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México D.F., a 6 de mayo de 2009 | 11:43 PM

Lorenzo Córdova Vianello
El papel del Estado
06 de mayo de 2009
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Es curioso ver cómo en días recientes, en medio de la emergencia provocada por la influenza humana, muchos de los tradicionales críticos del Estado ensalzan al poder público, alaban las medidas del aparato de salud estatal y reconocen que la única entidad capaz de enfrentar el problema es, precisamente, el Estado.

El contexto actual de crisis económica, de seguridad, de salud, etcétera, representa una buena oportunidad para repensar el papel que juega el Estado como poder de la sociedad y su relación con ésta. Más luego de décadas en las que, bajo la lógica del neoliberalismo económico, al Estado se le endilgó el papel del villano de la película que, con todas sus reglamentaciones y regulaciones, ponía en riesgo la libertad individual, enarbolándose, en consecuencia, la consigna de reducirlo a su mínima expresión.

Hoy está a la vista lo miope, torpe e ilusorio de esa pretensión. El tradicional objetivo de la sociedad, perseguir el bien común, es posible sólo a través de la preeminencia de lo público sobre lo privado. A fin de cuentas, los particulares, sin reglas ni frenos que sólo puede ponerles el Estado, sólo buscan la consecución de sus intereses privados.

El resultado de la lógica antiestatista está a la vista de todos: sociedades regidas por los privilegios, concentración de poder y riqueza en unas cuantas manos, una desigualdad social que crece exponencialmente en todos lados, la proliferación de mafias, etcétera.

Para entender el papel insustituible y primordial que juega el Estado, basta, como ejemplo, una ojeada a la situación económica para ver lo que ocurre cuando a los particulares se les deja actuar sin controles (en este caso en el mercado): al final prevalecen la voracidad y la irresponsabilidad de los privados. Y es que un privado, a fin de cuentas —y no podría ser de otra manera—, perseguirá, antes que nada, su beneficio personal, no el interés colectivo.

De igual forma, el único modo posible —y realista— para disminuir la brecha de desigualdad que aqueja a nuestras sociedades es una intervención directa y preeminente del Estado (actuando como ente redistribuidor de la riqueza), tal como lo enseña la exitosa experiencia histórica que se dio en ese sentido en las sociedades europeas de la posguerra.

También frente a los casos de grave riesgo para la sociedad, tanto en términos de salud como de seguridad pública, el único ente social capaz de enfrentar exitosamente tanto a epidemias como al crimen organizado es el Estado.

Por otra parte, existen funciones sociales que son eminentemente públicas, como la educación y la salud, en las que el papel de los particulares debería ser, como ocurre también en Europa, exclusivamente secundario y subsidiario.

Es cierto que en el cumplimiento de todas esas tareas el Estado (al menos el Estado democrático de derecho) no puede actuar sin límites y controles; de lo contrario, terminaría por anular la libertad de los gobernados.

Pero esa ha sido, precisamente, la gran obra civilizatoria de la modernidad encarnada en los postulados del constitucionalismo: idear un Estado que estuviera limitado, en primera instancia, por el respeto y la obligación de garantía de los derechos fundamentales (de todos ellos, los civiles y políticos, pero también los económicos y sociales) de los individuos. Pero ello no supone, de ninguna manera, una subordinación del Estado frente a los particulares, sino simple y sencillamente que en su función rectora de la sociedad aquél no anulará ni lesionará los derechos de sus gobernados.

Reivindicar el valor de lo público tiene, finalmente, una razón adicional: sólo el Estado puede protegernos de los abusos que frecuentemente cometen algunos poderes privados (aquellos que Luigi Ferrajoli define como “salvajes”), esos que tanto alaban y edulcoran, por cierto, los críticos del Estado.

Investigador y profesor de la UNAM

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Comentarios 1-20
Delacroix
2009-05-06|18:09
México
El problema para mí no está en el papel del Estado. Es claro que el Estado debe actuar cuando está en riesgo la seguridad de la población. Sin embargo, también está claro que más Estado no significa necesariamente más justicia y más beneficios para todos. Tomemos el caso de Pemex. Se ha convertido en una entidad que reparte beneficios entre unos cuantos privilegiados y no por ser del Estado tenemos gasolinas a precios razonables; por lo contrario, pagamos de las más caras del mundo. La intervención del Estado debe tener un sentido muy claro y un resultado palpable de auténtico beneficio colectivo, en todos los sentidos.
lauram
2009-05-06|16:39
df
Lorenzo: Antes que nada te felicito por la profundidad de tus artículos; personas como tú es lo que necesita México para salir adelante. Por cierto, estamos cerca de no poder costear tan precario status de nación fallida, porque a pesar de tener enormes cantidades de la moneda que le da sustento: la vapuleada calidad del mexicano, también es cierto que hasta esa misma condición se torna peligrosa para quienes la auspiciaron sabedores de que sólo así podían mantenerse en el poder; algo reclama en el pueblo al ver que sólo mueren pobres del virus A/H1N1 y que la mejor manera de combatir el virus, lavarse constantemente las manos, cuando de agua reciben lo mínimo para no morir de sed, está muy lejos de ellos. Y algo se mueve en las solitarias neuronas de la casi extinta clase media, la cual fracasó en impulsar el cambio tan necesario en México, cuando por algún destello de pasadas glorias se dan cuenta de su precaria situación económica y vulnerabilidad y por si fuera poco, después de tanta violencia con la que han tenido que aprender a convivir, que hoy son vistos con más temor del que ciudadano de país subdesarrollado en el mundo ha provocado por causa de la insalubridad que nos rodea la cual culpan, con justicia o no, del brote de la influenza porcina. Algo tendrá que moverse para que les diga que es imposible continuar llevando la existencia que hasta la fecha se lleva. saludos
pambolin
2009-05-06|12:43
DF
Me parece una perogrullada esta columna. Creo que habla de un equilibrio que todos los estados democráticos tienen. ¿Existe acaso alguna sociedad sin Estado? Serán unas cuantas excepciones. Todos sabemos que debe existir un Estado nacional, y en lo que difieren las personas es en la forma en que se organice y actúe el mismo. De ahí surgen las críticas de un bando u otro. No hay críticos del Estado, sino de cómo se comporta el mismo. Unos dicen que debe de hacer muchísimo y otros poco. En México, conocemos las consecuencias funestas que ha provocado y sigue provocando un Estado paternalista, y eso es lo que se critica. Yo apoyo un Estado fuerte que aplique la ley para la seguridad pública, sanitaria, regular a los voraces privados, etcétera. Pero también critico a ese Estado que adquiere fábricas de bicicletas o equipos de futbol.
advisor
2009-05-06|11:29
Naucalpan
El adelgazamiento del Estado hace algunos lustros provocó un enorme deterioro en el estrato más débil de la sociedad, fortaleciendo a la oligarquía y a capitalistas extranjeros. Lamentablemente a esto contribuyó la existencia de un Estado corrupto e ineficiente al que le faltó energía para imponer un sistema administrativo supervisor, crítico y severo. Excelente puntualización de la causa mayor por la que el país se encuentra agobiado.
JMK
2009-05-06|10:58
Berlín
En efecto, del neoliberalismo que se impuso con las premisas del consenso de Washington aumentó tanto la desigualdad social, como la debilidad de un Estado ya afectado en su capacidad institucional como consecuencia de la deuda externa. En la disciplina fiscal, también mal llamada austeridad presupuestal, está el origen de los rezagos de nuestro sistema educativo, incluido el sector ciencia y tecnología, así como también las carencias del sector salud y de seguridad e impartición de justicia. Sería de esperar que ahora que quedaron en evidencia los excesos del capitalismo de los compinches, esos que fueron posibles gracias al neoliberalismo, y que arruinaron la economía del mundo y de la mayoría de las familias, el FMI, el BM y nuestras autoridades hacendarias adopten una nueva política económica con sustentabilidad. El gasto en educación, salud y seguridad publica y jurídica es inversión con alta rentabilidad, directa e indirecta, también en el plano político. Un ejemplo: si México hubiese contado con laboratorios apropiados, se habría estado en posibilidad de identificar oportunamente el nuevo virus A/H1N,1 sin tener que enviar nuestras a laboratorios de los EUA. El Estado democrático debe fortalecerse perfeccionando su eficiencia e institucionalidad, es decir cumpliendo la Ley y erradicando la discrecionalidad, perniciosa para la seguridad jurídica que reclama. La pregunta es: ¿dónde están los visionarios capaces de diseñar esa nueva política que permita un progreso integral sustentable? Juan Muiño Kielman
tepontla
2009-05-06|10:42
San Pedro Cholula
Excelente reflexión. El interés público sobre el privado es en este momento el UNICO camino hacia la salida de la crisis. Si Calderón continúa tratando de convertirse en héroe nacional antes que en representante del interés nacional, lo único que va a lograr es ganarse el rechazo cada vez más generalizado hacia su persona. No creimos en él durante esta contingencia, sino en los científicos que avalaron la llamada a las acciones.
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  Acerca del autor

Licenciado en Derecho por la UNAM y doctor en Teoría Política por la Universidad de Turín Italia. Es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (en donde coordina el área de derecho electoral) y profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Experto en temas político-electorales, de formas de gobierno, de control constitucional y de derechos fundamentales. Autor de varias publicaciones de derecho electoral, derecho constitucional y teoría política. Analista y comentarista de temas jurídicos y políticos de El Universal y de varios medios electrónicos de comunicación.

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