¿Qué queremos los electores?

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciale...
Más de Ana MarÃa Salazar11 comentarios | 419 lecturas
Una empresa entendió que habÃa llegado el momento de cambiar el estilo de gestión y contrató un nuevo gerente general. El nuevo gerente vino con la determinación de hacer cambios y volver a la empresa más productiva. El primer dÃa, acompañado por sus principales colaboradores, hizo una inspección en la empresa. En la planta todos estaban trabajando, pero un muchacho estaba recostado contra la pared con las manos en los bolsillos.
Viendo una buena oportunidad para dejar bien clara su filosofÃa de trabajo, el nuevo gerente se acerca y pregunta al joven: “¿Cuánto gana usted por mes?”. “Tres mil pesos, señor, ¿por qué?”, respondió el muchacho sin saber de qué se trataba. El gerente sacó 3 mil pesos del bolsillo y se los entregó al joven, diciendo: “Aquà está su sueldo de este mes. Ahora lárguese y ¡no vuelva nunca más!”. El joven guardó el dinero y se fue, de acuerdo a las órdenes recibidas.
El gerente, entonces, orgulloso, se voltea y pregunta a los demás empleados: “¿Alguno de ustedes puede decirme qué hacÃa ese joven?”. “SÃ, señor”, respondieron atónitos los empleados: “Vino a entregar una pizza...”.
Moraleja: hay personas que tienen tantas ganas de mandar, que se olvidan de pensar...
Esta anécdota refleja cómo se están llevando a cabo las campañas electorales, en las que los candidatos están dispuestos a ganar las elecciones a toda costa, llevando a cabo ilegalidades y sacrificando su credibilidad. La mayorÃa de estos candidatos o candidatas asegura que su motivación principal de buscar un cargo público es sencilla: el deseo de ayudar al prójimo.
Pero usar el poder para realizar el bien sabiamente requiere fortaleza y valentÃa, pero también un discernimiento entre el bien y el mal. Desafortunadamente, la lÃnea entre el bien y el mal sobre la que se mueven los polÃticos es muy delgada. James Hunter, en La clave de la paradoja, afirma que “los seres humanos tienen una capacidad para diferenciar entre el bien y el mal, pero la tendencia hacia la mala conducta es el estado más natural y debe de controlarse. Las intenciones y las acciones se muestran en la voluntad de hacer lo correcto, pero esta voluntad se debe cultivar y desarrollar cuidadosamente para no convertirnos en uno de los muchos seres maliciosos que han vagado por el mundo”.
Sin embargo, los conceptos del bien y del mal no son universales, acaban por ser ambiguos; y en la mayorÃa de los casos incuestionable es la definición de lo que es legal. Para la mayorÃa de los candidatos, la primera prueba de fuego del tipo de lÃder y gobernante que aspiran a ser será definir qué tantas ilegalidades y comportamientos altamente no éticos están dispuestos a tolerar para poder ganar la contienda electoral.
El lÃder polÃtico no sólo tiene que desarrollar un agudo sentido de lo que sucede a su alrededor, sino también entender las complejidades de la naturaleza humana.
La tentación de ser un candidato corrupto proviene de los rasgos personales de cada individuo, aunque también influyen en forma importante las presiones del ambiente en que se desarrolla la campaña. ¡Qué fácil es justificar un acto de corrupción o una ilegalidad bajo el pretexto de que se busca asegurar un escaño polÃtico para ayudar o proteger a los electores!
¿Qué queremos los electores? Nos urgen “lÃderes” que tengan la capacidad de trabajar en un ambiente hostil; popular, pero no populista. Respaldado por un buen equipo de asesores, interesados en trabajar por el paÃs y no por una candidatura. Buena presentación y manejo de medios. Que no tenga cola jurásica ni jurÃdica que le pisen. Experiencia polÃtica indispensable —este paÃs no soporta improvisados y no habrá entrenamiento ni capacitación—. Carismático y pragmático, pero no loco. Buena salud mental; los puestos polÃticos enloquecen a cualquiera. Acostumbrado a trabajar por objetivos. Queremos polÃticos que sepan negociar, pero no ceder. Que sepan crear consensos, pero también hacer decisiones que van en contra del statu quo. Un presidente benévolo, pero también dispuesto a ser un cabr%&!#.
No queremos polÃticos que dividan, sino que nos unan. Que nos representen a todos, no sólo a algunos. Alguien que nos permita soñar, pero que no viva en las nubes. Que sea papá y mamá, pero también cuate y hermano. PolÃticos que nos den las esperanzas de que nuestras vidas puedan y van a ser mejores porque habrá oportunidades. Que promuevan la creación de empleos, pero dignos y bien remunerados. Que sean democráticos y autoritarios, cuando se requiera. Que nos hagan pensar que son mejor que nosotros en todos los sentidos: más inteligentes, menos corruptos, más fuertes y valientes, más creativos. Nos urge un lÃder que nos dé esperanzas.
¿Es mucho pedir? Tal vez.
anamaria@anamariasalazar.com www.anamariasalazar.com
Analista polÃtica
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Ese lider existe Ana MarÃa. Abundan gentes asà en México. Pero no se encuentran dentro de la clase polÃtica porque no están dispuestos a pagar el precio que dicha clase exige para ser. El problema Ana MarÃa es que el modelo priista sedujo al PAN Y PRD, homogenizando el modelo. No hay de otra: tenemos que cambiar el sistema para que cristalicen en hermosas realidades, las esperanzas de esos lÃderes que describes. saludos.
Es una oportunidad para demostrar nuestro enojo ante el gasto ofensivo en el IFE de mas de ocho mil millones de peso al año, y c omo peticion para que lo rduzcan a la cuarta parte para esto debe servir la anulaciòn del voto-.
No es posible decirlo mejor. Gracias, Ana MarÃa Salazar.
Esperar que llegue un candidato como el que planteas al último, ups, es como escribirle una carta a sata, nunca va a llegar, aqui se trata de de llegar para agandallar lo mas que se pueda mientras tengan el hueso.
Ana Maria, me refiero a tus 2 ultimos parrafos: esas gentes en México, no existen
Ana MarÃa, como siempre, una bella nota. Yo creo que todo el pueblo mexicano se une a tu deseo; pero, ¿cuándo llegará ese dÃa? Por lo pronto, lamentar la construcción de 12 cárceles para encerrar a 53 mil reos sobrantes, muchos de ellos campesinos metidos al narco tráfico por hambre, mientras los polÃticos, con tal de permanecer, nos aturden con su cochinero de propaganda.
Lo que dice mi NO VOTO: “Pequeño….Gran Simulador…. NO TE CREO”... Después se tendrá que decir más.
En tiempos de crisis: la corrupción es una necesidad que enturbia las aguas rápidas, no es de extrañar que en México la polÃtica sea un inmenso rÃo de estiércol. "El camello que estercoló en el rÃo (Esopo): Atravesaba un camello un rÃo de aguas rápidas. Sintió la necesidad de estercolar, y viendo enseguida que pasaba delante de él su excremento, arrastrado por el rÃo , exclamó: — ¿Cómo sucede esto? ¡Lo que estaba atrás mÃo, ahora lo veo pasar adelante! Es como en algunos estados o empresas, donde los incapaces y los corruptos pasan a ocupar los primeros lugares, en lugar de los más sensatos, honestos y capaces". Si algo queremos los electores es que la clase polÃtica deje para otra ocasión su necesidad de denostar a su oponente. La guerra sucia electorera trae una consecuencia inmediata ...la corrupción termina rebasando por la derecha, por la izquierda, por el centro.
TOTALMENTE DE ACUERDO!!! ES JUSTO LO QUE QUEREMOS Y NECESITAMOS!!! Un lÃder que nos permita ser libres y no libertinos, que nos dé seguridad y no ingobernabilidad, que gane bien pero que no robe o engañe o trafique influencias, que sea demócrata y promotor de la libertad de expresión, pero no un pusilánime, temeroso y complaciente... Necesitamos mucho y, con el sistema actual, recibimos muy poco...
me parece una de las pocas 15 al maximo de mujeres que valen por si mismas, lo felicito por la gran profundidad de su razonamiento porque el candidato desde que es escogido por el partido por dedazo ya es un corrupto que quiere ganar para tranzar esta es nuestra filosofia, hasta que la sociedad civil diga un basta.
Me parece que hay problemas muy complejos, pero la gran confusión es por el ruido excesivo sin unidad de mando: los términos guerra, operación y táctica están completamente difusos. Hay demasiados lÃderes pésimos, pero nadie entiende el concepto. B. Russell decÃa que el lÃder verdadero es aquel que está dispuesto a dar su vida por la causa y sus seguidores.