Desde la década de los 90, cuando terminó la guerra fría y el mundo occidental dejó de pensar obsesivamente en la “amenaza comunista”, se empezó a hablar de las “nuevas amenazas” que enfrentarían los Estados-nación en el siglo XXI. Aunque en realidad estas amenazas no eran totalmente nuevas, la globalización in crescendo, acelerada por la caída del bloque soviético les daba a éstas una nueva dimensión. Así, se hablaba del terrorismo, de las migraciones masivas, de los conflictos étnicos y religiosos, y de las nuevas pandemias como el sida. Sin embargo, dado el crecimiento del terrorismo y de los conflictos étnico-nacionalistas durante esos años, el tema de las pandemias quedó como una amenaza potencial que, en principio, no parecía más grave que las otras.Finalmente, después de la alarma que causó el crecimiento del sida en los 80 y 90 y el manejo efectivo de virus altamente agresivos como el ébola, parecía que, a pesar de la globalización, los principales enemigos de la seguridad mundial eran algunos seres humanos y no organismos microscópicos como los virus o las bacterias. A principios de esta década la fiebre de las “vacas locas” y la gripe aviar generaron inquietud, pero finalmente todo sugería que la preocupación por los ataques de estos microorganismos parecía exagerada. En los últimos días nos hemos enterado que una mutación del virus de la influenza comienza a causar muertes en México y otros países, y una vez más la amenaza de una pandemia se ubica en el primer lugar de las preocupaciones de la comunidad internacional. Como es natural ante la aparición de un nuevo virus, no sabemos cómo va a afectar a la población mundial ni la capacidad de la comunidad internacional para responder a esta amenaza. En este clima de preocupación, no faltará quien culpe a la globalización o incluso al gobierno mexicano de este nuevo mal, aunque lo cierto es que en siglos pasados han existido también pandemias terribles en contextos de menor globalización. En todo caso, lo que hay que resaltar es que si bien las amenazas están globalizadas, la respuesta de la comunidad de Estados también lo está, al menos en el caso de las pandemias. Y en este sentido es alentador que la Organización Mundial de la Salud y los gobiernos y centros de investigación de otros países estén coordinados con el gobierno mexicano en la búsqueda de una solución global, pues lo cierto es que este nuevo virus no es sólo un problema de la ciudad de México o del país: es un problema mundial que se está enfrentando como tal. Estamos sin duda en una grave crisis sanitaria por la presencia del virus de la influenza porcina en la ciudad de México y en otras partes del país y del mundo. Eventualmente, la crisis se resolverá con la colaboración de la comunidad internacional. Mientras tanto, sólo queda extremar precauciones a nivel social e individual. Las pandemias han ocurrido en el pasado y seguirán ocurriendo en el futuro. Sólo queda cruzar los dedos para que la globalización en la que se desarrolla esta crisis encuentre pronto la solución. jorge.chabat@cide.edu Analista político e investigador del CIDE |