Como siempre, hay diferentes formas de ver la realidad. Por naturaleza, los humanos buscamos razones para lo que ocurre en ella, causas de cada efecto, y si es necesario, las inventamos. Más aún, también nacemos crédulos, de forma que si alguien nos presenta una explicación, tendemos a comprarla. Conseguir información, entenderla y analizarla es mucho más complicado, sobre todo en temas especializados. Por eso los rumores, por eso las teorías conspirativas. Así suele suceder, y así ha pasado en los últimos meses, primero con la crisis económica, ahora con la sanitaria.Pero también puede verse lo que pasa de manera positiva. A lo mejor le suena extraño, pero déjeme narrarle cuánta suerte hemos tenido. Primero, no crea que eso de las epidemias es rarísimo y que se necesita mucha mala suerte para que le toque a uno. Por el contrario, los brotes epidémicos son bastante frecuentes. En la última década, van dos muy serios, antes del actual: la gripe aviar y el SARS, dos enfermedades diferentes, pero que, como las vimos desde muy lejos, las confundimos. Segundo, desde el caso del SARS, en 2003, el mundo entero vivía esperando el siguiente brote de enfermedades respiratorias muy contagiosas y con alta mortalidad. La gripe aviar (H5N1) alcanzó una tasa de mortalidad de 60%, pero no se contagiaba rápido. El SARS, muy contagioso, llegó a una tasa de 17%. No tenemos todavía claridad del virus actual, y por eso la emergencia, pero parece que no es tan contagioso como el segundo ni tan mortífero como el primero. Tercero, desde 2004 México se preparó para una eventual epidemia de este tipo, precisamente por las dos que hemos comentado. El secretario de Salud de entonces, Julio Frenk, adquirió los antivirales y estableció los protocolos que hoy estamos utilizando. La previsión de Frenk, y la evidente capacidad del secretario actual, José Ángel Córdoba, para liderar la emergencia, hay que sumarlas en la parte positiva. Cuarto punto interesante. El 20 de marzo pasado, la revista Science publicaba una carta de un grupo de epidemiólogos que alertaba acerca de que 98% de las cepas del virus A/H1N1 en Norteamérica eran resistentes al oseltamivir. Bueno, la mutación (o recombinación) que llevó al virus actual no es resistente a la medicina. Si eso no es buena suerte, no sé cómo llamarlo. En suma: la aparición del brote epidémico no es un evento muy improbable, al contrario; el virus nuevo resulta curable con la medicina existente, de la cual hay en relativa abundancia; las autoridades de salud tienen planes desarrollados, la medicina mencionada y capacidad de operación. Hasta el momento, además, el virus parece ser menos contagioso y menos mortífero que sus parientes cercanos causantes de las dos epidemias más recientes. Podemos pensar que es muy mala suerte la de México, pero me parece que, con la información que tenemos al momento, también podemos pensar lo contrario y agradecer nuestra buena suerte. Sin embargo, es claro que este brote, aun cuando pudiese controlarse pronto, tendrá costos importantes para nuestro país. Sobre todo en el turismo, pero también en otras actividades. Con razón o sin ella. No creo que se pueda hacer una estimación de cuál será el costo hasta no controlar la situación y confirmar (o no) la relativa buena suerte de la que hablaba arriba. Lo mismo ocurre en cuestión política, en donde afortunadamente los partidos han estado razonablemente en paz, sin tratar de aprovechar la situación. Claro, salvo el Partido Verde, que ahora llama a los hogares ofreciendo algo de información sobre la influenza, y una tarjeta para un viaje en ambulancia al año. Poco a poco aparecerá el uso político de la emergencia, criticando la falta o el exceso, la lentitud o la premura, pero así es ese mercado, y los votantes tendrán que decidir en quiénes confían. Para cuando estemos de regreso a algo parecido a la normalidad, hay un par de asuntos que habrá que discutir. Primero, valdrá la pena regresar también al tema de la legalidad en nuestro país. Ejercen medicina personas que no tienen los conocimientos, se pueden adquirir medicinas sin receta, existen establecimientos totalmente irregulares que se hacen llamar clínicas y sanatorios. No sé si ya podamos entender cómo la irregularidad nos cuesta a todos, y nos decidamos a aplicar la ley, a todos y todo el tiempo. El otro asunto será reforzar los planes económicos de recuperación. Por ejemplo, por una sola vez, hacer una transferencia directa de 5 mil pesos a todas las personas que están en orden en materia fiscal. Reitero, por una única vez, y con el único fin de reactivar la economía precisamente en las áreas que hoy están resultado más golpeadas, que son en las que los consumidores gastan más cuando tienen dinero: educación, esparcimiento, transporte, turismo. La suma debe rondar, exagerando, 75 mil millones de pesos, 2.5% del presupuesto federal, 0.9% del PIB. Además, esta transferencia ayuda más a quien menos gana. Hay que reconocer lo bueno que nos ha tocado, y empezar a resolver lo malo. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM |