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México D.F., a 18 de junio de 2009 | 11:43 PM

Lorenzo Córdova Vianello
Debates y democracia
17 de junio de 2009
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Los debates son un fenómeno típicamente democrático. En los sistemas políticos de democracia consolidada la cultura de la discusión pública está profundamente arraigada y difundida. Resulta algo cotidiano el que, de cara a la decisión sobre algún tema de relevancia colectiva que se discuta en el Parlamento o que deba enfrentar el gobierno, se multipliquen los espacios de discusión pública entre los diversos actores involucrados. Y no hablo sólo de los periodos electorales. En todo momento, cuando el hecho lo amerita, es frecuente ver que los medios abren verdaderos espacios de discusión y confrontación de ideas.

De hecho, existen países en donde programas radiofónicos o televisivos hacen del debate su razón de ser, como el caso del exitoso programa italiano Porta a porta, conducido por Bruno Vespa, en el que semana a semana es recurrente ver sentados juntos al primer ministro en turno con el (o los) líder(es) de la oposición discutiendo sobre los más variados temas de la política, la economía y los problemas de la sociedad.

En México, la figura del debate se instaló tibiamente entre nosotros como producto de la transición y casi exclusivamente en los contextos electorales. Hace 15 años, en las elecciones presidenciales de 1994, tuvimos un primer experimento. Desde entonces, en cada proceso para renovar la Presidencia de la República se han venido repitiendo esos encuentros acartonados que se asemejan más a un interminable spot de decenas de minutos por participante, que no a un espacio de confrontación de los diversos diagnósticos sobre la situación y necesidades del país, así como de las propuestas para enfrentarlas.

Los debates así entendidos terminan por desnaturalizarse, adquieren un peso desproporcionado y se vuelven un mero instrumento de estrategia electoral, de cálculo político, y no de discusión de cara al público de distintas posiciones políticas.

Un debate, cuando es serio, se convierte en un mecanismo poderosísimo de información para el ciudadano que lo presencia, permite que las posturas de los actores políticos se socialicen y contribuye a la formación de una verdadera opinión pública. Y tiene un impacto benéfico aún mayor cuando no sólo circunscribe a un contexto electoral y gira sólo en torno a las plataformas políticas de los partidos, sino cuando se discuten permanentemente los problemas de la sociedad.

El carácter extraordinario de la cultura del debate político tiene sus consecuencias: la nuestra es una sociedad epidérmica que termina por ser más sensible a la descalificación que a los argumentos. La responsabilidad, en ese sentido, es de todos, de los políticos, por supuesto, pero también de los académicos, de los analistas (expertos en todo y nada) y de los medios de comunicación, más interesados en la estridencia que en la sustancia. Toda generalización es mala, me hago cargo de ello, pero creo que la precariedad del debate público es algo que nos involucra a todos.

Hoy el tema se plantea, una vez más, en el contexto electoral a propósito del debate que han organizado los dirigentes del PAN y del PRI. Se trata, una vez más, de un acto esporádico y, en esta ocasión, también excluyente de los otros contendientes. Eso no sería raro si este fuera uno más de los debates en la elección; sería natural que dos contendientes que encabezan las preferencias electorales quisieran confrontarse sólo entre ellos. Pero dado que se trata de un único evento de esa naturaleza, supone inevitablemente una merma importantísima en términos de la equidad entre los contendientes.

Resulta comprensible la protesta que algunos partidos (el PRD y el PSD, esencialmente) plantearon, y que el secretario ejecutivo del IFE hizo suya, exigiendo que la CIRT no transmitiera el debate.

Pero eso es, simplemente, la consecuencia de una falta de cultura del debate que sigue siendo uno de los grandes pendientes de nuestro incipiente sistema democrático.

Investigador y profesor de la UNAM.

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Comentarios 1-20
patol
2009-06-17|17:27
CELAYA
Como ya lo expresó otro participante ¿de que sirve un debate entre dos dirigentes de partidos que en forma general son lo mismo?, o por lo menos lo han sido durante más de 20 años, ya que han co-gobernado permitiendo la impunidad y fomentando la corrupción y el tráfico de influencias, manteniendose al servicio de los grupos mafiosos del poder (incluyendo alto clero y medios de comunicación). Unicamente, en ciertos momentos les salen algunas "diferencias" para aparentar lo que realmente no son, siguen siendo uno solo el PRIAN y muchas veces ampliado con Elba Esther y su PANAL como PRIANAL, colgándose al VERDE en otras ocasiones. No hay que seguirles el juego y vayamos por una verdadera opción que confronte a toda esta mafia y algunos incrustados en la misma (chuchos).
accionista
2009-06-17|14:14
D.F
El problema es que en México no existen espacios de debate, hay eso si, programas de radio y televisión en donde, a veces, hay un mínimo intercambio de ideas, pero no existe debate real debido que los dueños del poder y de los medios de comunicación se espantan cuando empieza a surgir algún espacio de discución y de inmediato hacen todo lo posible por silenciarlo. Por otra parte hay que señalar que existen muchos programas de contenido político don tendencia derechista, un solo programa con orientación hacia el centro -Primer plano- y que aún esta orientación centrsta pone nerviosos a algunos y Que NO EXISTE ningún programa con orientación abiertamente izquierdista, pues a los señores del poder, de los medios y del dinero les da miedo, pavor, pánico la confrontación de ideas a tatraves de los medios. Ni modo, vivimos en un estado FALLIDO, muy FALLIDO.
pambolin
2009-06-17|12:25
DF
El columnista propugna (políticamente correcto) por la necesidad de los debates, pero concluye que estuvo bien que se cancelara el único que iba a realizarce en esta elección ¡Qué risa! Y todo por preferencias o animadversiones personales que derivan en esa contradicción. Un nuevo caso de censura en detrimento de los ciudadanos (la mayoría votará Pan o Pri) producto indirecto de aquél berrinche del antidemócrata que no supo aceptar su derrota y que provocó una contrarreforma que, por más que la traten de defender, la realidad ha desnudado en su inutilidad.
hugo1985
2009-06-17|09:34
Mexico
Muy buen artículo Doctor, como bien apunta, en nuestro país la cultura del debate EN SERIO, simplemente no existe...tal parece un talk show estilo tercer mundista, en donde simplemente van a descalificarse, a sacar documentos que prueban tal acto ilegal, a mencionar motes o apodos hacia el contrincante y otro... no veo el día, aún con mi juventud, que tengamos políticos que se paren a proponer verdaderas ideas y soluciones, y a partir de ese momento se genere un debate pero revatir o acordar...En cuanto al hecho que, afortunadamente, no se llevó a cabo, es decir el debate entre PAN y PRI, no entiendo por qué nos seguimos negando a un verdadera democracia, no se vale excluir a los partidos, hasta el más pequeño representa a una parte de la sociedad; no podemos argumentar un debate entre los que van en la punta, cuando muchas veces representan las mismas ideas y sólo tienen en común tener más poder que el otro, entonces se necesita un contrapeso a esos partidos punteros.
tepontla
2009-06-17|07:24
San Pedro Cholula
Yo creo que el PRD no debe participar en el debate necesariamente. No veo razón para que se le incluya porque los partidos que encabezan las preferencias electorales en este momento son el PRI y el PAN. Sin embargo, Convergencia planteó que si se incorporaba el PRD en ese debate, los otros partidos chicos deberían tener esa misma oportunidad. Eso creo que sí sería justo.
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  Acerca del autor

Licenciado en Derecho por la UNAM y doctor en Teoría Política por la Universidad de Turín Italia. Es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (en donde coordina el área de derecho electoral) y profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Experto en temas político-electorales, de formas de gobierno, de control constitucional y de derechos fundamentales. Autor de varias publicaciones de derecho electoral, derecho constitucional y teoría política. Analista y comentarista de temas jurídicos y políticos de El Universal y de varios medios electrónicos de comunicación.

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