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México D.F., a 21 de mayo de 2009 | 11:43 PM

Miguel Carbonell
No hay ideas
21 de mayo de 2009
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Conforme van avanzando las campañas nos damos cuenta de que nuestros políticos podrán tener muchas cualidades, pero no andan sobrados de ideas. Podemos verlos arrastrarse por lugares comunes, prometer más seguridad, salud, empleo, educación, crecimiento económico. Nos dicen lo que todos queremos escuchar. Lo que no nos indican es cómo van a lograrlo o qué piensan hacer para llevarnos hacia ese mundo prometido.

Claro que el ciudadano ya intuía, desde que se dieron a conocer los candidatos, que las campañas no iban a tener un alto nivel argumentativo. ¿Cómo lo podrían tener si se están volviendo a presentar los candidatos que son responsables de que estemos como estamos? ¿Qué pueden ofrecer los vividores de la política que llevan décadas medrando en el presupuesto público?

Con todo, la ciudadanía no debería resignarse con jingles, eslóganes y cancioncitas, sino que debería ser exigente con quienes le están pidiendo el voto. Habría que preguntar a quienes nos llenan de promesas si el puesto que quieren ocupar les va a permitir realizarlas. ¿Cómo promete un candidato a diputado construir una carretera o un centro deportivo si esas obras no entran en su esfera de competencia? ¿Por qué se refiere un candidato a alcalde a temas de crimen organizado si ese es tema de la Federación? Hay que pedirles que hablen de lo que sí podrían hacer si resultan electos, no de lo que les toca a otras autoridades o a otros niveles de gobierno.

También habría que preguntarles a quienes ya fueron funcionarios por qué prometen ahora lo que tenían que haber realizado en sus encargos anteriores. Un sencillo esquema de rendición de cuentas: si fuiste un inútil en tus anteriores cargos, no mereces mi voto ni mi confianza. Si hiciste bien tu trabajo, voto por ti. Así de sencillo.

Pero no nos hagamos muchas ilusiones. El seudodebate sobre la pena de muerte que presenciamos desde hace semanas y veremos en las siguientes nos demuestra, entre otras cuestiones, lo lejos que están algunos actores políticos de los ideales democráticos más básicos. La descarada e inconstitucional búsqueda de votos pinta de cuerpo entero a una parte de nuestra clase política, para la que los principios democráticos sirven sólo en función de sus intereses.

Hemos visto en los meses pasados que dirigentes de partidos y precandidatos se insultan unos a otros. El escenario ha sido como de vodevil: un dirigente insinúa que cierto partido protege al narcotráfico o, al menos, lo solapa por no aprobar determinada ley; del otro lado le contestan diciendo que es un “pequeño hitlercito”. En un tercer partido se mantenían ocupados intentando limpiar el enésimo fraude en las elecciones internas. Un desastre por donde se le quiera ver. Partidos de miras cortas, afanosamente empeñados en que los ciudadanos sigan ausentes del debate político: eso es lo que tenemos y no se vislumbra ninguna alternativa en el horizonte.

Una democracia fuerte puede y debe promover un debate público desinhibido, abierto y robusto, como lo dijo la Corte de EU hace más de 40 años. Ese debate puede contener expresiones hirientes y mordaces. Los interlocutores pueden enfocarse en lo negativo de los adversarios, pero no se vale hacer imputaciones delictivas. Decirle a un partido o candidato que es narco o que lo protege excede todos los límites admisibles en una democracia, incluso suponiendo que en ese partido hubieran militado personas sentenciadas por delitos contra la salud, dado que la responsabilidad penal es individual.

Cuando vivíamos en un régimen autoritario la responsabilidad ciudadana estaba limitada: la culpa la tenía el sistema. Mientras el sistema no cambie no podemos hacer nada, concluían los indolentes, investidos de una actitud más de súbditos que de ciudadanos. Ahora que el sistema ha cambiado se han terminado las excusas: cada uno debe cumplir con su parte en la construcción de la democracia. Pero muchos no han caído en la cuenta de que el régimen político ya ha cambiado y que cada quien debe cargar con su responsabilidad. Lo menos que nos deben ofrecer son ideas fuertes, creíbles, razonadas. Ideas que nos permitan distinguir entre las alternativas que compiten y que nos hagan elegir la que entendemos que es mejor. ¿Acaso es mucho pedir?

www.miguelcarbonell.com

Investigador del IIJ-UNAM

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Comentarios 1-20
Almanzor
2009-05-21|15:48
Monterrey
No sólo no hay ideas ni debates ni nada, por parte de los partidos, con la bendición del IFE. Por si esto fuera poco además tenemos pésima propaganda electoral. Acabo de ver un espectacular del PRD, otrora tan ingenioso partido, en la que se lee: "A quién le vas a dar trabajo, a los extranjeros o a los mexicanos". Quiero pensar que fue un error de concepto de quienes diseñaron el cartelón, porque el menaje puede entenderse en dos sentidos. Primero, se puede leer como que es preferible comprar cosas hechas en México por mexicanos, lo que nos retrae a un nacionalismo infumable, tan parecido al de los partidos "ultras"; o bien puede entenderse en el sentido de "no compres mercancía extranjera", lo cual es un galimatías, por la sencilla razón de que la mayor parte de la tecnología inplicada en los procesos productivos de las empresas mexicanas es de origen extranjero. Creo que el PRD debería ser más cauteloso y creativo en sus mensajes. En lugar de la trillada promesa de la creación de empleos, cosa que le incumbe al sector privado, el partido del sol azteca debería promover la recuperación del espacio público político para los ciudadanos, que a la derecha política tanto le asusta, por razones obvias.
Anvama
2009-05-21|13:38
México
Estoy de acuerdo con el Dr. Carbonell. Sin embargo, me pregunto ¿con qué medios efectivos contamos los ciudadanos para exigirles a los partidos y/o candidatos que cumplan sus promesas?, ¿cómo podemos darles a conocer nuestra inconformidad? y en las próximas elecciones ¿votamos o no? Tal vez serviría realizar un "voto en blanco" como lo propone Saramago en su "Ensayo sobre la lucidez".
Amargoso
2009-05-21|12:53
Morelia
Concuerdo en general con lo dicho por el autor. Pero me gustaría saber qué piensa sobre lo que hay que hacer en lo inmediato para que las cosas cambien. Por ejemplo, ¿cómo debemos manifestar nuestro descontento ante el actual proceso electoral, particularmente al momento de votar? La única recomendación que se dá sirve para evaluar a los candidatos que ya han ocupado algun cargo antes. En los otros casos ¿si ninguno sirve, si son figuras grises, anodinas, sin ideas? ¿Debemos votar aún así? Este es un tema sobre el cual intelectuales como el autor deberían pronunciarse para orientar la opinión de los ciudadanos. ¿Cómo manifestar electoralmente nuestra inconformidad y exigir que las cosas cambien?
wolfiresoul
2009-05-21|09:52
Ciudad de México
La ciudadanía tiene los candidatos que se merece. Además de hacer una crítica a la clase política habría que hacer una crítica a nuestra sociedad, que a final de cuentas termina prefiriendo que el candidato de su preferencia salga en los programas de moda y no en un debate inteligente. Una sociedad que prefiere el morbo implícito en los ataques constantes entre candidatos, en lugar de una actitud de proposición e ideas. Lo ideal serían candidatos que nos muestren lo mejor de ellos, y no que son "el menor de los males". Lo ideal sería un debate político, y no un concurso de popularidad. Pero bueno, ¿Así cómo?
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  Acerca del autor

Licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, España e Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y Coordinador del Área de Derecho Constitucional del mismo Instituto.

Autor de 18 libros y coordinador o compilador de otras 29 obras. Ha publicado más de 280 artículos en revistas especializadas y obras colectivas de México, España, Italia, Argentina, Colombia, Perú, Chile y Uruguay.

Ha coordinado las obras colectivas más importantes de México en materia jurídica, tales como la “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos comentada y concordada” (5 tomos), la “Enciclopedia Jurídica Mexicana” (15 tomos), la “Enciclopedia Jurídica Latinoamericana” (10 tomos) y “Los derechos del pueblo mexicano. México a través de sus constituciones” (25 tomos).

Miembro del Consejo Consultivo de la CNDH y de la Junta de Gobierno del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

Ha colaborado en la realización de iniciativas ciudadanas de ley; por ejemplo en la “Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información”, la “Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación” y el “Proyecto de reforma constitucional en materia de juicios orales y debido proceso legal”.

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