Con la frase “Ahmadineyad no es mi presidente” miles de usuarios (ciudadanos iraníes y periodistas de distintas nacionalidades que no han sido expulsados del país) inundan la única red social que aún no es bloqueada por el gobierno: Twitter. Desde que el gobierno suspendió los mensajes de texto vía celular, así como casi todas las redes sociales en internet, los jóvenes han encontrado en Twitter un medio para hacer llegar sus inconformidades, citar a protestas masivas y enviar al mundo información y fotografías.Se manifiestan contra el resultado electoral que le ha dado al actual presidente, Mahmoud Ahmadineyad, la victoria con 62.63%, y al ex primer ministro (1981-1989) Mir Hossein Moussavi solamente 33.75%, cuando más de 85% de más de 40 millones de electores salieron a votar el pasado viernes 12 de junio. Las expectativas estaban puestas en Moussavi, un arquitecto de 67 años que, bajo las promesas de mejorar la economía, abatir el desempleo, controlar la inflación que supera 15% y “suavizar” los estrictos códigos de vestimenta, logró granjearse un gran apoyo entre la vasta mayoría de los votantes jóvenes en una nación donde 70% de la población tiene menos de 30 años. El lunes Moussavi y sus partidarios se dieron cita reuniendo a decenas de miles en el centro de Teherán y en distintas ciudades del país; lamentablemente, tales muestras de apoyo han degenerado en enfrentamientos con la policía, que ha golpeado y arrestado a cientos de jóvenes, e incluso se habla de siete muertos y decenas de heridos. El Consejo de Guardianes (órgano que es la instancia judicial más importante del país) ha accedido a hacer un recuento de votos a petición del ayatola Alí Khamenei, el líder supremo de la revolución iraní. Pese a ello, es poco probable que algo cambie pues el propio consejo ha rechazado la demanda de Moussavi de anular las elecciones e incluso él mismo ha declarado no ser muy optimista respecto al resultado de la revisión. Al momento de escribir estas líneas, cientos de personas en distintas ciudades de Irán continúan protestando al grito de Alla-u-Akbar (Dios es el más grande), emulando el grito que en 1979 dio fuerza y unidad a la revolución islámica, y así también, al momento de escribir esto la cruenta represión del régimen fundamentalista también continúa. Las opciones para Moussavi no son sencillas. Puede continuar alentando a sus seguidores a continuar la resistencia, lo que resulta muy riesgoso para su gente pues el gobierno ya ha demostrado que está dispuesto a utilizar todos los medios represivos a su alcance y no tendrá empacho en incrementar el nivel de violencia que pueda utilizar para acallar a los opositores. Esto podría desencadenar a su vez una espiral de violencia que podría salirse de control amenazando la vida y la integridad de miles de personas. Por otro lado, podría aceptar los resultados y permitir que Ahmadineyad continúe en su cargo por otros cuatro años, opción que, vistas sus tendencias autoritarias, tendrá graves consecuencias para la democracia del país y sus relaciones con el exterior. Occidente probablemente podría estar más tranquilo con Moussavi pues se ha mostrado interesado en mejorar las relaciones de su país con el mundo y ha dejado escapar la idea de que estaría dispuesto a abrir sus instalaciones nucleares a los inspectores de Naciones Unidas. Con Ahmadineyad las cosas no cambiarán: “El enemigo está furioso porque la nación iraní se mantiene firme en su ideología. Haré todo para que las potencias imperiales y sus gobiernos se inclinen ante ustedes y se inclinen ante Irán”. Analista |