¿Por qué usamos el tapabocas para evitar el contagio de la influenza porcina y no para la gripe común? ¿Cuántas veces has sido contagiado por una persona que llega escurriendo el moco, saludando de beso y de mano a todos?Propongo que, aprovechando la extraordinaria respuesta de la población mexicana y la conciencia creada por la epidemia, saquemos algún beneficio y nos “contagiemos” de una buena costumbre. A partir de hoy, si estamos enfermos de gripe, usemos un tapabocas para evitar contagiar a otros. Todos en México esperan ansiosos que pase la emergencia para regresar a una “vida normal”, después de la influenza porcina, rebautizada como “influenza humana”. Sin embargo, debemos estar muy claros de que nunca más lograremos vivir en esa normalidad perdida. ¿Cuál es la normalidad que queremos? ¿Los descabezados en todo el país? ¿La crisis financiera internacional? ¿El calentamiento global? ¿La violencia en las calles? ¿El dengue hemorrágico? ¿Esa es la normalidad que queremos? Pues hay que abrocharse los cinturones de seguridad porque, querámoslo o no, esa será nuestra normalidad. No escribo con tono apocalíptico. No es un secreto que estamos entrando en una “nueva era” llena de retos. Esto nos obliga a conocer las tendencias y las amenazas y a prepararnos para enfrentarlas mejor. Ante este panorama, la respuesta no es negar los hechos, esconder la cabeza o volverse cínicos, sino construir nuevas soluciones ante nuevos problemas. Una de esas soluciones surgió en Chiapas, cuando el gobernador Juan Sabines convocó hace unos días a ocho países centroamericanos y 10 estados del sureste de México para combatir de manera regional, en un esfuerzo conjunto, enfermedades de la zona, como el dengue y el paludismo. Lo que no logró la retórica en casi 200 años lo está logrando la necesidad. Esta iniciativa latinoamericana es algo que ni Simón Bolívar hubiera imaginado. Hasta ahora, cada país o estado ha actuado de manera independiente, sin resultados satisfactorios porque de nada sirve liberar una zona de estas enfermedades, si el territorio vecino las deja propagarse. Todo lo contrario sucede si el combate es conjunto, regional, multinacional y se “ahoga” a los vectores que transmiten la enfermedad. Lo que sucede en salud también es válido para el crimen organizado. Solamente actuando en conjunto, regional y multinacionalmente, podremos disminuir la violencia. Pero hay quien afirma que hacer esto es “pérdida de soberanía”, como si la soberanía fuera encerrarse en el territorio, sobando el pasado, viendo cómo los problemas se resuelven en el resto del mundo con alianzas, uniones y cooperación entre países, mientras que en México se agudizan por una visión retrógrada de algunos líderes políticos. ¿Y qué decir del calentamiento global? De nada sirve que un país haga un gran esfuerzo para reducir su “huella ecológica” y las emisiones de dióxido de carbono, si el resto de la comunidad internacional continúa “atizando el horno”. ¿Vamos a esperar una “pandemia climática” para tomar medidas? Seamos conscientes. El futuro ya nos alcanzó y tenemos que cambiar mucho para sufrir menos. Pero somos lentos para prevenir. Como seres humanos preferimos siempre reaccionar ante los problemas más que restringirnos para que no sucedan. ¿O no empezamos a hacer ejercicio hasta que el colesterol está elevado? El problema es que las crisis por venir serán masivas como las pandemias. Empecemos a cambiar hoy, como individuos y como sociedades, aunque sea con un pasito: no contagiar a nuestros semejantes, empleando siempre el tapabocas al sufrir síntomas de gripe y atender lo que decía Einstein: “La mejor manera de predecir el futuro es empezar por construirlo”. Seamos parte de una cadena de contagios de buenas actitudes y prácticas. emoctezuma@tvazteca.com.mx Presidente ejecutivo de Fundación Azteca |