El 5 de junio se celebró en Xcaret, Quintana Roo, el Día Mundial del Medio Ambiente, en una ceremonia encabezada por el Presidente de la República, con la presencia del director del PNUMA, Achim Steiner, y de varios secretarios de Estado (SHCP, SRE, Sener, Turismo, Marina y, desde luego, Semarnat). Se presentaron en esa ocasión varios logros en el campo ambiental que constituyen “premiere mundiales”.En primer lugar, el Programa Especial de Cambio Climático (PECC) que pronto será publicado oficialmente y que es el primero de su tipo presentado por un país en desarrollo. Además, una adaptación del Informe Stern, adecuado a México, sobre los costos reales y posibles resultantes del cambio climático y el calentamiento global para México, un estudio promovido y apoyado por la Secretaría de Hacienda, la Semarnat, el Banco Mundial y el gobierno británico a través de su embajada en México, coordinado por el doctor Luis Miguel Galindo, de la Facultad de Economía de la UNAM, que también constituye una primicia para un país; y, finalmente, la obra Capital natural de México, que representa la primera ocasión en que un país, en este caso México, hace una evaluación nacional del estado de sus ecosistemas terrestres y marinos y la biodiversidad contenida en ellos. Esta es una obra en la que participaron 744 autores (ecólogos, biólogos, geógrafos, agrónomos, sociólogos, economistas, antropólogos, etcétera) y revisores de 45 capítulos en tres volúmenes, además de una síntesis escrita en lenguaje llano para tomadores de decisión y para un público más general, y que fue organizada y coordinada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), obra magna a la que dedicaré atención especial más adelante. Sin embargo, el hecho más relevante en mi opinión fue no sólo la presencia de las secretarías del ramo a las que hice referencia antes, sino especialmente la de la SHCP y, por primera vez en la historia del país, el hecho de que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, tomase la palabra en una reunión de tema ambiental para expresar algo inédito: su convencimiento de que México tiene que tomar en cuenta para su desarrollo y valorar adecuadamente los costos ambientales de ese desarrollo, y de poner al cuidado ambiental en la agenda de la actividad gubernamental y de desarrollo industrial. Este acto sin precedentes es en verdad significativo. Plantea claramente la decisión presidencial de dar al tema ambiental una posición central en el desarrollo del país; sugiere también la sensibilidad y la apertura del sector financiero mexicano para empezar a considerar en serio, incluso en medio de una crisis financiera mundial y nacional, un nuevo entendimiento de la economía nacional, así como una oportunidad única para conducir a México por la ruta de la sustentabilidad. El secretario Carstens mencionó que “es deseable que cada vez más los encargados de las finanzas públicas... se involucren directamente en los asuntos ambientales”. También recalcó que es cierto que el gobierno “tiene un papel importante y debe asumir su responsabilidad en esta tarea”, pero todos los esfuerzos serán infructuosos “si el sector privado, y específicamente las empresas, no internalizan en sus actividades productivas la importancia de preservar y mejorar el ambiente como una parte esencial de su estrategia de negocios”. ¿Estaremos ante una oportunidad inédita para enlazar las acciones gubernamentales, productivas y sociales por una ruta nueva hacia el desarrollo más racional y sustentable del país? Ojalá que sí. jose.sarukhan@hotmail.com Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM |