El boxeo, orgullo de México
Ahora que el boxeo tiene ya más de dos años de estar de vuelta, fuerte como nunca, en las casas del corazón del mismo pueblo, gracias también a varios gobernadores de estado que se han lanzado al ring para corresponderle con un espectáculo bravo a quienes votaron por ellos, es cuando se les están abriendo las puertas a los boxeadores mexicanos para pelear en su propia patria, en busca de su futuro en el deporte de los puños y tratar de evitar las constantes injusticias que en el pasado, la mayoría ha sufrido, y con ello me vienen muchas remembranzas.
Recuerdo cuando El Ratón Macías, aún con la idolatría del pueblo mexicano, tenía que esforzarse para permanecer en el peso gallo, donde era un rey y que por dejar de comer por años, se le redujo el estómago, hasta que en una tarde memorable en la Plaza México, que rompió récord de asistencia, para coronarse campeón mundial reconocido por la entonces NBA, y así obligar a la pelea grande contra Alphonse Halimi, que el griego benefactor del boxeo mexicano, George Parnassus, promovió en California, pero con un Ratón disecado en la báscula y sin tener ya fuerza en los últimos tres rounds, pero llegando al final por su gran corazón y orgullo de campeón, para perder por decisión, lo que provocara al día siguiente, luto nacional, con las calles de todo México vacías y las abuelitas llorando por la derrota de su Ratoncito.
Recuerdo otra ocasión cuando la mayoría de la prensa nacional se oponía por inmerecida, decían, el que Salvador Sánchez peleara como retador del campeón mundial y tremendo noqueador, El Coloradito López, pero por la persistente determinación de mi querido tocayo y gran hombre de boxeo, el licenciado Juan José Torres Landa, por entonces representante de Sal, y por la misma visita que me hiciera el propio peleador para pedir su oportunidad, es que se ordenó la pelea en la que Sal se coronara por nocaut sobre El Coloradito y empezara una carrera que lo llevó a la gloria, hasta vencer por nocaut al gran Wilfredo Gómez, pero luego para perder la vida en un accidente automovilístico, cuando tenía 23 años de edad y toda la vida por delante.
Cómo se me va a olvidar cuando el CMB llevó a Julio César Chávez como retador oficial para pelear contra El Azabache Martínez por el título mundial superpluma en el muy popular Olympic de Los Ángeles, por lo que fuimos muy atacados nuevamente por alguna prensa, porque lo subimos del 60 al 2o en las clasificaciones, considerándolo el más meritorio retador al título, pues aquellos que estaban clasificados arriba de él eran perdedores, aunque con mucho más experiencia que Julio; me impresionó ver al retador, Julio, sentado entre quienes asistieron a la lectura de las reglas, con una playera blanca y un hoyito en la manga, con una cara seria y una sonrisa tímida, impresionado por el protocolo de la tradicional reunión, para que por la noche saltara al ring e hiciera pedazos todos los pronósticos en su contra, naciendo una fulgurante estrella que conmocionó a México por más de 10 años como campeón mundial invicto y se convirtió en el más grande boxeador mexicano.
Recuerdo también a un Carlos Zárate con sus primeras 37 peleas como profesional ganadas por nocaut, teniendo que aguantar más allá de lo normal para recibir una oportunidad titular, para pelear y ganar el título mundial de peso gallo en una gran pelea en el Forum, con el inmortal Cuyo Hernández en su esquina, contra ese otro gran peleador mexicano Rodolfo Martínez, con don Lupe Sánchez, otro grande, en la suya.
Y cómo no mencionar la batalla femenil del sábado 13 de junio, cuando Ana María Torres demostrara como nadie el valor de su mote de La Guerrera, al venir de atrás y ganar los últimos tres rounds a punta de bravura, tirando golpes sin parar como un molino de viento, para vencer a la bravísima tailandesa, y quedarse con el título único de campeona mundial del CMB de los pesos super mosca, en la mejor pelea de mujeres que yo haya visto jamás en toda mi vida.
Reflexionando sobre la grandeza de este deporte del boxeo, siendo verdaderamente el que ha puesto el nombre de México con letras destacadas en el mapa mundial deportivo, es cuando tiene que venir a nuestra mente el agradecimiento a los jefes de Gobierno que han dado un paso al frente en ayuda y reconocimiento del boxeo mexicano, no sólo en ayuda de darle al pueblo lo que el pueblo ama y goza, sino para seguir abriendo las puertas a esos ídolos mexicanos que suben al ring a dejarlo todo con un corazón gigante hasta los límites de la tolerancia humana en busca del triunfo y el honor para su patria mexicana. El boxeo lo merece, se lo ha ganado; el pueblo también, que llena arenas y se vuelca por la televisión para ver a sus ídolos que sí le dan triunfos y más triunfos para orgullo de todos los mexicanos.
Estamos esperando ver cuándo las autoridades deportivas oficiales del gobierno abren los ojos, le quitan el mote al boxeo del patito feo de los deportes mexicanos, y se unen para fortalecer la débil estructura del boxeo, que a pesar de ello, sigue siendo un honor para México; así como también esperamos que nuestros respetables señores de la política observen cómo los dos boxeadores, tras una fervorosa batalla, van al centro del ring para fundirse en un respetuoso abrazo, mostrando que en las contiendas se debe saber ganar con humildad, y perder con dignidad.
Muchas gracias y hasta el próximo domingo.
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