdos, pensando que en una elección presidencial estos temas pueden ser menores.Para el PAN la principal interrogante es ubicar el precio que ha pagado por el desgaste del gobierno y el peso de la crisis. Nada erosiona más el ejercicio de un gobierno que cifras económicas claramente negativas, como las que tenemos en todos los frentes. El PAN tiene como objetivo que la distancia que finalmente lo separe del PRI no sea enorme y conservar San Luis Potosí y Querétaro. Nuevo León se ve cada vez más difícil de recuperar. En la capital será arrollado nuevamente por el PRD. Puede, en el nuevo contexto generado tras la tragedia de la guardería ABC, pelear Sonora y tener algún grado de competitividad en algunos municipios del estado de México, pero poco más. Para el PRI el gran desafío es no alejarse demasiado del umbral de la mayoría absoluta, un escenario que más de alguno acarició en los albores de este 2009. Para el priísmo el problema no consiste tanto en ganar, cosa que da por descontada, sino que el triunfo genere el consenso necesario para apoyar la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto. Por las playas de la izquierda hay dos balances por hacer. El primero es ver cuánto pesa realmente el membrete del PRD. El más interesado en despejar esta incógnita es Ebrard, quien se perfila como el candidato más viable de la izquierda a la Presidencia. El segundo balance es ver cuánto pesa en realidad López Obrador. Él ha hecho la campaña del PT y Convergencia y por tanto a él le toca asumir el triunfo o la derrota. Más allá de la retórica, los resultados de la semana próxima nos permitirán ver con claridad cuánto pesa cada polo. Si la suma del PT y Convergencia es inferior a la representación del PVEM (tradicionalmente el partido que ocupa la cuarta posición), el movimiento obradorista debería asumir el veredicto de las urnas y regresar a la institucionalidad del partido del sol azteca. Si consigue una fuerza mayor se abre un espacio amplio para que sus partidos y el caudillo se conviertan en el polo que reaglutine a la izquierda. Los resultados del próximo domingo deberán ser asumidos por todas las fuerzas políticas con seriedad y ahora no podrán descalificarlos ni por el efecto de campañas sucias, ni por injerencias del dinero en la publicidad, ni por otros elementos distorsionadores que han sido utilizados en todos estos años para vender la especie de que el sistema electoral, por imperfecto que sea, no refleja el sentir de la mayoría. Los demócratas verdaderos tomarán nota de su parecer y actuarán en consecuencia. Analista político |