¡Se acabó la crisis sanitaria! ¡Quítense el cubrebocas y disfruten estornudando al aire! ¡Si quieren, dejen de lavarse las manos y saluden con besos supertronados a conocidos, extraños y mascotas por igual!Con la declaratoria del secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, ante la Organización Mundial de la Salud, donde insistió en que la epidemia en México estaba bajo control, y la determinación del Gobierno del Distrito Federal de bajar la alerta sanitaria por el virus de la influenza de color amarillo a verde, podríamos pensar que podemos regresar a la normalidad, lo que significa una reactivación al 100% de las actividades económicas y sociales en el DF y el resto del país. Entiendo la necesidad de pugnar por el regreso a la normalidad no sólo desde la perspectiva económica y política, sino sicológica. Pero hay que tener mucho cuidado en declarar victoria prematuramente. Porque las mismas personas que subrayan que el problema está bajo control también están subrayando que cuando inicie la temporada de influenza estacional, que sucede durante los meses de invierno, podría suceder un brote aún más devastador y peligroso. ¿No será que con el mensaje de “normalidad” de hoy en día estaremos creando un ambiente en el que ante una nueva declaratoria de emergencia sanitaria por un nuevo brote de AH1N1 u otra gripe, la población simple y llanamente se rehusará a tomar las medidas necesarias ante el argumento de “ya nos pegó una vez y no pasó nada”? Ahora que parecería que nos encontramos disfrutando un respiro pasajero —de dos semanas, diría yo— ante lo que podría ser la siguiente crisis del país, este es el momento de analizar qué crisis se nos avecinan. Más allá de una crisis suscitada por un desastre natural, o que nos caiga encima un meteorito, podemos anticipar una crisis política, económica y probablemente una crisis relacionada con la situación de seguridad en el país. Estamos en la antesala de la crisis política que seguramente surgirá en las siguientes semanas antes de las elecciones del 5 de julio y se agravará las semanas después de la contienda electoral. A pesar de que dejó de generar titulares en los medios, la posibilidad de que el crimen organizado quiera buscar sus “expresiones políticas” durante esta contienda es una amenaza real y contundente. No sólo hay candidatos a los que se les acusa de tener vínculos con el narcotráfico, sino que podemos esperar que estos grupos delictivos inyecten dinero para asegurar que gane su gallo. Y si el dinero no asegura la victoria, amenazar a los candidatos que se les pongan enfrente seguramente lo hará. Podemos esperar antes de las elecciones amenazas y violencia en contra de los candidatos, particularmente en las elecciones para presidentes municipales en varios de los ayuntamientos conflictivos del país. Además de la crisis que esto podría producir para el gobierno federal ante los partidos, después de las elecciones seguramente el IFE y el Tribunal Electoral y las autoridades electorales locales tendrán mucho trabajo. Bajo amenazas tendrán que definir si un candidato ganador recibió apoyo del narco o no. Seamos claros. Si en estas elecciones se permite que candidatos que hayan recibido abiertamente apoyo y dinero del narco asuman su curul o puesto de elección, y no pasa nada, será muy difícil hacer reversa de esta tendencia ante las elecciones de 2012, y será uno de los golpes más fuertes a la transición democrática en México. Una vez culminadas las elecciones seguramente la crisis económica estará provocando titulares en los medios. Ya que, a pesar de las esperanzas por parte del gobierno en este momento de que ya pegamos fondo y vamos en franca recuperación, hay muchos indicadores de que eso no es el caso. Recuerden el dato de esta semana: aunque el gobierno admite que el PIB ha caído 8.2%, Concamin asegura que en realidad es 9.8%. ¿Alguien quiere apostar cómo va a estar el país terminando el año? La otra crisis que continúa vigente, tal vez temporalmente olvidada por unos días, es la crisis de seguridad. Ante la arremetida del gobierno —que empezó desde el inicio de esta administración—, más que reducir la violencia podemos esperar un importante rebote violento ante organizaciones que se sienten arrinconadas. Más que presentarse una reducción de la capacidad de estos grupos, ésta se incrementará. Lo que sucedió esta semana en el penal de Zacatecas, donde 53 reos salieron caminando, es un botón de ejemplo. www.anamariasalazar.comanamaria@anamariasalazar.com Analista política |